La obstinada vocación del cuentista

En estos tiempos, los géneros literarios y los periodísticos se han mezclado.

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René Avilés Fabila 26/01/2014 00:24
La obstinada vocación del cuentista

Se dice, y con razón, que el cuento es el género más difícil. Algunos críticos han señalado que William Faulkner, por ejemplo, se consideraba a sí mismo un cuentista frustrado o un autor que sabía valorar en su amplia dimensión al relato breve, y algo parecido se cuenta en relación con el novelista Ernest Hemingway, tan necesitado de grandes espacios para contar sus historias. No deja de ser interesante que ambos hayan logrado la perfección con relatos cortos. El segundo con El viejo y el mar, el primero con Miss Zilphia Gant.

Quizá sea necesario ir por partes. Un buen cuento puede ser alcanzado con relativa facilidad, sólo es necesario pulirlo una y otra vez hasta obtener algo notable. Lo realmente complejo es integrar un volumen de cuentos de sostenida calidad. El gran libro de historias breves tiene que estar conformado por siete, nueve o 12 muy buenas historias, enmarcadas cada una por una excelente estructura y una atmósfera intensa. De tal forma, Borges escribió Historia universal de la infamia; Torri, De fusilamientos; Arreola, Confabulario; Rulfo, El llano en llamas; y Cortázar, Bestiario. He aquí lo complejo: crear un libro de cuentos. Mientras que en la novela, el género rey para muchos, se tiene un puñado de personajes y una historia, acaso dos o tres, en el tomo de cuentos hay diez o 13 historias y una estructura para cada una de ellas. Es necesario conservar elementos que unan las historias, aires y ambientaciones, temas y tratamientos. De otro modo, no estamos en presencia de un gran cuentista. Es un escritor que se ha limitado a poner cuentos de diferentes subgéneros: uno policiaco, otro de ciencia-ficción y uno más de amor. En cambio, el que ha sabido trabajar con rigor y vocación logra que haya unidad entre sus relatos. Tal es el gran escritor, el cuentista verdadero.

¿Cuentos o textos?

En los tiempos actuales, los géneros literarios y los periodísticos se han mezclado entre sí mismos y entre ambos con una especial intención: buscar la novedad, la originalidad y una mayor riqueza. En periodismo, la crónica y el reportaje se han enriquecido con la presencia de la prosa narrativa, en ocasiones, con la poética. De esta fusión, toma o mantiene la belleza, pero no así la ficción, la que caracteriza a la novela, al cuento y a la poesía. Los trabajos literarios buscan mayor eficacia expresiva. Por ello, el cuento tradicional se ha resquebrajado al aceptar en su interior desarrollos ensayísticos, párrafos de prosa poética, supresión de diálogos o el monólogo interior como salida al relato habituado a contar en tercera persona o en un yo muy visible. A veces, hay que aceptarlo, el cuento carece de imágenes y metáforas, algo que en siglos pasados se utilizó con frecuencia, entonces de pronto uno siente la presencia del artículo periodístico, de un anuncio redactado para atraer compradores y clientes o de una historia que alguien urdió para terminar sus días en las páginas de un diario o revista.

O se trata de una simple y llana descripción, con frecuencia zoológica. O de una biografía inventada, como en el caso de Marcel Schwob, cuya benéfica influencia es visible en Borges. ¿Cómo llamar a este tipo de trabajos? Juan José Arreola solía calificarlo como textos o les decía varia invención. El caso es que ahora es difícil clasificar una historia. Ya no es la extensión lo que permite la precisión: de tantas páginas en adelante es novela, decían los “especialistas”. Pero y ¿dónde quedaba el relato que superaba las 50 páginas destinadas para ser novela o la historia de una línea, dónde? Lo importante de la literatura es escribir bien, la categorización vendrá después, es parte del trabajo de los críticos.

   En mis muchas historias cortas, no me he propuesto sino contar todo aquello que se me ocurrió, a veces como un ejercicio de literatura automática, otras como un acabado producto de conciencia literaria y reflexión, siempre bajo el influjo de libros, obras plásticas o música. Ignoro si llamarlos cuentos, croniquillas o de plano entrar en la terminología de reciente cuño como brevicuentos, minificciones o microrrelatos; los míos son textos, frases, bromas, ensayos, historias apócrifas, variaciones sobre temas universales, cuentos embozados, varia invención, y como tal, espero su lectura sin buscarles definición alguna, a no ser la de literatura, como lo hizo el inconmesurable
Julio Torri.

 

www.reneavilesfabila.com.mx

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