Agresiones a policías: ¿Quién gana con eso?
En enero pasado, el policía de tránsito Jorge Iván Trigueros Hernández fue detenido y procesado tras haber mutilado la oreja a un conductor al azotar con fuerza la puerta de su vehículo. Con razón, la conducta del oficial fue denunciada en las redes sociales, donde ...
En enero pasado, el policía de tránsito Jorge Iván Trigueros Hernández fue detenido y procesado tras haber mutilado la oreja a un conductor al azotar con fuerza la puerta de su vehículo.
Con razón, la conducta del oficial fue denunciada en las redes sociales, donde circuló un video grabado por el propio automovilista.
Se sancionó al policía pese a que es probable que no tuviese intención de causar una lesión así.
En todo caso, no seré yo quien avale una agresión de la policía a un ciudadano, cuando existen protocolos para infraccionar a automovilistas que violan el reglamento de tránsito e incluso para lidiar con quienes protestan airadamente por ello.
El problema es que, a diferencia del pasado, comenzamos a ver muchas agresiones en sentido opuesto, es decir, de ciudadanos a policías.
El sábado pasado, en la estación Pino Suárez del Metro capitalino, un agente de la Policía Bancaria intentó reprender a un individuo que realizaba una acción ilegal en esa red de transporte (algunas notas periodísticas hablan de que estaba dañando una puerta del tren y otras, que había accionado sin razón alguna la palanca de emergencia).
El policía Evaristo Hernández Espinosa pidió al hombre, de unos 20 años de edad, que abandonara las instalaciones del Metro. Segundos después, fue agredido por el malandrín, que incluso lo mordió en una oreja con tal fuerza que le arrancó parte de ella.
Pese a que la nota fue publicada por los principales diarios de esta ciudad, no mereció un escándalo similar en las redes como el caso anterior.
Habrá a quien eso le parezca normal. Por favor, no me cuente usted entre ellos. Depende cómo se argumente, pero incluso podría ser más grave el segundo caso que el primero.
Como digo arriba, las agresiones contra policías se están volviendo cada vez más frecuentes en esta ciudad. Esa misma noche, en Tláhuac, dos individuos que iban en un vehículo conducido por alguien en aparente estado de ebriedad golpearon a una pareja de policías que los acababa de detener.
No propongo volver a la época en que la ciudadanía le tenía miedo a la policía, y con justificada razón. Lo que digo es que a ningún ciudadano que le interesa vivir en seguridad le conviene tener una policía que no es respetada.
Ya sé que habrá quien diga que el respeto de la policía debe ganarse. Estoy de acuerdo. Falta mucho por hacer en ese sentido. Pero, dígame usted qué hizo el policía Hernández Espinosa para que este émulo de Mike Tyson le arrancara la oreja.
Quizá usted esté pensando que se trataba de un desquiciado. A lo mejor tiene razón, pero no me preocupa tanto este caso aislado como el contexto.
Vea lo que ocurrió en el Zócalo el viernes pasado. En la manifestación que conmemoraba la represión del 2 de octubre de 1968 se colaron varios encapuchados que atacaron con piedras y bombas molotov a elementos de la Policía Federal que custodiaban Palacio Nacional.
Una de las bombas molotov, lanzada con singular destreza, provocó un flamazo en medio de un contingente de policías.
Nuevamente pregunto, ¿qué hicieron esos policías para merecer ser quemados? Obvio, nada.
Quien lanza un artefacto de este tipo no ejerce ningún tipo de derecho, que yo sepa. Al contrario: su conducta tiene la finalidad de herir y, quizá, hasta de matar a alguien. El hecho de que los agredidos portaran uniforme no vuelve inocuo el suceso. Es exactamente al revés. Y se trata de una conducta delictiva.
Cuando se dan este tipo de agresiones, son muy pocas las personas detenidas y, menos aún, procesadas y sentenciadas.
Es más, quienes incurren en estas conductas suelen contar con la protección de activistas y organizaciones de derechos humanos, que impiden que se les detenga, y, si se les detiene, logran que salgan de prisión lo más pronto posible.
Las personas razonables, las que valoran tanto la seguridad pública como la posibilidad de ejercer el derecho de manifestación, no creen que haya que optar entre una policía represora y otra indefensa e inútil. Por favor, cuénteme entre ellas.
