Las honduras de la tragedia migratoria

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Pascal Beltrán del Río 11/07/2014 02:12
Las honduras de la tragedia migratoria

TEGUCIGALPA.— Para comprender la verdadera dimensión de la tragedia de los niños migrantes, hay que visitar este país centroamericano.

Imagine muchos de los problemas de marginación e inseguridad que sufre México, pero concentrados en un territorio más reducido que el del estado de Durango.

Honduras tiene unos ocho millones de habitantes, de los cuales alrededor de 1.4 millones tienen entre 5 y 19 años de edad.

Que unos 15 mil menores hayan salido del país en lo que va del año, intentando llegar a Estados Unidos para reunificarse con sus familiares, pero también para huir de la violencia, significa que uno de cada 93 niños y jóvenes emigraron en unos cuantos meses.

Imagine usted, lector, que repentinamente decidieran salir de México alrededor de 195 mil menores.

O imagine que en lugar de los 63 mil homicidios dolosos que oficialmente hubo en México entre 2011 y 2013, hubieran sido 315 mil. Y es que ese es el tamaño de la tragedia en Honduras, donde en el mismo lapso, han muerto asesinadas 21 mil personas, o uno de cada 380 habitantes de ese país.

En ese contexto, el presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández Alvarado, hizo un llamado a la comunidad internacional —en entrevista ayer con Excélsior y Grupo Imagen Multimedia— a ser solidarios con su país para enfrentar problemas que tienen una causalidad múltiple, parte de la cual es el consumo de drogas en Estados Unidos.

“Si los líderes estadunidenses no entienden la verdadera dimensión de este problema y su origen, no van a poder ver cuál es la mejor solución”, me dijo el joven mandatario antes de despedirnos en su despacho de la Casa Presidencial.

–¿Cree que lo entiendan en Washington, donde el tema migratorio es simplemente parte de la próxima disputa electoral? —le pregunté al presidente Hernández, cuya esposa ha viajado a la frontera sur de Estados Unidos para conocer de cerca la tragedia migratoria.

–Creo que de un mes para acá las cosas están cambiando, porque los siento diferentes. Claro, el de Estados Unidos es un gobierno muy grande y, por lo mismo, allá es muy complejo tomar decisiones. Máxime, en medio de la lucha política. Pero nosotros vamos a hacer nuestro cabildeo. Estamos hablando con las iglesias, que tienen mucha influencia allá, y habrá que ir a Estados Unidos a hablar. Tengo fe en que vamos a lograr que nuestro mensaje permee.

Evidentemente, Honduras tiene que trabajar sobre sus retos en materia de desarrollo y aplicación de la ley, pero tanto Estados Unidos como México tienen una obligación moral con Centroamérica en general.

Los estadunidenses la tienen, por el imán que significa el tráfico de drogas y ha convertido al istmo, que no produce narcóticos de manera importante, en una zona de paso, como lo es México también.

Los mexicanos de igual manera, porque por nuestra incapacidad de hacer frente a las organizaciones delictivas, hemos permitido que las actividades de esas organizaciones trasciendan fronteras y se desborden en naciones como Guatemala, El Salvador y Honduras.

Y que los menores migrantes provenientes de esas naciones caigan en la trampa de los traficantes de personas, cuyo negocio no prosperaría sin la complicidad de autoridades migratorias.

Ningún país va a lograr, solo, hacer frente a la violencia transnacional y la tragedia de la migración de los menores de edad. Se requiere de la cooperación plena de México, Estados Unidos y las naciones centroamericanas.

Seguir por la actual ruta de las políticas migratorias restrictivas es ir al desastre. La acelerada deportación de hondureños —173 mil en tres años— afectará la posibilidad de los migrantes de esa nación de enviar remesas que son vitales para la sobrevivencia del país.

Un millón de hondureños en Estados Unidos envía diez millones de dólares a diario a sus familiares. Para México, las remesas representan un ingreso de divisas muy importante, pero para Honduras significan una sexta parte de su producto interno bruto. Los más de tres mil 200 millones de dólares en remesas de 2013 representaron cinco veces los ingresos del país por la exportación de café.

¿Qué haría Honduras ante una caída drástica de remeses? Algunos dirán que tendrá que rascarse con sus propias uñas, pero en el mundo real eso significa la salida de más migrantes. Y no habrá muros suficientemente altos para contenerlos.

El presidente Hernández me dijo que Honduras asume que tiene que generar condiciones de desarrollo en su territorio que hagan innecesario que sus ciudadanos salgan del país para ganarse la vida.

No obstante, como apunta él mismo en la entrevista —cuyo contenido completo le daré a conocer próximamente—, “eso va a tomar tiempo”.

Aquí se unen lo pragmático y lo éticamente correcto: ayudar a Centroamérica a curar heridas que no se ha infligido sola.

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