México y la elección de EU
Este otoño no ha traído muy buenas noticias que digamos para México. Un creyente en la astrología quizá diría que los recientes signos de actividad del Popocatépetl muestran que el país anda salado. Lo cierto es que las malas nuevas se siguen acumulando. Y ahora nos ...
Este otoño no ha traído muy buenas noticias que digamos para México.
Un creyente en la astrología quizá diría que los recientes signos de actividad del Popocatépetl muestran que el país anda salado.
Lo cierto es que las malas nuevas se siguen acumulando. Y ahora nos llegan desde Estados Unidos.
La felpa que el Partido Demócrata se llevó, de la mano del presidente Barack Obama, en las elecciones intermedias de este martes presagia nuevos escenarios de conflicto en la relación bilateral.
Los próximos dos años seguramente serán de parálisis en la política estadunidense, así como de una extrema debilidad de Obama.
Eso no es bueno para México.
Particularmente si consideramos que algunos de los miembros del Partido Republicano que integrarán la nueva mayoría en el Senado en Washington tienen posturas sobre migración que no coinciden con las de México.
Entre ellos está Mitch McConnell, senador por Kentucky, quien se convertirá, en enero próximo, en líder de la mayoría.
Miembro de la Cámara alta desde 1985, McConnell fue reelegido por quinta vez el martes pasado. Ganó con 16 puntos de ventaja, a pesar de que el Comité Nacional del Partido Demócrata invirtió fuertemente en la campaña de su rival en un intento de desbancarlo.
Kentucky se encuentra lejos de la frontera con México, pero la inmigración fue el tema central de la contienda entre McConnell y su contrincante demócrata, la secretaria de Estado local Alison Lundergan Grimes.
Luego de que el presidente Obama pospusiera su amenaza de usar una orden ejecutiva para modificar el marco regulatorio de la inmigración en el país —ante el fracaso de la reforma en el Congreso—, McConnell se lanzó despiadadamente contra Grimes, tachándola de ser tan liberal como el Presidente y de apoyar, igual que él, una amnistía para los trabajadores indocumentados.
El senador McConnell fue de los que votaron en contra de la iniciativa de reforma migratoria, aprobada en junio de 2013 por 68 votos contra 32. La iniciativa, que tuvo la coautoría del legislador republicano Marco Rubio, no proponía amnistía alguna. Además de Rubio, otros 13 senadores republicanos votaron a favor.
La iniciativa nunca pudo ser sometida a votación en la Cámara de Representantes. Fue declarada muerta a principios de este año.
Surgida de la reelección de Obama en 2012, la reforma migratoria era vista como un tema en el que demócratas y republicanos podían ponerse de acuerdo. Los primeros querían que el Presidente pudiera cumplir con ella su promesa de campaña a los votantes latinos, mientras que los segundos la aprovecharían para no alejarse de ese sector de la población, que había votado masivamente por sus contrincantes en la última elección.
En junio, la derrota del líder de la mayoría republicana en esa Cámara, Eric Cantor, en la elección primaria de su distrito, ante un contrincante ultraconservador, puso el último clavo en el ataúd de la reforma.
Ayer, tras conocerse los resultados de la elección, Obama anunció otra vez que podría usar una orden ejecutiva para modificar las reglas migratorias del país. Inmediatamente McConnell le advirtió que hacer eso sería “como agitar una bandera roja frente a un toro”.
Al conservador McConnell le gusta recordar que su esposa, Elaine Chao, quien fue secretaria del Trabajo de Estados Unidos durante los ocho años de la Presidencia de George W. Bush, llegó desde China a bordo de un carguero, sin hablar inglés.
“Soy un gran apoyador de lo que la migración ha hecho por este país —dijo, al explicar su voto en contra de la reforma—, pero esta iniciativa es deficiente en el tema de seguridad fronteriza.”
Con el cambio de mayoría en el Senado, efectivo en enero, cabe esperar un endurecimiento de las posiciones respecto de la frontera.
Sin duda ese será un asunto central en la campaña de los republicanos que buscan llegar a la Casa Blanca en 2016.
Uno de ellos, el gobernador de Texas, Rick Perry, ya recurrió al discurso de reforzar la seguridad fronteriza, convocando a mil miembros de la Guardia Nacional texana en julio pasado para desplegarlos en los límites con México.
Aunque el Congreso estadunidense no puede monopolizar la agenda bilateral, sí tiene la capacidad de subrayar alguno de sus aspectos.
Esto ya ocurrió durante el gobierno de Bill Clinton, cuando el candidato de la Casa Blanca para ser embajador en México, William Weld, fue vetado por el poderoso líder del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, Jesse Helms.
Casualmente, Obama ya dio a conocer a su nominada para sustituir al actual embajador estadunidense, Anthony Wayne.
Hace menos de dos meses, el nombre de Maria Echaveste fue anunciado oficialmente como aspirante a embajadora sujeta al aval del Senado.
El 30 de septiembre, el sitio noticioso McClatchy informó que la audiencia del Comité de Relaciones Exteriores para la confirmación de la exasesora del presidente Clinton podría celebrarse “en noviembre o diciembre, después de las elecciones intermedias, aunque la velocidad no es el fuerte del Senado”.
La nota agregó: “La agenda podría complicarse si el Partido Republicano gana la mayoría en el Senado, aunque no hay indicación de que los republicanos pudieran objetar a Echaveste”.
A partir de enero, ese tema y otros que interesan a México o afectan la relación bilateral seguramente estarán en veremos.
