¿Para eso querían gobernar?

Ayer se cumplieron nueve años y medio de que el Partido de la Revolución Democrática PRD tomó las riendas del estado de Guerrero. En las elecciones de febrero de 2005, Zeferino Torreblanca, un empresario vuelto perredista, que ya había sido alcalde de Acapulco, venció ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

Ayer se cumplieron nueve años y medio de que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) tomó las riendas del estado de Guerrero.

En las elecciones de febrero de 2005, Zeferino Torreblanca, un empresario vuelto perredista, que ya había sido alcalde de Acapulco, venció al candidato priista Héctor Astudillo, y se convirtió en el primer gobernador surgido de la oposición en la historia moderna del estado.

El PRD batalló largamente para poder atestiguar cómo ese día, 1 de abril de 2005, por fin uno de los suyos —no un militante de viejo cuño— asumió la gubernatura de una entidad emblemática para la izquierda.

Personalmente me tocó reportear la represión que sufrieron los perredistas durante el proceso electoral municipal de 1989, cuando varios fueron asesinados y encarcelados, particularmente en las regiones de Costa Grande y Costa Chica.

Si nos remontamos un poco en la historia, Guerrero fue escenario de luchas magisteriales —dos de las cuales derivaron en movimientos guerrilleros—, que comenzaron a ser tema de conversación nacional desde los años 50 y nutrieron las filas de la izquierda. Esa izquierda que adoptó la vía electoral como método de lucha y conquistó Acapulco, en 1999, y, finalmente, la gubernatura del estado.

Ese último logro representaba para la izquierda la posibilidad de llevar a los hechos aquello por lo que luchó por más de medio siglo.

Era la oportunidad de demostrar que, desde el gobierno, sin hacer la revolución por la vía armada, se podían realizar transformaciones sociales y acabar con las políticas corruptas y represivas que caracterizaron a muchos gobiernos priistas.

Pero ¿qué cree? Casi una década después de que el PRD asumió el control político del estado, Guerrero está igual o peor.

Sigue siendo uno de los estados más pobres, con niveles educativos que están entre los más bajos y con violencia social y delincuencial que a ratos parece incontenible.

Es un estado que pese a tener una ubicación geográfica privilegiada, con un litoral de 500 kilómetros de largo y abundancia de recursos naturales, simplemente no sale adelante.

Y eso es porque sus gobernantes, los de este siglo y el anterior, han encontrado que es mucho más llevadero para ellos depender para todo de la Federación y culpar del subdesarrollo a la marginación ancestral.

No creo que para eso hayan votado los guerrerenses en 2005, cuando optaron por la alternancia. Con su desgobierno en Guerrero, el PRD le hace un flaco favor a la historia de la izquierda mexicana.

Un día me contó el profesor Othón Salazar, el histórico líder magisterial de la región de La Montaña, que en alguna ocasión fue a visitar a un compañero del Partido Comunista, que vivía en una comunidad apartada. El hombre acababa de perder a su esposa.

Cuando llegó Salazar, lo primero que hizo el anfitrión fue entregarle una bolsa de dinero.

–Tenga, profesor. Aquí están las cuotas del partido —le dijo el hombre—.

–Compañero, ¿y por qué no usó ese dinero para comprarle medicinas a su mujer? —preguntó, sorprendido, Othón Salazar—.

–No es mío. Es del partido.

Hoy en día, ¿cuántos funcionarios guerrerenses vivirán bajo el principio de la honestidad?

Cuando ocurrieron las inundaciones del año pasado en Acapulco, por el paso del huracán Manuel, quise conocer la versión de los exalcaldes perredistas Alberto López Rosas y Félix Salgado Macedonio, pues en sus periodos se aprobaron muchos de los permisos de las obras que causaron las anegaciones. Ninguno quiso hablar.

Por cierto, los resultados de la investigación del gobierno federal sobre esos hechos siguen pendientes.

El jueves 25, en el diario local El Sur, leí una nota que da cuenta del endeudamiento que provocaron esos dos personajes al ayuntamiento por crear centenares de plazas de las que presuntamente se beneficiaron militantes del PRD.

Sin tomar en cuenta los hechos vergonzosos del pasado fin de semana en Iguala —cuyo presidente municipal, ahora con licencia, también surgió del PRD—, Guerrero ya se había colocado en el primer lugar de los estados más violentos del país, de acuerdo con los últimos datos del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Uno de cada nueve homicidios dolosos que ocurrieron en territorio nacional en agosto de 2014 se registró en esa entidad.

En 2004, año previo a que el PRD asumiera la gubernatura, hubo 539 homicidios dolosos y once secuestros, según la misma fuente. El año pasado se registraron dos mil 87 asesinatos y 207 secuestros.

Se dirá que la incidencia delictiva subió en todo el país, no sólo en Guerrero. Cierto, pero esa entidad muchas veces ha punteado en la tendencia, como ocurre ahora.

¿Y qué pasa con la economía estatal? Está en el sótano del país en indicadores como competitividad, inversión extranjera e ingreso por habitante, de acuerdo con fuentes como el INEGI y el Imco. Nueve de cada diez pesos que recibe provienen de transferencias federales.

Así estaba Guerrero en 2004 y así, igual o peor, está ahora. El PRD nacional y estatal podrán poner todas las excusas que quieran para justificar los anteriores números, pero éstos no mienten.

Estoy seguro de que, si son honestos, los perredistas aceptarán que no fueron elegidos para dar esos resultados. La represión y las desapariciones eran cosas contra las que luchaban y ahora son la noticia en Guerrero.

Ya le tocará al electorado decidir si les vuelve a dar la gubernatura en junio próximo.

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