25 años: celebrando la desunión

La victoria más importante que ha tenido la izquierda fue ganar la Ciudad de México.

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Ricardo Pascoe Pierce 09/05/2014 00:02
25 años: celebrando la desunión

Hace 25 años se fundó el PRD, en un evento constitutivo en la Ciudad de México. A menos de un año de las conflictivas elecciones presidenciales de 1988, se tomó la decisión de adoptar el registro legal del  Partido Comunista Mexicano, reconvertido primero en PSUM y luego PMS, y transformarlo en una nueva organización partidista, incluso con la intención inicial de nombrarlo como lo hiciera Lázaro Cárdenas con su partido décadas antes: Partido de la Revolución Mexicana. Imperó la sensatez con una dosis de realismo, y se optó por el nombre que ahora se conoce: Partido de la Revolución Democrática.  Lo novedoso es que logró lo que parecía imposible: unificó múltiples fragmentos políticos tanto del nacionalismo revolucionario, proveniente en gran medida, aunque no exclusivamente, de la escisión del PRI conocida como la Corriente Democrática, y de la izquierda nacionalista, socialista y revolucionaria. Obviamente la nueva organización no era una réplica del viejo partido gobernante de la era cardenista, por lo que el nombre que usó, en su momento, Lázaro no era el apropiado. La diferencia entre la época de Lázaro y 1988 era que la nueva organización no nació dentro del Estado, sino fuera de él. Su agenda era otra: la de democratizar al sistema político mexicano. En toda la historia de los partidos políticos en México, sólo dos han nacido fuera de los pasillos del poder: primero el PAN y luego el PRD. Ese es su signo distintivo.

Aparte de la característica de haber nacido fuera del Estado, el PRD contaba con otra que lo hacía cualitativamente superior a otras experiencias partidistas de izquierda: logró unificar, por primera vez en la historia, a las diversas fuerzas izquierdistas de México. Por tanto, se convirtió, de hecho, en un serio interlocutor en el plano político, además de ser un competidor real por el poder.  Sin embargo, soplaban los tiempos aciagos de Salinas de Gortari. La represión fue el sello distintivo de ese gobierno, ante el ascenso del movimiento izquierdista. Murieron cientos de miembros del naciente partido por el acoso y represión de las fuerzas federales. Incluso, esa actitud represiva se respiraba en actos institucionales, como el hecho de que la propuesta original de diseño del logotipo del PRD, el del sol azteca, tenía, como colores, el verde, rojo y blanco. El órgano electoral, integrado por funcionarios de Gobernación, le negó el registro de ese logotipo, alegando que ya eran los colores de otro partido —el PRI—. Así nació el sol azteca con los colores amarillo y negro: producto de la correlación de fuerzas de la época.

La incorporación de la izquierda unida al sistema político le permitió acceder, primero, a diputaciones federal y senadurías, luego a diputaciones locales y presidencias municipales, para terminar ganando varias gubernaturas, a veces por sí solo, y otras veces en coalición con otros partidos, principalmente con el PAN. Las coincidencias con el PAN no partían de consideraciones ideológicas, sino las originarias: el haber nacido, ambos, fuera del Estado.

La victoria más importante que ha tenido la izquierda fue ganar la Ciudad de México. Gobierna la capital desde 1997. Progresivamente la ciudad se ha convertido en el gran eje alrededor del cual se articulan y se organizan las distintas corrientes en la izquierda.

A 25 años de haberse fundado como factor de unión, hoy el PRD y Morena expresan la división entre fuerzas izquierdistas. No ha sabido mantenerse unido. Y, ahora, ante las elecciones de 2015, el proceso que se avecina será un plebiscito dentro de la izquierda para saber cuál de los dos partidos puede gobernar a la ciudad, y cuál representa el interés mayoritario de la izquierda en el país.

La pelea por gobernar el DF es lo que terminó dividiendo a la izquierda entre PRD y Morena, no el debate entre “jihadistas del Peje” y reformistas. Después de los alegatos y las acusaciones mutuas, la izquierda encubre su pelea por definir quién manejará, entre otras cosas, el presupuesto de la Ciudad de México (el más grande en el país, después del federal) en los próximos años, pues suponen que seguirán gobernando durante los próximos milenios. Y al privilegiar la lucha por repartirse el presupuesto que ponemos los mexicanos con nuestros impuestos, la izquierda logra construir las condiciones para su propia autodestrucción: dividirse, entre odios, rencores y secretos inconfesables.

Al arribar a sus 25 años de haberse fundado el PRD, lo que existe en México es una izquierda dividida de manera irreconciliable. Un remedo de lo que fue y, aparentemente, azotada por, como diría su figura emblemática, vientos de fractura.

                ricardopascoe@hotmailcom

                Twitter: @rpascoep

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