Atender las alarmas
La historia nos enseña que cuando una región, un país o una empresa experimentan un crecimiento espectacular, hay que detenerse un momento a analizar qué está pasando. En la reciente película The Big Short La gran apuesta basada en el libro homónimo escrito por ...
La historia nos enseña que cuando una región, un país o una empresa experimentan un crecimiento espectacular, hay que detenerse un momento a analizar qué está pasando.
En la reciente película The Big Short (La gran apuesta) —basada en el libro homónimo escrito por Michael Lewis—, un excéntrico administrador de fondos de riesgo descubre que el sector hipotecario estadunidense tiene una gran inestabilidad y decide apostar por su colapso.
Michael Burry, el personaje interpretado por Christian Bale, visita varios bancos y adquiere las permutas de incumplimiento crediticio que le venden gustosamente, como si estuviese comprando un seguro contra el colapso del cielo.
Escandalizados por la operación —que consideran una locura, porque supuestamente no había nada más estable en la economía estadunidense que el sector hipotecario—, los clientes de Burry tratan de retirar el dinero invertido. Al final, él prueba tener razón, obteniendo un margen de 489 por ciento.
Las burbujas financieras nos llevan a pensar que serán eternas y nada las reventará.
Aplicamos calificativos como “milagro” a las expansiones económicas inesperadas, como si esa palabra encerrara un secreto que lleva a la abundancia inagotable.
Pero casi todo lo que sube tiende a bajar. Y lo que sube rápido, baja al mismo ritmo.
El mundo ha conocido muchos “milagros” económicos. Los colapsos subsecuentes suelen olvidarse cuando surge la siguiente expansión.
El “milagro” más reciente fue el que produjo la economía China. Comenzó en 1978 con las Găigé kāifàng, reformas económicas emprendidas bajo el liderazgo de Deng Xiaoping.
Entre ese año y 2013, China experimentó un crecimiento sin precedentes, a un ritmo de entre 9.5% y 11.5% anual. Desde el comienzo de las reformas, el tamaño de la economía china se multiplicó por diez.
Esa expansión llevó a muchos a la admiración. Incluso se llegó a poner en duda la eficiencia de la democracia occidental, pues el modelo chino de capitalismo de Estado con mando político centralizado parecía obtener mejores resultados en creación de riqueza y redistribución del ingreso. Por si fuera poco, jalaba la economía mundial.
Sin embargo, hace una década ya había quien ponía en duda las predicciones de que China podía sostener ese ritmo de crecimiento.
Uno de ellos es Michael Pettis, un antiguo corredor de Bolsa de Wall Street reconvertido en profesor de finanzas de la Escuela de Negocios Guanghua de la Universidad de Pekín.
Durante años, Pettis lanzó advertencias sobre los desequilibrios en la economía china e incluso predijo el desplome de los precios de las materias primas que el mundo experimenta desde mediados de 2014.
De acuerdo con la tesis de Pettis, la desaceleración de la economía china era evidente desde 2006, pues el país seguía el mismo modelo de expansión de otros casos “milagrosos”.
Igual que Brasil, que entre 1968 y 1980 pasó de ser un país rural a uno mayoritariamente urbano, China apostó por fomentar artificialmente la inversión, mediante un alto nivel de endeudamiento.
El consecuente incremento del ahorro abrió la puerta a las aventuras especulativas, como se ha visto en China en la industria de la construcción.
Entre 2011 y 2013, el gigante asiático usó seis mil 600 millones de toneladas de cemento, suficientes para pavimentar el estado de Querétaro y más de lo que Estados Unidos empleó en todo el siglo XX.
El resultado: decenas de millones de espacios habitacionales desocupados, uno de cada cinco en el país; y lo mismo sucede con espacios comerciales y de oficina. Un gasto de dos billones de dólares para alimentar una burbuja que ya estalló.
Pettis resume así la moraleja: “Durante los periodos milagrosos, al principio los ritmos de crecimiento son muy altos y todo el mundo se sorprende. Luego, durante los periodos de ajuste, todo se detiene muy rápido y todo el mundo se vuelve a sorprender. Siempre ha sido así. Nos sorprendemos en la subida e igual en la bajada”.
No se trata de escuchar a los agoreros del desastre, que siempre están ahí, sino de buscar las opiniones informadas que tengan una dosis de escepticismo. Si algo sube muy rápido, espere la caída.
