Política, divino tesoro

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Pascal Beltrán del Río 03/07/2014 01:44
Política, divino tesoro

En sentido contrario de la demografía del país, la clase política ha estado en pleno rejuvenecimiento.

Y no me refiero a la aparición de ideas frescas y renovadoras sino a la proliferación de políticos jóvenes, improvisados o con muy poca experiencia, que adquieren responsabilidades sin haber seguido el proceso de ascenso de antaño.

Hace unos años tuvimos a un secretario de Gobernación de esas características, muerto en un trágico accidente aéreo.

No niego la sagacidad y el temple de Juan Camilo Mouriño —de él estoy hablando, claro—, pues muchas veces fui testigo de esas cualidades, pero ¿en cuántos países llega alguien al puesto equivalente a ministro del Interior después de un término en un Congreso local y otro en el federal y unos meses como subsecretario en una dependencia que nada tiene que ver con la materia del cargo?

Quizá porque el PAN no disponía de los suficientes cuadros para llenar la administración pública —como hace muchos años había advertido Manuel Gómez Morin que ocurriría—, los 12 años que duró ese partido en la Presidencia de la República se caracterizaron por la formación exprés de altos funcionarios.

Así llegaron a ser secretarios de Estado —además de Mouriño, quien despachó en Bucareli a los 36 años de edad— otros sin mucha experiencia previa, como Jordy Herrera, Ernesto Cordero y Alejandro Poiré.

No se trata de cuestionar la inteligencia de los arriba mencionados ni de hacer aquí un balance de sus respectivas gestiones.

Sin embargo, un cargo de alta responsabilidad, como el de secretario de Estado, es difícil de desempeñar sin una abundante experiencia previa en el gobierno federal —o al menos en la política local o el Congreso— o su equivalente en la academia o la iniciativa privada.

El problema no fue la edad de Mouriño, Herrera, Cordero o Poiré sino la legión de jóvenes que se formaron detrás de ellos, que llenaron sus equipos de trabajo y a quienes rápidamente el Estado mexicano les estaba pagando salarios iguales o superiores a los de servidores públicos de larga trayectoria.

Fue en ese ambiente que se moldearon jóvenes funcionarios como Rafael Miguel Medina Pederzini y Sergio Israel Eguren Cornejo, los dos funcionarios de la delegación Benito Juárez que fueron detenidos en Brasil por propinar una golpiza al abogado Davi Sávio luego de que éste saliera en defensa de su esposa, a quien alguien del grupo en que viajaban los dos panistas había manoseado.

Por supuesto, esos hechos tendrán que ser dilucidados por la justicia local y hasta entonces se podrá saber, con toda certeza, si son culpables.

Lo que sí es válido discutir es la forma en que funcionarios de la estirpe de Medina y Eguren treparon por la estructura del servicio público, sirviendo más a los intereses de sus jefes y su partido —en ese orden— que los de la ciudadanía.

En la edición de Excélsior de ayer miércoles, el reportero Andrés Becerril recurrió a ese insumo de la labor periodística que es la memoria y recordó que los exdiputados locales Medina y Eguren son, junto con los actuales diputados Santiago Taboada y Christian von Roehrich, “parte del grupo de amistades y fiesta, que encabeza Jorge Romero Herrera, jefe delegacional en Benito Juárez”.

En 2012, Medina fue acusado por tres de sus correligionarios, ante la fiscalía de delitos electorales, por haber echado mano del programa Oportunidades en su intento de hacerse de la candidatura del PAN a la jefatura delegacional en Álvaro Obregón.

Por su parte, Eguren se formó bajo la tutela del secretario de Seguridad Pública federal Ramón Martín Huerta. A la muerte de éste, en 2005, pasó a la Secretaría de Gobernación por invitación de Gonzalo Altamirano Dimas. Eso le bastó para después ser asesor del coordinador de la bancada panista en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, Miguel Hernández Labastida.

En la IV Legislatura de la ALDF (2006-2009), Medina y Eguren fueron compañeros de Jorge Romero, quien presidía la Comisión de la Juventud.

Junto con él formaron un grupo político que se ha vuelto hegemónico en el PAN capitalino.

Cuando se quedaron sin trabajo, en 2012, Romero los incorporó en su equipo de trabajo. A Medina, como coordinador de Gabinete y Proyectos Especiales, y a Eguren, como director general de Desarrollo Delegacional.

Ayer, en medio del escándalo, fueron destituidos.

Durante los dos sexenios de dominio panista sobre la política nacional proliferaron grupos como ese, formados por jóvenes sin mucha preparación ni muchas convicciones, dispuestos a comerse no el mundo sino el presupuesto y las oportunidades de negocio que desgraciadamente van asociadas con los cargos públicos.

Jóvenes que han vivido sin límites porque todo lo que han conseguido ha sido muy fácil para ellos.

Por supuesto, el PAN no es el único partido que ha permitido a este tipo de personas escalar políticamente. También los puede uno encontrar en el PRI, el PRD y el Partido Verde.

A reserva de que se confirmen los cargos contra Medina y Eguren, no deja de llamar la atención que estuvieran en Brasil, presenciando un partido de la Selección Nacional en octavos de final, y no en sus escritorios, desde donde supuestamente estaban pendientes de las necesidades de los ciudadanos.

O quizá no tanto, porque es bien sabido que estos jóvenes políticos viven para la juerga, incluso más que para la grilla.

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