Líderes, no histriones

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Pascal Beltrán del Río 29/08/2014 01:10
Líderes, no histriones

Luis Felipe Bravo Mena ha sido el dirigente nacional más exitoso en la historia del PAN, partido que cumplirá 75 años de vida en septiembre.

Eso es por la simple razón de que bajo su jefatura —como gustan decir los panistas— Acción Nacional conquistó por primera vez la Presidencia de la República, y lo hizo por un margen de votos que no dejó lugar a dudas.

Catorce años después de ese momento histórico en la vida política del país, Bravo Mena ha puesto en circulación un libro en el que analiza qué le pasó al PAN en su tránsito de partido de oposición a partido de gobierno; y, sobre todo, qué porvenir le aguarda ahora que, desorientado y dividido, ha vuelto a las filas de la oposición.

Desde 2009, dice el político mexiquense en la página 375 de Acción Nacional, ayer y hoy. Una esencia en busca de futuro, “el PAN se estaba convirtiendo en una mala copia del PRI, y en ese terreno su derrota cultural, política y electoral estaba asegurada”.

Para Bravo Mena, el PAN se extravió antes de perder la Presidencia en 2012. Ese año, dice, “retornó a la oposición envuelto en una compleja madeja de problemas e incertidumbres y acosado por disputas internas”.

El hombre que dirigió al partido de 1999 a 2005 hace una distinción entre el panismo y el PAN. Define al primero como “una vivencia personal y grupal de valores cívicos y convicciones sobre la política, vinculados a la versión de la filosofía humanista”. Cree que esa vivencia “vive horas cruciales” y está en riesgo su supervivencia.

En cambio, “el partido podría subsistir de cualquier manera, incluso en abierta contradicción con su ethos fundacional —su causa final—, sin congruencia sustantiva y descoyuntado de la historia que lo precede”.

Advierte: “Se seguirían ostentando las siglas y los colores tradicionales del PAN, pero en un partido hueco, sin el alma que lo hizo surgir y crecer (…) Sin coherencia entre fines institucionales y personales, puede haber militantes del PAN, pero no panistas realizando actos de Acción Nacional”.

Representante de la visión conservadora en el PAN, Bravo Mena es, no obstante, alguien a quien escuchan las diversas corrientes del partido.

Ha procurado ser institucional, pero ha guardado distancia de las recientes disputas por el poder en la organización. Esas discrepancias, escribe, han puesto la esencia del partido al borde de la muerte.

“La agonía del PAN proviene de esa permanente lucha para tener poder adentro y no para desplegar la acción del partido al servicio de la comunidad y de sus causas”, sostiene.

Al revisar la participación del PAN en el Pacto por México, Bravo Mena tiene palabras elogiosas para ese acuerdo —porque renovó los aires de la política y recogió planteamientos históricos del panismo— y, sin embargo, afirma que el personalismo que se manifestó muchas veces en su conducción terminó por dañar al PAN.

“A las complicaciones naturales que implica configurar un arreglo pluripartidista para impulsar cambios de hondo calado se agregaron: la protesta de los legisladores al sentirse desplazados e invadidos en sus atribuciones (…) los celos por el protagonismo, la inocultable discordia por la interlocución con el poder y, por si fuera poco, los procesos electorales en 14 entidades afectados por las trapacerías de algunos gobernadores.”

Es crítico del grupo de senadores panistas que se opuso al Pacto, encabezado por Ernesto Cordero (“en el caso de las disidencias anteriores, ninguna tomó el control de un grupo parlamentario ni fracturó la línea institucional de mando”), pero también de la forma en la que Gustavo Madero restauró la línea de mando en la bancada al destituir a Cordero (“le asistía la razón, pero operó muy mal”).

El resultado de ese enfrentamiento, dice Bravo Mena, puso de cabeza a la institución. “Lamentablemente esa lucha se prolongó varias semanas y en su fase más candente se cuestionó la honra de muchas personas, y la imagen del PAN ante la opinión pública quedó maltrecha. Nadie daba crédito a lo que estaba sucediendo”.

Hacia adelante, el exdirigente nacional panista dice que “lo urgente e importante es que se restaure el peso de la institución por encima del grupismo, de las parcialidades y de los caudillismos en ciernes”.

Pide que queden “proscritas las tendencias a gobernar y dirigir al PAN unipersonalmente”.

Y agrega: “El presidente del CEN no es el dueño del partido, ni puede dirigirlo al influjo de sus inspiraciones, deseos o compromisos personales, ni por intereses de un grupo o por influencias externas”.

Las palabras de Bravo Mena se volverán más relevantes conforme se acerque el 7 de octubre próximo. Esa es la fecha en la que arrancará el proceso electoral de 2015, pero —más importante para el PAN— también es el límite para que Gustavo Madero decida si quiere seguir al frente del partido, y conducirlo durante las campañas, o irse él mismo de candidato a diputado federal y construir desde San Lázaro su candidatura presidencial para 2018.

Por las fechas de edición del libro, es poco probable que el autor haya conocido el video de los diputados panistas en la fiesta de Puerto Vallarta antes de terminar de escribir.

Y, sin embargo, parece tener palabras para esos hechos: “El desprestigio de la clase política no sólo proviene de los abusos y la prepotencia de la que muchos de sus representantes impunemente hacen gala sino de su vacuidad y superficialidad (…) La regeneración política de México exige líderes no histriones (…) El avance de Acción Nacional no fue producto de la política-espectáculo y cuando comenzó a practicarla inició su declive”.

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