México, el Vaticano y la migración

Desde el aspecto simbólico hasta el conceptual, la Santa Sede ha convertido el tema migratorio en uno de sus principales ámbitos de acción. No fue casual que el primer viaje del Papa, en julio del año pasado, haya sido a la isla de Lampedusa, en el Mediterráneo, donde ...

Desde el aspecto simbólico hasta el conceptual, la Santa Sede ha convertido el tema migratorio en uno de sus principales ámbitos de acción.

No fue casual que el primer viaje del Papa, en julio del año pasado, haya sido a la isla de Lampedusa, en el Mediterráneo, donde visitó a migrantes que acababan de llegar a ese lugar luego de ser rescatados por la marina italiana ante el riesgo de hundimiento de las frágiles embarcaciones que habían abordado en la costa norte de África.

Allí, Francisco criticó al mundo desarrollado por su falta de interés en quienes sufren y llamó la atención sobre la “globalización de la indiferencia”.

Luego, en abril pasado, un grupo de nueve prelados estadunidenses viajó hasta la frontera de Arizona con Sonora para recordar a las seis mil personas que han perecido en el desierto al tratar de cruzar hacia Estados Unidos y condenar “el sufrimiento causado por el sistema migratorio descompuesto” de ese país.

La delegación, que tuvo encuentros con migrantes en uno y otro lado de la frontera, fue encabezada por el arzobispo de Boston, el cardenal Seán P. O’Malley, considerado el clérigo más cercano al papa Francisco en Estados Unidos.

La liturgia en Nogales, Arizona, celebrada por O’Malley con el obispo de Tucson, Gerald Kicanas, tuvo un momento icónico cuando se dio la comunión a un grupo de personas que estaba del lado mexicano de la frontera y que la recibió, con las manos extendidas, a través de orificios en la barda.

Pocos días antes, el Papa conversó con Jersey Vargas, cuyo padre, un inmigrante indocumentado originario del Estado de México, había procreado una familia en Estados Unidos, y en esos momentos estaba detenido y amenazado con la deportación.

La niña había viajado a Roma como parte de un grupo formado por organizaciones no gubernamentales que defienden a los trabajadores indocumentados e impulsan la reforma migratoria atorada en el Congreso en Washington.

A petición de Jersey, el Pontífice intercedió por su padre ante el presidente Barack Obama, quien visitó el Vaticano poco después, logrando que Mario Vargas fuera puesto en libertad aunque sin que se sobreseyera el juicio migratorio que enfrenta.

“Para el catolicismo, la migración no es sólo un asunto humanitario”, escribió hace unas semanas en el diario The Boston Globe, el especialista John L. Allen. “De manera creciente, se trata también de la Iglesia haciéndose cargo de los suyos”.

Explicó: “En un nivel estructural, los inmigrantes hispanos son una parte importante de la población católica de Estados Unidos. Hoy en día, alrededor de un tercio de los 70 millones de católicos en EU son hispanos y esa proporción está creciendo.

“Lo que está ocurriendo aquí refleja realidades globales. Dos tercios de los mil 200 millones de católicos vive fuera de Occidente, y el crecimiento más rápido de la Iglesia se da en lugares que generan una parte desproporcionada de los migrantes y refugiados del mundo, como África subsahariana”.

En el impulso de un cambio de visión de la migración como un fenómeno social que caracteriza al mundo globalizado y no como un problema, el Vaticano ha encontrado en México a un aliado. Y viceversa.

El sábado llegó a esta capital el secretario de Estado de la Santa Sede, el cardenal Pietro Parolin, un hombre que desde hace años ha compartido las preocupaciones de Francisco por la suerte de los marginados y desposeídos y por un diálogo horizontal entre fieles que conduzca a cambios en la Iglesia.

En ese último punto, Parolin atrajo la atención de muchos católicos y observadores de la Iglesia al declarar el año pasado al diario venezolano El Universal que el celibato “no es un dogma y se puede discutir porque es una tradición eclesiástica”.

El secretario de Estado es un hombre que conoce de cerca la realidad latinoamericana, pues ya tuvo un cargo en la nunciatura en México y se desempeñaba como nuncio en Venezuela antes de ser nombrado en su actual cargo.

Invitado por el presidente Enrique Peña Nieto, con quien almorzará hoy en Palacio Nacional, Parolin participará en un coloquio en la Cancillería sobre el tema migratorio, al que también está invitado el connotado economista Jeffrey Sachs.

El coloquio, que será inaugurado por el canciller José Antonio Meade, es parte de un diálogo entre México y el Vaticano para “promover el intercambio de ideas y la identificación y profundización de coincidencias sobre la migración internacional, la inclusión social, los derechos de las personas y el respeto a la dignidad humana, así como la contribución de la migración al desarrollo”, comentó una fuente de esa secretaría.

Las conclusiones del foro, que serán comunicadas públicamente, seguramente resonarán en el contexto de la crisis de los menores migrantes no acompañados y el debate político que se ha generado en Estados Unidos por la petición del presidente Obama de solicitar fondos adicionales al Congreso para atender sus efectos.

México y el Vaticano se han identificado como actores con intereses comunes en este tema, que no será resuelto desde la perspectiva unilateral. Pronto sabremos cuánto pesan sus opiniones compartidas.

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