DF: ahí viene el PRI

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Pascal Beltrán del Río 20/06/2014 01:30
DF: ahí viene el PRI

Hace casi 17 años que el PRI perdió el control político del Distrito Federal, pero los priistas no se resignan a que la capital esté escriturada al PRD.

Este fin de semana, el Consejo Político del partido en la capital elegirá a un nuevo dirigente, en un intento por dejar atrás el vergonzoso capítulo de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre y prepararse para los comicios de 2015.

Durante largo tiempo, el PRI no hizo mayor cosa por rehacerse de posiciones en la ciudad. A partir de 2000, los priistas tenían preocupaciones mayores, comenzando por su propia sobrevivencia como partido, tras de la pérdida de la Presidencia de la República.

Sin embargo, después de haber regresado a Los Pinos hace año y medio, ahora parece tener una estrategia para volver a ser relevante en una entidad que nunca ha gobernado por mandato de las urnas.

Para echarla a andar, necesitaba desprenderse del enorme factor de desprestigio que era Gutiérrez de la Torre. Para su fortuna, se ocupó de ello un medio de comunicación identificado con la izquierda que, por tanto, no ha sido señalado como partícipe de alguna maniobra.

El mando que ejerció el llamado Príncipe de la Basura sobre el priismo capitalino fue tolerado por la dirigencia nacional porque supuestamente era el único militante dispuesto a aportar recursos a la organización. Cuando tuvo claro que Gutiérrez de la Torre no sólo no daba dinero al PRI sino que se lo sacaba, se decidió que era hora de cambiar de líder.

Durante las décadas en las que el DF fue gobernado como una dependencia del gobierno federal, el PRI no se preocupó por generar una clase política local. Al contrario, el partido usaba las candidaturas defeñas y las oficinas delegacionales y del antiguo Departamento Central para acomodar a políticos de otras partes del país.

Las escasas figuras que dio el PRI capitalino en las últimas dos décadas del siglo pasado —María de los Ángeles Moreno, Jorge Schiaffino, Paloma Villaseñor, Manuel Jiménez Guzmán y otros—difícilmente podían organizar en su entorno grupos políticos localmente poderosos, como los Lugo en Hidalgo o los Figueroa en Guerrero.

Por si fuera poco, las organizaciones sociales que servían de base electoral al PRI —y sobre las que tenían control el exregente Manuel Camacho Solís y su grupo— se pusieron al servicio del PRD una vez que éste salió del partido en 1995.

El cambio de manos de esa maquinaria es uno de los factores que explican que el PRI haya pasado de arrasar en el DF, en las elecciones intermedias de 1991, cuando obtuvo 1.5 millones de votos contra menos de 400 mil del PRD (en la elección de diputados federales), a ser segunda fuerza seis años después, cuando la votación priista cayó a 900 mil, en tanto la del PRD se elevó a 1.7 millones.

Sin dinero ni voto corporativo, el PRI se tuvo que conformar con recoger migajas en las elecciones del Distrito Federal y fue rápidamente relegado a la tercera posición.

Hoy las cosas son diferentes. El partido recuperó la Presidencia. También, varios de los municipios conurbados de la capital que estaban en manos del PAN o del PRD. Por eso se siente en condiciones de intentar el asalto del poder en el DF, donde el PRD, que ha sido la fuerza hegemónica desde 1997, podría sufrir una sangría de votos a manos de Morena.

Para que no quede duda de que el PRI va bien apoyado en el intento, quien se registrará para tomar las riendas del partido en la capital es Mauricio López Velázquez, exlíder de la bancada del PRI en la Asamblea Legislativa y hasta hoy coordinador de asesores del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Es probable que su elección por parte del Consejo Político resulte un mero trámite, pues no se sabía que alguien más fuera a disputar el cargo.

La candidatura de López Velázquez será apoyada por un grupo de mujeres priistas, encabezado por la senadora Arely Gómez, lo que enviará el mensaje de que el partido quiere dejar atrás el penoso lastre que representa la historia de Gutiérrez de la Torre.

Además de los conflictos internos en el PRD, que probablemente se agudicen con la elección de su próximo dirigente nacional y se reflejen en la ciudad, el PRI defeño podría capitalizar el desorden interno del PAN, donde ninguno de los grupos ha logrado una posición hegemónica.

En su contra, el PRI tendrá una casi completa ausencia de cuadros, lo que lo limitará de cara a las elecciones, que están a menos de un año de distancia. Aun así, los priistas podrán abrevar en temas que los gobiernos perredistas no han podido atender debidamente en los últimos 17 años.

Por ejemplo, la pobreza en la Ciudad de México. De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), hay 2.5 millones de pobres en el Distrito Federal, de los cuales 219 mil se encuentran en pobreza extrema. Pese a haber realizado un fuerte gasto en programas sociales, la pobreza pasó de 28.5% a 28.9% entre 2010 y 2012.

Eso no quiere decir que el perredismo no haya tenido éxitos durante el tiempo que ha gobernado la capital. Sin ellos hubiera sido imposible lograr la elección de tres jefes de Gobierno de manera consecutiva.

Sin embargo, cualquier partido sufre desgaste durante una permanencia prolongada en el poder. El PRI, que lo vivió en carne propia, está oliendo la sangre en el Distrito Federal y preparándose para atacar.

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