Datos que dibujan una realidad dura

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Ricardo Pascoe Pierce 20/06/2014 00:00
Datos que dibujan una realidad dura

El Instituto Nacional Electoral (INE) produjo, junto con el Colegio de México, una encuesta interesante denominada Informe País Sobre la Calidad de la Ciudadanía en México. La investigación contiene una base de datos muy amplia que amerita un estudio cuidadoso de sus implicaciones e interrelaciones. Por lo pronto nos serviremos de algunos datos para reflexionar sobre acontecimientos que merecen la atención de todos los mexicanos.

En primer lugar, los organismos más desacreditados ante la población son la policía y los partidos políticos. En segundo lugar, las dos terceras partes de los mexicanos se consideran ciudadanos sin vínculos “con terceros”; esto es, no tiene afiliaciones de ninguna índole más allá del núcleo familiar. En tercer lugar, los mexicanos, en una mayoría abrumadora, no se sienten protegidos por el Estado, sino más bien se sienten amenazados por él, especialmente en lo que se refiere a la administración de la justicia.

En realidad, los datos no nos reportan nada nuevo. Otras encuestas, de organismos públicos y privados nos han reportado información y enfoques parecidos.  Pero vale la pena pensar, a partir de los recientes acontecimientos en Michoacán, especialmente en lo referente a la renuncia del gobernador Vallejo, lo que nos dicen acerca de nosotros mismos.

Los partidos y la policía, supuestos garantes de la legalidad y honestidad, defensores del Estado de derecho, no lo son para la gran mayoría de ciudadanos del país. Esto pone en jaque la legitimidad del Estado.

A pesar de lo anterior, los ciudadanos han optado por mantenerse ajenos a opciones de auto organización al margen del Estado, partidos y cualquier otro asomo de oficialismo. Es decir, existe una cierta pasividad de la población, lo cual le amplia al Estado sus espacios de acción sin rendirle cuentas a la sociedad.

Incluso, existe la percepción de ser víctimas de la arbitrariedad de acciones estatales justamente porque los partidos no los defienden, y la gente tampoco se organiza en defensa propia.  La administración de la justicia es el punto de mayor encuentro entre ciudadanos y Estado, y es el punto de quiebre en la confianza entre ambos.

La renuncia del gobernador Vallejo en Michoacán habla del problema en toda su dimensión. Pensar que lo que se repite constantemente en los medios, y en el discurso oficial, de que renunció por razones de salud, es aberrante desde todos los puntos de vista. Está en el centro de la percepción pública de que estamos ante un caso en que la corrupción y complicidad con el narcotráfico llegó a la oficina del gobernador. Es decir, la vinculación entre droga y política no podría ser más clara. Sin embargo, el empeño por el oficialismo, desde el Presidente de la República para abajo, por crear la falsa impresión sobre las razones del quebranto de la salud del gobernador, gesta a impresión de un encubrimiento desde las más altas esferas del poder público.

Entonces, ¿cómo se le puede pedir a los ciudadanos que crean en los partidos, cuando éstos encubre el crimen? ¿Y qué pensar de los órganos jurisdiccionales que no hacen su trabajo sin seguir estrictamente alguna consigna política? Finalmente, ¿por qué organizarse al margen del Estado si va a hacer todo lo que quiere sin consideración alguna por la legalidad, las formas y la ética?  La encuesta del INE y del Colegio de México nos pinta un cuadro duro, un relato de un país escéptico y sin legitimidad en sus estructuras políticas.

Michoacán confirma lo peor. La estructura política nacional está penetrada por su némesis: el crimen organizado. Y el Estado no puede hacer nada para remediar la situación sin tomar medidas drásticas contra sí mismo. Acciones que, lo vemos, no quiere tomar, en aras de asegurar su propia reproducción.

                ricardopascoe@hotmail.com

                Twitter: @rpascoep

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