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Desde 1997, ningún partido ha tenido mayoría en la Cámara de Diputados. Seis legislaturas han pasado sin que fuerza política alguna pueda imponer por sí misma alguna iniciativa de ley, procedimiento parlamentario o punto de acuerdo. Estos 18 años han implicado una ...

Desde 1997, ningún partido ha tenido mayoría en la Cámara de Diputados.

Seis legislaturas han pasado sin que fuerza política alguna pueda imponer por sí misma alguna iniciativa de ley, procedimiento parlamentario o punto de acuerdo.

Estos 18 años han implicado una nueva forma de gobernar la cámara.

Lo que antes de 1997 fue una Gran Comisión, dominada siempre por el PRI, se transformó en un par de órganos —la Mesa Directiva y la Junta de Coordinación Política— cuyas presidencias han sido rotadas, últimamente de modo anual, entre los partidos con mayor representación.

Cuando ocurrió por primera vez que ninguna bancada pudiera integrarse por al menos 251 diputados, estuvo incluso en riesgo la instalación del Congreso, con lo que hubiera habido una crisis constitucional. Sin embargo, se encontró una manera de repartir las posiciones de poder que subsiste hasta hoy y se hizo extensiva al Senado.

Lo que ha sido bueno en términos de equilibrio político no lo ha sido tanto en eficacia legislativa.

Es cierto que la Cámara de Diputados —a diferencia de Congresos en otras latitudes, incluso en Washington— jamás ha dejado de aprobar el presupuesto, pero también lo es que, por falta de acuerdos muchas iniciativas han pasado a la congeladora, de la que a veces no han salido.

En cinco de esas seis legislaturas el PRI ha tenido la bancada más numerosa. Esto ha sido sobre todo porque, a pesar de haber perdido la Presidencia de la República en 2000, se mantuvo como la fuerza política con mayor presencia territorial.

En 1997 obtuvo 239 diputaciones federales; en 2000, 208; en 2003, 203; en 2006, 103 (en esa legislatura, el PAN tuvo la bancada más numerosa, con 206); en 2009, 242, y en 2012, 214. 

Durante estos 18 años, lo más cercano a una mayoría en San Lázaro se dio en la LXI Legislatura (2009-2012), cuando entre el PRI y su aliado el Partido Verde sumaron 262 diputados.

Por cierto que el PVEM es la única fuerza política cuyo número de diputados no ha decrecido entre una legislatura y otra, desde 2000.

Comenzó con una bancada de seis en la LVIII Legislatura (2000-2003); en la LIX tuvo 17; en la LX repitió con 17; en la LXI tuvo 22, y en ésta tiene 27.

Si las encuestas, que atribuyen al PVEM una preferencia de diez puntos o más, están en lo correcto, ese partido rebasará fácilmente la cifra de 30 diputados en la próxima legislatura.

De atenernos nuevamente a las encuestas, podría darse otra vez el escenario de que el PRI, con los verdes y quizá con Nueva Alianza, logre formar un bloque que rebase los 251 diputados.

Sumadas las preferencias que tienen el PRI y el PVEM en las encuestas podrían rebasar 42.2%, suficiente para alcanzar esa cifra de curules en la Cámara de Diputados (siempre que juntos ganen también al menos 167 distritos).

La diferencia con 2009 es que ahora el PRI tiene la Presidencia de la República.

El martes, en Imagen Informativa, el dirigente nacional priista César Camacho dijo a los periodistas Ricardo Alemán y Gerardo Galarza que su partido va en pos de una “mayoría plural” en la cámara. Y que así como hace alianzas electorales, el PRI está pensando en una alianza programática en San Lázaro, aunque evitó decir con qué partidos.

De ocurrir eso, sería la primera vez desde el trienio 1994-1997 que el partido que tiene la Presidencia tendría mayoría en la Cámara de Diputados.

Apuntes al margen

Yo no sé si sea facultad del director de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa decidir que ahora ese centro de estudios va a funcionar como “escuela abierta”, en la que los académicos sólo se presenten para recoger trabajos y aclarar dudas.

De ser así, no entiendo para qué necesitaría la escuela los 50 millones de pesos que le asignaron en el Presupuesto de Egresos de la Federación. Tampoco entiendo por qué no han regresado a clases los alumnos desde los hechos del 26 y 27 de septiembre.

Es claro que la comunidad de Ayotzinapa sufrió una tragedia con lo ocurrido a sus estudiantes en Iguala. Pero han pasado casi cuatro meses y las clases en la escuela no se han reanudado. Yo pensaría que una manera de honrar a los desaparecidos es mostrando que la escuela tiene utilidad y eso se logra reanudando las clases, como deben impartirse.

La preparatoria Danwon, de Ansan, Corea del Sur, también sufrió una tragedia en abril pasado, cuando un ferry que llevaba a unos 300 alumnos se hundió, dejando 295 muertos, de los cuales 250 eran estudiantes. En junio, la escuela reabrió con sólo 73 alumnos. Antes, su subdirector, que había sobrevivido al naufragio, decidió suicidarse por no haber podido poner a salvo a sus pupilos.

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