Trudeau y la mota
En los dos últimos años de la década que duró como primer ministro de Canadá 19932003, Jean Chrétien decidió que parte de su legado debía ser impulsar el debate para legalizar el uso recreativo de la mariguana. Imagine la reacción que provocó esto en Estados ...
En los dos últimos años de la década que duró como primer ministro de Canadá (1993-2003), Jean Chrétien decidió que parte de su legado debía ser impulsar el debate para legalizar el uso recreativo de la mariguana.
Imagine la reacción que provocó esto en Estados Unidos, donde, hace una década, la mayoría de la clase política aún pensaba que tal idea era una locura. Faltaba mucho tiempo para que surgiera la ola de reformas legales que ha ido despenalizando el consumo de la droga en diferentes estados del país.
De hecho, cuando el entonces procurador estadunidense John Ashcroft endureció las acciones contra los promotores del uso medicinal de la mariguana –a principios del gobierno de George W. Bush–, muchos estadunidenses se refugiaron en Canadá para evitar ser detenidos.
En julio de 2001, el ministerio de Salud canadiense fijó condiciones para que determinados pacientes pudieran tener acceso a mariguana a fin de aliviar sus síntomas. En Columbia Británica, la provincia que produce la mayor cantidad de cannabis, se permitió a los médicos recetar la droga.
Pero lo que realmente enfureció al gobierno estadunidense fue que Chrétien, quien ya había anunciado su retiro de la política, envió una iniciativa de ley al Parlamento que hubiera despenalizado la posesión de hasta 15 gramos de mariguana y la producción de hasta siete plantas de la hierba, cambiando la pena de cárcel por una multa.
En una entrevista, el primer ministro, quien entonces tenía casi 70 años de edad, dijo que lamentaba haber descubierto la mariguana muy tarde en su vida, pero adelantó que si la ley se aprobaba en el Parlamento, seguramente un día lo encontrarían con un toque en una mano y dinero en la otra, listo para pagar su multa.
Sin embargo, todo eso fue frenado por una década de gobierno conservador. El primer ministro Stephen Harper no tenía ninguna intención de modificar las leyes en la materia.
Cuando le preguntaban si alguna vez había fumado mariguana, respondía lacónico: “Ustedes saben que tengo asma, nunca he fumado nada”.
–Pero ¿se le antoja? –insistió un periodista del diario National Post–.
–Mis tentaciones las discutiré con el Creador.
El tema de la despenalización de la mariguana ha vuelto a la escena pública en Canadá con el triunfo electoral el lunes del Partido Liberal, el mismo al que pertenece Chrétien.
Justin Trudeau, hijo de Pierre Elliot Trudeau —uno de los políticos más emblemáticos de la historia de ese país—, fue elegido primer ministro, y entre sus promesas de campaña estuvo la despenalización de la mariguana.
Lo anunció el 30 de septiembre, a pregunta de un reportero, luego de un mitin en Surrey, Columbia Británica, una provincia que podría beneficiarse económicamente de una reforma en ese sentido. Trudeau agregó que la política de cero tolerancia a la mariguana impulsada por Harper sólo había servido para “financiar a organizaciones criminales, pandillas y traficantes de armas”.
El triunfo de los liberales en las elecciones generales tuvo un efecto económico inmediato: las acciones de las empresas que producen mariguana para la industria farmacéutica se dispararon. Las de Canopy Growth Corp., el principal productor legal de la hierba en el país, subieron 21% cuando abrieron los mercados el martes.
Bruce Linton, presidente de la compañía, declaró a los medios: “Lo que se nota, después de esta elección, es el reconocimiento de que hay una oportunidad de cobrar impuestos sobre algo que de todos modos se está vendiendo”.
A reserva de que la mayoría gobernante en Canadá logre, ahora sí, despenalizar el consumo de la mariguana para fines recreativos, seguramente habrá efectos para toda la región de América del Norte.
Y eso incluye a México, cuya producción ilegal de la hierba ya se ha visto afectada por la despenalización en partes de Estados Unidos.
A raíz de eso, en México ha surgido una lucrativa producción de amapola, para alimentar el renovado apetito de los estadunidenses por la heroína, y porque la demanda por la mariguana producida en México ha decaído frente a un producto que, por ser legal allá, puede alcanzar mejor calidad.
¿Se pondrá México al día en esta discusión?
