Marcos, Oliver y yo

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Ricardo Pascoe Pierce 30/05/2014 03:57
Marcos, Oliver y yo

Corría el inicio de 1996, y me contactó una Organización de la Sociedad Civil (OSC, antes ONG) estadunidense para pedir mi intervención a fin de poder organizar un viaje a La Realidad, Chiapas, para que un cineasta de su país pudiera conocer a Marcos. Estaba, me comentaban, pensando hacer una película sobre la vida del subcomandante Marcos. ¿Quién?, pregunté. Oliver Stone. Él había dirigido Pelotón (una película estremecedora sobre la guerra en Viet Nam, al igual que Apocalypse Now) y otra sobre el asesinato de Kennedy, entre otras. Es decir, películas críticas de la realidad estadunidense. Películas con un filo eminentemente político.

Se hicieron las gestiones necesarias para organizar el tour chiapaneco. Stone vendría, se me informó, con un grupo de alrededor de diez personas, todos del equipo técnico y de la OSC estadunidense que me había contactado. Había que establecer una base en San Cristóbal de las Casas, incluyendo reservaciones en hoteles, además de vehículos “todo terreno” listos para viajar a La Realidad y pernoctar ahí dos o tres noches, para luego volver a San Cristóbal. Nada fuera de este mundo, logísticamente hablando. La única exigencia que recibí era que debíamos arribar a La Realidad en una fecha específica.

Recibí a Stone en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, a su equipo técnico y a los integrantes de la OSC de Los Ángeles. Acompañado por mi hijo Andrés, tomamos de inmediato un vuelo a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, donde encontramos los vehículos para el traslado a San Cristóbal. Stone era frío y reservado, acompañado siempre de cerca por su médico de cabecera, y rodeado por sus técnicos. No incitaba a la plática. Era posible interpretar su conducta como la de alguien que quería ocultar algo.

En San Cristóbal nos instalamos en varios hoteles, preparando la salida para día siguiente, hacia La Realidad, que sería un viaje de varias horas por caminos de terracería en pésimas condiciones de mantenimiento. Más bien, el camino era una barrera natural contra intrusos no deseados que los zapatistas mantenían en esas condiciones deliberadamente.  Es decir, una estrategia militar.

Al día siguiente salimos de San Cristóbal bastante tarde. Había previsto una partida temprana, pero nuestros cineastas habían tenido una noche difícil: entre tequila y cocaína, nadie estaba de pie antes de las 12 del día. Viendo ese espectáculo, pensé que era milagroso que hubieran producido tantas películas. Por lo tanto, llegamos a La Realidad cuando caía la noche. Nos recibieron milicianos zapatistas, sin tener noticias sobre el paradero del subcomandante Marcos. Alistamos el campamento para dormir, cuando de repente apareció Marcos, montando un caballo brioso y bien alimentado, con la crin bien cuidada.

Stone le informó a Marcos que justamente a esa hora estaban entregando el Oscar en Hollywood, pero que él prefirió estar en La Realidad y no en la farsa hollywoodense. El sub le contestó que estaba mejor ahí, rodeado de millones de estrellas: en efecto, era una noche brillante y el cielo lleno de estrellas. Entendí en ese momento la insistencia de Stone por llegar ese día a La Realidad: estaban entregando el Oscar, y él no estaba incluido entre los galardonados. Uno de sus asistentes me confirmó que estaba decepcionado por ese hecho. Una película suya fue un fracaso.

Al día siguiente nos reunimos Stone, su médico y yo con Marcos en un lugar apartado del campamento que estaba amueblado con bancas largas para reuniones de muchas personas. Se hablaron de muchas cosas, pero Stone le traía una propuesta a Marcos: “Eres, le dijo, un rock star y quiero organizarte un road tour por Estados Unidos, empezando en Nueva York y terminando en Los Ángeles”. Los ojos de Marcos brillaron. “Puede ser, le respondió a Stone. Además, tengo un asunto pendiente en Nueva York. De niño trabajé en la Calle 42 repartiendo volantes para un chino dueño de un sex shop y me debe dinero. Se lo quiero cobrar”. Bueno, qué les puedo decir: Stone quedó encantado con el relato y, ahora, a él se le brillaron los ojos. Volteó hacia su médico: “We’ve got a movie” le dijo, eufórico.

De regreso a San Cristóbal le explique a Stone que lo del sex shop era una mentira de Marcos. A unos trosquistas peruanos les había platicado que, de niño, había sido guía de turistas en Machu Picchu…Ellos, también, quedaron fascinados.

Volví a ver a Stone en La Habana en 2002, sentado en la terraza del hotel Nacional, esperando una entrevista con Fidel. Lo vi igual: taciturno, como ausente, solo.  Al año siguiente produjo el documentalComandante, que es una entrevista a modo con Fidel.

Ésta viñeta retrata, en algo, al subcomandante Marcos, quien se ha despedido de nosotros hace algunos días.

        ricardopascoe@hotmailcom

            Twitter: @rpascoep

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