Jugar a ganar

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Pascal Beltrán del Río 24/06/2014 01:25
Jugar a ganar

Quizá sea pronto para afirmarlo. Probablemente habrá que encontrar más ejemplos para probarlo… Sin embargo, si alguna enseñanza dejó el partido en el que ayer México se impuso a Croacia es que, al parecer, va quedando atrás el país que no sueña porque está demasiado preocupado por mantener lo que tiene.

A la Selección Nacional le bastaba el empate para amarrar su pase a la siguiente ronda del Mundial. Es más, al saber de la ventaja que Brasil sacaba a Camerún —los partidos fueron simultáneos— y que, por tanto, la posibilidad de alcanzar el liderato del grupo era muy remota, no hubiera sido raro que el técnico nacional ordenara a sus muchachos aguantar y sacar el empate.

Esa hubiera sido una respuesta fiel a nuestra idiosincrasia. Pero ha sido un enorme gozo constatar que eso no ocurrió. Que el equipo se lanzara al frente, con hambre de gol, y dejara atrás sus complejos, los que nos han maniatado como país tantas veces en el pasado. Que jugara a ganar.

Injustamente, pero el Tri tenía un solo gol a favor antes de llegar a Recife. Arriesgar, con la clásica mentalidad mexicana, parecía un error. La vieja lógica —¡y cómo veneramos acá la tradición!— era echarse para atrás y aguantar el vendaval balcánico con la esperanza de que transcurrieran los minutos.

Pero no: la orden fue ir al frente. Con insistencia, con tesón. Matar o morir. Ganar o perder. Al diablo con el puntito al que las selecciones de antaño se hubieran aferrado como un objeto flotante en medio del mar.

Antes del partido, dije a unos amigos que no me daba miedo perder con Croacia. Lo que me daba miedo era empatar, avanzar por inercia, por la gracia de un árbitro que marcó un penal inexistente a favor de Brasil y condenó a Croacia a perder el partido inaugural. Predije un 2-0 a favor de México. Me equivoqué en el marcador.

Sólo tres veces en la historia de los Mundiales había anotado México tres goles o más en un solo partido. La primera fue en el lejano 1930, cuando perdió 3-6 con Argentina; la segunda, en casa, cuando goleó 4-0 a El Salvador, en 1970, y la tercera contra Irán, hace ocho años.

Imaginar que México sería capaz de meter tres goles ayer era una apuesta arriesgada, que remaba contra una historia de más de medio centenar de partidos mundialistas.

Pero no era descabellado pensar en el triunfo. No sólo por impulso del deseo y la ilusión, que invariablemente están ahí cada cuatro años, sino con base en lo visto el partido pasado contra Brasil.

Algunos decían que era patético festejar ese 0-0 como si hubiera sido un triunfo. Se equivocaron. Era en verdad un triunfo. Un triunfo contra la actitud medrosa, chiquitera, del pasado.

Y un pasado ni tan remoto, ese porque si vemos la historia de la etapa de calificación al Mundial, adolecimos justo de eso.

Hace una semana, en Fortaleza, me parece que zarpó una nueva actitud mexicana.

Hacia dónde se dirige y qué tan lejos nos llevará, quién sabe. Pero quiero creer que allí se dijo adiós al México que no se atreve porque no vaya a ser que pierda lo que tiene.

Hace una semana México arriesgó, ni más ni menos que contra el anfitrión del Mundial, el que ya le había ganado tres veces en Copas del Mundo. El resultado fue un empate, pero bien pudo haber ganado. A veces el tino es canijo.

Lo importante, escribí el miércoles pasado, es que los seleccionados se la creyeron. Jugaron al tú por tú con Brasil. El resultado fue lo de menos. Pero esa vez fue esa vez. Ayer México tenía que salir a ganar porque conformarse con calificar a la siguiente ronda no era avance. Ya se ha logrado eso de 1994 para acá, sólo para quedar en la raya.

¿Le ganará México a Holanda el próximo domingo? Tiene con qué, sólo eso puedo decir. Robben, Van Persie y Depay son unos demonios en la cancha, pero enfrente tendrán a Guardado, Márquez y Herrera.

Nuevamente, el Tri tendrá que creer que puede estar en cuartos de final, cosa que nunca ha conseguido fuera de México. Es un objetivo que Miguel Herrera se trazó antes de viajar a Brasil y de que varios se rieron y consideraron imposible.

No está hecho ni será fácil, pero la base para llegar a esa meta está puesta. En este equipo hay objetivo, estrategia, método y liderazgo. Cosas que no se han visto juntas con mucha frecuencia en México. Cosas que no deberían limitarse al futbol.

El éxito como el derrotismo son contagiosos, pienso mientras veo a la gente celebrando en Paseo de la Reforma, ya entrada la noche. Esta generación tiene la posibilidad de superar la visión catastrofista que nos gobernó durante muchísimo tiempo.

En los primeros seis Mundiales de futbol a los que asistió, entre 1930 y 1966, México acumuló 13 derrotas por tres empates y un triunfo.

Pongamos a un lado el interregno de los Mundiales de 1970, 1978 y 1986, dos de los cuales se celebraron aquí. Pero en los últimos seis, de 1994 a 2014, México lleva ocho partidos ganados, ocho empatados y siete perdidos. Ayer se le dio la vuelta al récord perdedor. Si se gana el domingo, la base del éxito se habrá elevado de forma decisiva.

Sé que algunos dirán que esto es sólo futbol. Yo le quito el sólo. En toda sociedad hay detonantes en la creación de una actitud ganadora. Y prefiero el riesgo de caer esta vez en la exageración que ceder a la visión de quienes piensan que México nunca ha podido y nunca podrá.

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