La declinación

La pregunta surgió durante la participación del presidente consejero del INE, Lorenzo Córdova, en la reunión plenaria de consejeros de Citibanamex, el viernes pasado. Qué pasaría, lo cuestionaron, si alguno de los candidatos presidenciales renunciara a su postulación ...

La pregunta surgió durante la participación del presidente consejero del INE, Lorenzo Córdova, en la reunión plenaria de consejeros de Citibanamex, el viernes pasado.

Qué pasaría, lo cuestionaron, si alguno de los candidatos presidenciales renunciara a su postulación para apoyar a otro.

Córdova respondió que, de acuerdo con la ley, si la declinación ocurría 30 días antes de la elección, el partido o coalición afectado tendría derecho de sustituir al candidato renunciante.

El presidente consejero hacía referencia al artículo 241, inciso b, de la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales.

Dicho inciso dice que, caducado el plazo que se otorga a los partidos para cambiar libremente de candidato (y que venció la semana pasada), éstos sólo podrán sustituirlos “por causas de fallecimiento, inhabilitación, incapacidad o renuncia”.

En caso de renuncia, agrega, los partidos “no podrán sustituirlos cuando la renuncia se presente dentro de los 30 días anteriores al de la elección”.

La fecha límite a la que se refiere la ley sería, en el caso del actual proceso, el 1 de junio, es decir, dentro de exactamente un mes. Pasado ese plazo, el partido o coalición al que le renunciara el candidato se quedaría sin posibilidad de hacer una sustitución.

Hay otro dato a considerar. El próximo domingo arranca de forma protocolaria el proceso de impresión de las boletas que se usarán en los comicios federales del próximo 1 de junio. Las boletas tienen que estar listas 15 días antes.

Usualmente se imprimen primero las boletas de la elección presidencial, pues es mucho más común que se den sustituciones de última hora en la elección de legisladores.

De hecho, en las elecciones presidenciales recientes sólo ha habido dos casos de renuncia por parte de candidatos a la Presidencia de la República: la de Heberto Castillo, en 1988, y la de Porfirio Muñoz Ledo, en 2000.

El primero de ellos era candidato presidencial del Partido Mexicano Socialista (PMS) cuando declinó por Cuauhtémoc Cárdenas, el 5 de junio de 1988, apenas un mes antes de los comicios.

La declinación del veracruzano dio un enorme impulso a la candidatura de Cárdenas en las semanas finales de la contienda. En ese entonces existían las candidaturas comunes, por lo que fue fácil para el PMS reemplazar a Heberto por Cárdenas en el registro de candidatos.

Fue imposible cambiar las boletas electorales porque éstas ya estaban impresas. Así que el nombre de Heberto Castillo apareció en la papeleta, junto al logo del PMS, aunque los votos que recibió fueron computados para Cárdenas.

El otro caso, el de Porfirio Muñoz Ledo, fue distinto. El veterano político esperó que venciera el plazo que permitía al partido que lo había postulado –el PARM– cambiar de candidato y renunció, diciendo que apoyaba al panista Vicente Fox.

Impedido de sustituirlo, el PARM debió quedarse con él como candidato y perdió el registro, pues apenas obtuvo 0.42% de los votos. 

Como consecuencia de la decisión, Muñoz Ledo se incorporó al gobierno de Fox y fue enviado a Bruselas como embajador ante la Unión Europea.

A raíz del primer debate entre los candidatos presidenciales, se ha hablado de la posibilidad de que quienes ocupan el sitio dos y tres en las preferencias electorales –a juzgar por las encuestas– contemplen la posibilidad de que alguno renuncie y apoye al otro para juntar fuerzas a fin de derrotar al puntero de los sondeos, Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, dicha posibilidad no cuenta con el apoyo público por parte de esos dos candidatos, Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

Ellos y los partidos que los postulan han dicho enfáticamente que no estarían dispuestos a dar tal paso. En una entrevista radiofónica que le hice la semana pasada, luego del debate, Anaya dijo que no estaba a favor de “acuerdos cupulares de ese tipo”. Por su parte, Meade señaló el viernes pasado que él estaba “para ganar, no para declinar”.

Eso, además de que, suponiendo que alguno declinara, la sustitución formal de uno por el otro no procedería, pues ambos están postulados por una coalición, no son candidatos comunes de los partidos como sí lo era Cárdenas en 1988.

Como me dijo un consejero electoral que pidió no ser citado, dicha medida sería, en todo caso, “una declinación política sin efectos legales, un simple llamado a ejercer el voto útil”.

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