Los presidentes y el futbol

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Pascal Beltrán del Río 16/06/2014 01:36
Los presidentes y el futbol

La política y el futbol comparten una relación muy especial y tienen mucho más en común de lo que suele pensarse.

Ambos apelan al interés de millones de personas. Una y otro generan enormes expectativas y son causa de sectarismo. Y en los dos casos se premia en exceso a los ganadores y se olvida rápido a quienes pierden.

La política y el futbol morirían sin los reflectores. Por lo mismo, quienes los practican profesionalmente han aprendido a atraerlos.

Las actividades de políticos y futbolistas, tanto dentro como fuera del espacio de su desempeño, son motivo de una revisión obsesiva por parte de los medios. Si un político se quita el bigote o un futbolista tiene una nueva cábala, es noticia.

Por eso no debe llamar la atención que los políticos mexicanos no pierdan la oportunidad de estar cerca del futbol, particularmente cada cuatro años, cuando se celebra la Copa del Mundo.

En estos últimos días hemos podido ver imágenes del presidente Enrique Peña Nieto celebrando con su equipo el gol que dio el triunfo a México sobre Camerún en el arranque del Mundial.

También, del expresidente Felipe Calderón, a bordo de uno de los cruceros que transportan a aficionados mexicanos a las sedes de la Copa donde jugará el Tri, retratándose con ellos.

Los políticos saben que si se asocian con el futbol, especialmente si lo hacen junto con un público que disfruta de la actuación del equipo mexicano en la máxima justa futbolística, están haciendo lo correcto para su imagen.

¿Cuántos tuits de políticos recuerda usted que hayan reconocido los recientes triunfos de la selección mexicana de volibol varonil en el torneo la Liga Mundial de ese deporte, en Túnez?

En México el futbol no es cualquier deporte, igual que el cricket tampoco en Paquistán o el rugby en Nueva Zelanda. El futbol jala masas en nuestro país y las masas son el ambiente natural de los políticos.

Fue el presidente Álvaro Obregón quien vio en el futbol la posibilidad de aprovechar un espectáculo público para zanjar las barreras sociales.

Con motivo de los festejos del Centenario de la Consumación de la Independencia, en 1921, y por decreto presidencial, se organizó el primer campeonato nacional de futbol, con equipos de Jalisco, Veracruz, Hidalgo y la Ciudad de México.

Paradójicamente, dos equipos españoles, el España y el Asturias, llegaron a la final del torneo, celebrado en el Real Club España. El partido terminó en escándalo, cuando a la mitad del segundo tiempo, los jugadores del Asturias abandonaron la cancha para protestar por la marcación de un penal.

Sin embargo, los presidentes de la época posrevolucionaria no desistieron en su interés. Nueve años después, el 14 de septiembre de 1930, Pascual Ortiz Rubio fue invitado a la inauguración del Parque Necaxa, construido en terrenos cedidos por el dueño de ese club, cerca del río de La Piedad, donde se enfrentarían el equipo local y la Selección Mexicana, que volvía del primer Mundial de Futbol en Uruguay.

Las crónicas de la época refieren que esa vez, la primera que un mandatario asistía a un partido de la Selección, Ortiz Rubio llegó tarde al estadio y fue necesario detener el partido para que el Presidente pudiera dar la patada inicial.

Quizá porque las participaciones de México en los primeros mundiales fueron desastrosas (el primer empate llegó apenas en 1958 y la primera victoria, en 1962), los presidentes, de Lázaro Cárdenas a Adolfo Ruiz Cortines, no fueron entusiastas del futbol.

Sin embargo, Adolfo López Mateos se propuso conseguir para México la sede de los Juegos Olímpicos y del Mundial de Futbol y consiguió ambas designaciones de parte del COI y la FIFA antes de terminar su gestión.

Por primera vez, un Presidente, Gustavo Díaz Ordaz, abanderó a la Selección Mexicana, previo a su participación en el Mundial de 1970, ceremonia que con el tiempo se volvería costumbre.

En el sexenio de Luis Echeverría, vino la eliminación del Tri para participar en la Copa del Mundo de 1974, primera vez que México no estaría en un Mundial desde 1950. Y en el de José López Portillo fue tan vergonzosa la actuación del Tri en Argentina 1978, que no mereció una sola línea en las memorias del expresidente, Mis tiempos.

El presidente Miguel de la Madrid sí tuvo una mención en sus propias memorias para el Mundial de 1986, efectuado en México. “Fui objeto de una notoria rechifla”, escribió en Cambio de rumbo, al referirse a su presencia en la ceremonia inaugural, similar a la que se llevó la presidenta brasileña Dilma Rousseff, el jueves pasado, en Sao Paulo.

Sin embargo, agregó De la Madrid, “hay que ubicar la importancia relativa de la rechifla, pues me parecería un grave error entenderla como un referéndum negativo al gobierno”. Para el expresidente no fueron las clases populares las que lo repudiaron de esa manera sino “la nueva burguesía mexicana” creada por la “recomposición de la sociedad mexicana”.

El Tri no ha faltado a un Mundial desde 1994, seis veces incluyendo ésta. Y todos los presidentes, comenzando por Carlos Salinas de Gortari, han aprovechado el viaje para despedir a los seleccionados como un ejército que se va a la guerra, exhortándolos a defender el honor nacional.

Desde aquella Copa del Mundo en EU, la Selección ha llegado al cuarto partido, pero no ha pasado de ahí. Pero no importa, porque la política y el futbol están gobernados por la ilusión.

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