Madruguete en diputados, aprovechando el sismo

No me puedo imaginar actitud más detestable de una diputada, como es el caso que voy a comentar, aprovechando nuestra enorme distracción por el dolor que nos causan las víctimas del sismo, para pasar una iniciativa mala, cargada de ideología católica, y que tiene ...

No me puedo imaginar actitud más detestable de una diputada, como es el caso que voy a comentar, aprovechando nuestra enorme distracción por el dolor que nos causan las víctimas del sismo, para pasar una iniciativa mala, cargada de ideología católica, y que tiene como nefasta finalidad limitar los derechos sexuales y reproductivos de las personas.

La diputada Norma Edith Martínez Guzmán del grupo parlamentario del Partido Encuentro Social, está aprovechando estos días para impulsar un cambio en la Ley General de Salud que pretende introducir el concepto de objeción de conciencia en todo el personal que labora en las instituciones de salud, y lo más sorprendente es que hace extensivo el concepto a personajes que no tienen a su cargo la atención médica directamente, como pasantes, técnicos de laboratorio, auxiliares, vaya, creo que hasta el policía de la entrada tendría derecho a negarle la atención a una persona si no está de acuerdo con la atención que va a recibir.

El camillero está también contemplado entre los posibles objetores, y no desprecio su trabajo que en muchos sentidos admiro, sino que me parece que no son los involucrados con las decisiones tomadas por el o la paciente en cuanto a su fertilidad, por ejemplo.

La modificación propuesta por la legisladora le otorga la prerrogativa a cualquiera de los personajes mencionados (insisto, imaginemos al poli de la entrada) “...para excusarse de participar en todos aquellos programas, actividades, prácticas, tratamientos, métodos o investigaciones que contravengan su libertad de conciencia, con base en sus valores o principios éticos (sic)”, de tal forma que el técnico de laboratorio va a decir: “jefe, no voy a procesar las muestras de laboratorio de esa señora, porque su intención de interrumpir el embarazo contraviene mis principios éticos”.

Yo no sé si la legisladora pretende, con semejante adefesio legislativo, propiciar la aparición de aviadores objetores de conciencia, o de veras profesa un catolicismo tan radical que piensa de esa manera, pero de cualquier manera estoy seguro de que yo no estoy de acuerdo en seguir pagando su salario para que escriba semejantes idioteces.

Por supuesto, soy un defensor de la libertad de culto y de la objeción de conciencia en materia de salud, pero dicha objeción debe tener límites en tanto no afecte los derechos de nadie, y no debe ser extensiva a quien no está directamente involucrado con la atención médica y prescriba o realice las intervenciones respecto de las cuales se puede objetar. Los técnicos, pasantes, camilleros, auxiliares, administrativos, o personal de vigilancia no se pueden declarar objetores de conciencia por el simple hecho de que ellos no están, ni deben estar, involucrados con los tratamientos médicos. Señora legisladora, es más que evidente. La aparición de médicos objetores de conciencia en las instituciones sanitarias entonces se debe aceptar, pero con varias reglas para prevenir el atropello del paciente; por ejemplo, que toda institución de atención médica se debe asegurar de contar con personal médico no objetor, a quienes se debe referir al solicitante del servicio, y los objetores deben ofrecer una compensación del trabajo que dejarán de hacer en alguna otra área de la atención médica, por citar un ejemplo, pero hay muchas reglas que se deben especificar. Las actitudes como la de esta diputada son las que han conducido al hartazgo social —del que yo también soy partícipe— respecto de todos los políticos y sus lamentables partidos. Sepa señora diputada, que NO le pagamos para eso.

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