Mortalidad materna

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Pascal Beltrán del Río 10/07/2014 01:56
Mortalidad materna

                Un abrazo al pueblo de Brasil.
                El futbol da revanchas.

El año entrante vencerá el plazo que se dieron los Estados miembros de la ONU en el año 2000 para cumplir los ocho propósitos de desarrollo humano conocidos como los Objetivos del Milenio.

Las metas, medibles mediante un serie de indicadores, tienen que ver con erradicar la pobreza extrema y el hambre, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre géneros y la autonomía de la mujer, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el VIH/sida y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad del ambiente y fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

Esta semana se revisó el nivel de cumplimiento de México de estos propósitos y se concluyó que si bien el país está en condiciones de dar buenas cuentas respecto de 85% de los puntos pactados, hay rubros en los que no se llegará a la meta.

Uno de ellos me parece particularmente preocupante y vergonzoso: la mortalidad materna.

En ese punto específico, México no está ni cerca de cumplir el objetivo, que es de reducir a 22.2 por cada 100 mil niños nacidos vivos el número de muertes de mujeres por causas asociadas con el embarazo y el parto.

La Razón de Mortalidad Materna (RMM) en México es de 43, de acuerdo con Conapo. Y si bien es cierto que se ha avanzado desde 1990, cuando era superior a 50, sigue siendo inaceptablemente alta.

Según datos del Observatorio de Mortalidad Materna en México, en 2012 fallecieron 960 mujeres por estas causas en 2012, es decir, 2.63 mujeres al día en promedio. Pero el dato se pone peor cuando se revisa en detalles quiénes han muerto.

La mortalidad materna está íntimamente asociada con la pobreza y la falta de oportunidades.

Si el porcentaje de hablantes de una lengua indígena en México es de 6% de acuerdo con el INEGI, la proporción de mujeres fallecidas por razones asociadas con el embarazo y el parto es del doble.

Si el porcentaje de mexicanos sin escolaridad es de 3%, el de esas mujeres fallecidas es de casi siete por ciento.

Una de cada seis de esas mujeres no contaba con seguridad social. Una de cada nueve falleció en su casa. Una de cada ocho no tuvo atención médica. Una de cada 12 falleció al practicarse un aborto.

Es decir, aunque cualquier mujer puede estar expuesta a complicaciones por enfermedades hipertensivas del embarazo —razón por la que una de cada cuatro de esas mujeres muere—, la enorme mayoría de los fallecimientos ocurren en la capa más pobre de la población.

En los últimos meses se han conocido muchos casos a nivel nacional de mujeres que dan a luz en la calle o en los pasillos o los alrededores de clínicas de salud luego de que se negó o retrasó el servicio médico, lo cual es inaceptable.

En muchos de los casos de mujeres fallecidas por hemorragias, causas obstétricas y enfermedades hipertensivas durante el embarazo o el parto la mayoría de las veces no se entera la opinión pública.

Afortunadamente, este problema no se está ocultando bajo el tapete, lo cual es el primer paso para acelerar su erradicación.

César Garcés Fierros, secretario de actas del Comité Especializado del Sistema de Información de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la Presidencia de la República, fue muy transparente en su exposición del lunes pasado, en el que se revisaron los avances de México en torno de esas metas:

La mortalidad materna “sigue siendo alta”, apuntó el funcionario. “Tenemos problemas que hemos observado en el sector salud, de cobertura en áreas rurales, pero reconocemos que en las ciudades también hay muertes maternas y tenemos que reducirlas mejorando la calidad de los servicios”, dijo.

Aquí no cabe escudarnos como país en que la mortalidad materna es un fenómeno mundial. Efectivamente lo es, con cerca de 300 mil muertes al año en todo el mundo, principalmente en África.

Sin embargo, en 2010 México aparecía apenas arriba de la mitad de la tabla, de 184 países, de mortalidad materna. Naciones latinoamericanas y del Caribe como San Vicente y las Granadinas, Bahamas, Trinidad y Tobago, Costa Rica, Santa Lucía, Uruguay, Chile y Granada, estaban por debajo de México en su RMM.

Más allá del compromiso asumido ante Naciones Unidas para reducir a 22.2 el RMM —medio centenar de países, entre ellos Irán, Turquía y Macedonia estaban por debajo de esa cifra en 2010—, debería haber una estrategia nacional, del tipo de la Cruzada contra el Hambre, para combatir este flagelo.

Muchas de esas muertes ocurren por falta de información e inversión pública. Se necesita un estudio serio y detallado que saque de la sombra estos casos y proponga soluciones, así una política social que, por lo pronto, no deje en el abandono a los hijos de esas mujeres, sean solteras o no.

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