Arnaldo

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Pascal Beltrán del Río 02/07/2014 02:39
Arnaldo

Hace unas semanas comí con Lorenzo Córdova, consejero presidente del Instituto Nacional Electoral. Una de las primeras cosas que hice fue preguntarle por su papá, el doctor Arnaldo Córdova, a quien no veía desde hacía largo tiempo.

Me dijo que había estado mal de salud, pero nunca imaginé que tanto.

Sentí una gran tristeza al enterarme ayer por la tarde de su fallecimiento. La de Arnaldo Córdova fue una de las mentes más lúcidas de nuestro tiempo. Hombre de una honestidad intelectual a prueba de todo, supo combinar el trabajo analítico con la acción política, y jamás confundió el afecto con las ideas.

Nacido en 1937, estudió derecho en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, y luego se doctoró en filosofía del derecho en Roma. En 1956 ingresó en el Partido Comunista Mexicano, del que salió una década después, luego de ser segregado por sus ideas gramscianas.

Durante los años setenta produjo una serie de investigaciones que ayudaron a comprender la naturaleza de la clase política que surgió de la Revolución Mexicana. En lo personal, sus libros La formación del poder político en México y La ideología de la Revolución Mexicana eran de consulta permanente durante mis años universitarios.

A finales de esa década, formó parte del Movimiento de Acción Popular (MAP), junto con Rolando Cordera, José Woldenberg, Adolfo Sánchez Rebolledo y otros. Dicha organización estuvo entre las fundadoras del Partido Socialista Unificado de México, donde Córdova sería nuevamente marginado por pretender, como él decía, “enseñarle a la izquierda a hacer una política para ganar”.

En la LII Legislatura del Congreso de la Unión, entre 1982 y 1985, Córdova fue uno de los 17 diputados federales de la bancada del PSUM.

En 1988, la Fundación John Simon Guggenheim le otorgó una beca en la categoría de ciencias políticas latinoamericanas. La beca es una distinción que han recibido intelectuales mexicanos de la talla de Fernando del Paso y Hugo Hiriart.

Para quienes no lo conocían, Arnaldo Córdova podía pasar por gruñón e intolerante. Sí es verdad que defendía sus ideas apasionadamente, pero también era un extraordinario y cálido anfitrión, un hombre abierto a discutir.

Hace unos años estuve con él en Pátzcuaro, donde se retiró unos años a vivir. Me llevó a recorrer la ribera del lago, cuyos problemas de desecación conocía perfectamente. Recuerdo una vista espectacular, desde una loma. “¿A poco no es de las cosas más bonitas que has visto?”, me preguntó, emocionado por un atardecer que seguramente él ya había contemplado muchas veces.

En abril de 1991 le hice una larga entrevista en su casa. Tres de sus excompañeros del MAP —José Woldenberg, Adolfo Sánchez Rebolledo y Pablo Pascual Moncayo— acababan de renunciar al PRD luego de menos de dos años de militancia.

Recién releí la conversación. Las ideas de Córdova son tan vigentes que pudieron haber sido expresadas ayer y ajustarse a la realidad del PRD, partido de cuyo Consejo Nacional formó parte a pesar de la oposición de algunos dirigentes.

A continuación, recojo algunas de ellas. Al leerlas, sitúese, estimado lector, a la mitad del sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

  • “No he pensado en irme del partido. Confío en que ocurran cambios en el PRD; que crezca la conciencia de abrir espacios de discusión y desechar la visión de poco alcance que practica nuestra dirigencia. Debo decir que no soy muy optimista al respecto, al menos en el corto plazo.”

 

  • “En lugar de avanzar, nos quedamos en posición de mera expectativa. A casi tres años (de 1988), parece mentira que nos hayamos sentado a esperar que esto acabara. El gobierno nos golpeó sin piedad y nos echó la culpa de cuanto mal pasaba (…) nos cercó y seguimos acorralados, siempre llegando tarde.”

 

  • “En lugar de tomar al toro por los cuernos, se pretende darle vueltas para ver si lo mareamos y cae muerto. Es irracional que (…) a cada rato se ponga en duda la efectividad del sufragio, como si de lo que se tratara es de convencer a la gente de que no vote.”

 

  • “A diferencia de lo que pasaba en las organizaciones de izquierda (de antaño), donde predominaban los grandes mitos teóricos, ahora estamos en una situación en que la factualidad se impone sobre el doctrinarismo. No hay planteamientos teóricos ni parece haber apetito por ellos. Siempre estamos vencidos por la realidad.”

 

  • “Al PRI se le ha venido obligando a que haga cosas que no le gustan. Ya no puede actuar como hace 15 años. ¿Cuánto tiempo más tomará (sacarlo del poder)? Imposible saberlo. Pero no hay otra que echarle la opinión pública encima. Hoy estamos ante una disyuntiva: o vamos en serio a la democracia pactada o seguimos en la confrontación, para la que veo al PRD muy mal dotado.”

Así era Arnaldo Córdova. Irreverente y claridoso, ácido y profundo. Un historiador acucioso con la mira puesta en el futuro. Un hombre con cuyas posturas no siempre coincidí, pero al que siempre había que reconocer la ética que imprimía en su crítica al poder.

 

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