Hoy no planeo

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Pascal Beltrán del Río 25/06/2014 01:26
Hoy no planeo

La ampliación del programa Hoy No Circula en el área metropolitana de la capital del país es una medida que merece ser analizada en todas sus vertientes antes de emitir una opinión.

Por un lado, es cierto que cuenta con el aval científico de una institución reconocida, como lo es el Centro Mario Molina. Y también, que la peligrosidad de respirar el aire en esta urbe ha sido relegada como tema de la agenda pública.

Hace un año, la organización Clean Air Institute —creada en 2006 a instancias del Banco Mundial— alertó que México es el segundo país de América Latina en muertes por contaminación del aire. Cada año ocurren 15 mil decesos por esa causa.

Asimismo, que la concentración de material particulado en el ambiente de la Ciudad de México es de 57 microgramos por metro cúbico, lo que rebasa por mucho el nivel recomendado por la Unión Europea y la OMS, que es de 20 a 40.

La zona metropolitana también rebasa las normas internacionales en presencia de ozono y dióxido de nitrógeno, indicó el estudio de Clean Air. La organización llamó a las autoridades —no sólo de esta capital sino de otras urbes, como Monterrey y Guadalajara— a adoptar medidas para monitorear y mejorar la calidad del aire.

Es lo que, entiendo, está haciendo el Gobierno del Distrito Federal, en coordinación con las autoridades del Estado de México, lo cual a todo mundo debería parecerle encomiable.

Sin embargo, como ocurre con frecuencia en nuestra vida pública, los problemas se comienzan a atender cuando sus consecuencias son evidentes y han empezado a costar dinero y vidas.

Adolecemos como sociedad de casi cualquier tipo de planeación urbana. Por culpa de la indolencia y la corrupción, las ciudades se han ido poblando a la buena de Dios, sin considerar las necesidades de sus habitantes, como la movilidad.

Ya ni llorar es bueno, pero pudimos haber evitado muchos problemas provocados por la congestión vial si nos hubiéramos preparado para el crecimiento del área metropolitana con un sistema de transporte público adecuado.

Aquí he escrito sobre las penurias que pasan y el costo en que incurren los habitantes de muchos municipios de la zona conurbada para venir al DF. Su gasto en transporte puede rebasar los 200 pesos por persona al día y el tiempo de traslado puede ser de varias horas.

Eso hace que poseer un auto sea una necesidad más que un lujo. Hablo de segmentos de la población que difícilmente pueden comprar un vehículo nuevo y tienen que mantener el mismo coche por varios años o comprar uno en estado deficiente y a bajo precio.

A menos de que uno sea coleccionista de autos antiguos, ser propietario de un vehículo de 15 años o más no es algo que ocurra por gusto.

Una persona afectada por la ampliación del programa Hoy No Circula me decía ayer que estaba contemplando vender su auto porque no tenía sentido tenerlo para poder usarlo únicamente cinco días por semana.

Está claro que la medida sea una ocurrencia o un capricho, y que la mayoría de la contaminación proviene de vehículos con motores en mal estado. Sacarlos de la circulación o al menos restringir su uso debe ser parte de un programa para mejorar la calidad del aire.

El problema que tiene esta medida es que no viene acompañada de muchas otras, como parte de un programa integral de lucha contra la contaminación. O si han pensado de ellas, no lo han comunicado suficientemente.

¿Como cuáles? Desde luego, la ampliación y mejoramiento del transporte público metropolitano.

Si 500 mil propietarios de vehículos con antigüedad de 15 años o más y sus familias no podrán transportarse en sus coches entre dos y cuatro días adicionales al mes, uno tiene que preguntarse cómo lo harán.

No creo que sea descabellado pensar que una parte importante de ese parque vehicular tiene su base  en las delegaciones Iztapalapa y Tláhuac, delegaciones cuya movilidad ya se ha visto severamente afectada por el cierre temporal de la Línea 12 del Metro. ¿Ya se sabrá cuántos miles de personas se agregarán a esa ruta?

¿A cuántos pasajeros más pueden transportar el Metro y el Metrobús, que están ya severamente saturados en ciertos horarios, sin considerar fallas técnicas y desvíos por manifestaciones?

Me pregunto si habrán tomado en cuenta las autoridades defeñas y mexiquenses medidas de control de la contaminación como las adoptadas en ciudades como Los Ángeles y Londres y que tan buenos resultados han dado.

¿Por qué no se habilitan vías o carriles en horas pico que sólo puedan ser usados por automóviles con dos pasajeros o más? ¿Por qué no cobrar una cuota por el uso de las vías más saturadas? ¿Por qué no incentivar los horarios flexibles de trabajo?

Las autoridades deben abrir el abanico de opciones y no recurrir únicamente a medidas prohibitivas. Muchas de ellas, como el congestion tax, son incluso recaudatorias.

Por otra parte, no podemos seguir sin una planeación coherente para enfrentar los cambios demográficos.

La Ciudad de México, como cualquier gran urbe, necesita un plan maestro de adaptación a las necesidades de sus habitantes. Lo que ya no se hizo, ni modo, pero nada impide tener una visión estratégica de la capital a diez, 20 y 30 años, no sujeta a vaivenes políticos.

De otra manera, seguiremos parchando lo que se vaya desgarrando, con medidas que la población no entiende. Sobre todo cuando la autoridad un día decide una cosa y al día siguiente, ante la protesta, rectifica y hace otra.

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