La ilusión ya no fifa
El verdadero problema de la Copa Mundial de Futbol de 2022, programada para celebrarse en Qatar, no es que el mandamás de la FIFA, Joseph Blatter, quiera cambiar arbitrariamente las fechas para que se realice en pleno adviento cristiano. Tampoco, que la sede designada sea ...

Pascal Beltrán del Río
Bitácora del director
El verdadero problema de la Copa Mundial de Futbol de 2022, programada para celebrarse en Qatar, no es que el mandamás de la FIFA, Joseph Blatter, quiera cambiar arbitrariamente las fechas para que se realice en pleno adviento cristiano.
Tampoco, que la sede designada sea un país musulmán, cuyo régimen, de acuerdo con denuncias internacionales, ha financiado a un grupo yihadista que ha matado salvajemente a cristianos. Ni porque sea señalado de negar igualdad de oportunidades a las mujeres ni porque reprima preferencias sexuales ni porque censure a sus críticos ni porque tenga en virtual esclavitud a trabajadores migrantes.
El problema tampoco es que Herr Blatter quiera romper con la tradición de los Mundiales —que remonta a su origen, en 1930— de celebrarse en junio y/o julio, independientemente de si la sede se ubica en el hemisferio norte o sur. Evidentemente nadie puede pedir a los futbolistas que jueguen en temperaturas de 40 grados o más a la sombra.
Tampoco tendría que ser conflictivo modificar por algún tiempo los calendarios de las ligas profesionales de futbol para acomodarse a los tiempos de un Mundial que, según parece, acabará realizándose en noviembre y diciembre de 2022, con una final que, todo indica, sería el 23 de diciembre.
Todas esas cosas, por separado o incluso juntas, pueden tragarse, como uno se traga grandes sapos en aras de un bien superior, o bien para no crear conflictos o incomodar a un anfitrión.
El verdadero problema de la obstinación de la FIFA de Joseph Blatter es que todo lo que rodea a la organización del Mundial de Qatar apesta a corrupción y mero interés por el dinero.
Lo dijo muy bien ayer Marina Hyde en su blog del periódico británico The Guardian:
“La verdadera indignación tiene que ver con que esto pueda ocurrir en una época en la que sabemos tanto y podemos diseminar el conocimiento con tanta facilidad. No es la actividad deshonesta que rodea a la Copa del Mundo de 2022, pues ya sabemos que —con todo lo repulsivo que pueda ser— los tramposos van a hacer trampa, los esclavistas van a esclavizar, la FIFA va a fifear, y todo lo demás.
“Lo que debiera seguir indignándonos es la capacidad del dinero de ponerse caradura cuando todo eso se da a conocer. Y cuando digo todo es todo: las acusaciones de corrupción, las violaciones a los derechos humanos, la muerte de los trabajadores migrantes, los repentinos cambios de fechas que revelan deshonestidad… Y, claro, el tema de ISIS”.
Todo eso que se sabe y se discute en los medios internacionales y las redes sociales a escala global ha valido de poco a quienes juegan con el futbol, el deporte más popular del mundo, como se divierte alguien con un caro juguete privado.
¿Qué importa si hay que mover la Copa Africana de Naciones de 2023? ¿Acaso no movieron ya la de este año por el brote de ébola? ¿Por qué no hacerlo para acomodar los intereses multimillonarios que se han conjuntado desde hace años para otorgarle la sede a Qatar?
“Decir que el dinero habla apenas roza la superficie de este tema”, escribió Hyde. “El dinero grita. El dinero brama. El dinero caga todo a su paso. A pesar de todo, Qatar 2022 va. Y, de hecho, encuentra maneras de duplicar su toxicidad”.
Quizá ya sabíamos que el futbol-negocio había triunfado sobre la imagen de un deporte que puede unir a la humanidad en torno de sus mejores valores, esa visión idílica que, para ser felices, los hombres sólo necesitan un balón, cuatro piedras para marcar las porterías y un terreno donde correr.
Lo que ha hecho el Mundial programado para celebrarse dentro de siete años es quitarnos la ilusión de que lo que ocurre dentro de las canchas es algo espontáneo y heroico.
Lo ha contaminado la geopolítica. Lo han ensuciado las más recientes acusaciones sobre partidos arreglados. Lo ha degradado que sea una mano de obra esclava la que vaya a levantar estadios en medio del desierto. Pero, sobre todo, lo ha apestado el dinero que hoy en día parece ser lo único que mueve a la FIFA.
Apuntes al margen
A cinco meses de los hechos de Iguala, una tesis sobre el ataque a los normalistas permanece inexplorada: de manera inadvertida, los estudiantes tomaron un autobús de pasajeros que habría tenido droga oculta en su compartimento para maletas o alguna otra parte de su carrocería. La tesis, aportada por una persona ligada al transporte, podría explicar la furia desatada por los policías al servicio del narco contra los autobuses en que viajaban los normalistas.
La idea de la visita de Estado que realizará Enrique Peña Nieto la semana entrante al Reino Unido surgió al calor del encuentro que el Presidente mexicano tuvo con el primer ministro británico David Cameron, el 23 de septiembre pasado en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas. Tres días antes de los hechos de Iguala, había tal interés en que Peña Nieto fuera a Londres que los británicos —que sólo reciben a dos jefes de Estado por año— pospusieron la invitación a la presidenta brasileña Dilma Rousseff.
Doce de los 128 senadores originales han solicitado licencia a su cargo, pero nunca ha habido una despedida tan emotiva para uno de ellos como la que se dio ayer a la priista Arely Gómez González, quien pasará a ser subprocuradora de Asuntos Jurídicos e Internacionales de la PGR. Un total de 16 de sus compañeros tomaron la palabra en la tribuna para desearle suerte. Sin duda un reconocimiento a su trabajo en el Senado y un espaldarazo del pleno a su nueva misión.