Un nuevo Bin Laden

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Pascal Beltrán del Río 13/06/2014 01:10
Un nuevo Bin Laden

Mientras el balón del Mundial de Futbol comienza a rodar, el Medio Oriente se vuelve a convulsionar.

Una organización yihadista formada hace poco más de un año y conocida por sus siglas ISIS (Estado Islámico en Irak y el Levante) expandió en muy pocos meses su actividad más allá de Siria, donde combate lo mismo al régimen de Bashar al-Assad que a otros grupos terroristas, y ahora marcha sobre Bagdad.

En cosa de días, las fuerzas de ISIS —que recluta soldados vía internet por todo el mundo— tomaron Mosul, la principal ciudad del norte de Irak. Allí ocuparon el consulado de Turquía e hicieron rehenes a medio centenar de ciudadanos de ese país.

El miércoles entraron en Tikrit, el lugar de nacimiento del exdictador iraquí Saddam Hussein, que se encuentra a sólo 180 kilómetros de Bagdad.

Los recientes avances de ISIS coinciden con deserciones masivas en el ejército de Irak. A pesar de tener muchos más efectivos que los yihadistas, el ejército iraquí ha sido presa de la división religiosa que está desgarrando al país.

ISIS es una fuerza que se reivindica como sunita, mientras que entre los soldados de Irak ha habido siempre una mezcla de chiitas y sunitas, pero ha ganado terreno la percepción de que el ejército está al servicio del gobierno, de signo chiita, lo cual está provocando la deserción de sunitas.

Sobre los orígenes y objetivos de ISIS se sabe poco, en parte porque suele capturar a los periodistas antes que darles información.

Ha trascendido que el grupo se formó en abril del año pasado, como un desprendimiento de Al Queda en Irak (AQI), organización dirigida por un hombre joven y violento, Abu Bakr al-Baghdadi.

En el curso de combatir en Siria al régimen de Assad, el grupo de Baghdadi rompió con Al Qaeda, representado en el conflicto sirio por Jabhat al-Nusra o Frente de Apoyo al Pueblo de Siria. Ambas organizaciones pelean hoy una contra otra.

En Siria, ISIS ha obtenido el control de varias ciudades, donde ha impuesto la ley islámica. Una de ellas es Raqqa. Allí los militantes del grupo se han dado a conocer por actos de salvajismo, como crucificar a quienes ven como opositores (no se las recomiendo, pero hay imágenes de ello en internet).

De acuerdo con relatos, patrullas de militantes vestidos de negro rondan Raqqa en busca de mujeres que no se visten como lo prescribe la organización. Cuando las encuentran, no sólo las castigan sino también a los hombres de su familia, pues consideran que las mujeres son de su propiedad.

Una narración de la vida en Raqqa describe un café internet, donde combatientes tunecinos hablan por Skype con sus familiares y los conminan a viajar a Siria para unirse a su grupo.

Se estima que dos de cada tres combatientes de ISIS son extranjeros. La mayoría aparentemente son chechenos, pero los servicios de inteligencia occidentales, citados por diferentes medios internacionales, aseguran que hay ciudadanos británicos, franceses y estadunidenses en sus filas.

En marzo pasado, el grupo terrorista centroasiático Jamaat Sabiri —formado por militantes provenientes de las exrepúblicas soviéticas de Uzbekistán y Tayikistán y de la república rusa de Daguestán— dio a conocer en un comunicado, en ruso, que se unían a ISIS. Entre sus aportaciones al grupo, se afirma, está un importante arsenal.

Todo esto ha prendido las alarmas en Washington, Jerusalén y Teherán. De hecho, expertos en política de la región consideran que Irán está preparándose para una nueva guerra contra Irak en caso de que ISIS logre tomar Bagdad.

En una muestra de la falta de control que ya evidencia el gobierno del primer ministro Nuri al-Maliki, los combatientes de ISIS destruyeron el puesto fronterizo entre Siria en Irak, colocado sobre la casi centenaria línea Sykes-Picot que divide los dos países.

Menos de cuatro años después de la llamada Primavera Árabe, cuando se pensaba que las organizaciones yihadistas no tenían futuro, irrumpe la furia de ISIS en el mapa de Medio Oriente.

Desde la muerte de Osama bin Laden, Al Qaeda no ha logrado articular los movimientos islámicos fundamentalistas. El actual dirigente de la organización, el egipcio Ayman al-Zawahiri, que la próxima semana cumplirá 64 años de edad, parece menos capaz que el joven Baghdadi, nacido en 1971, para llevar simpatizantes hacia el terrorismo.

Es difícil comprender la vuelta que han dado las cosas en Irak, y en la región en general, sin considerar la intervención estadunidense de 2003. Ésta acabó con la dictadura de Hussein, pero, al mismo tiempo, destruyó las instituciones y las fuerzas armadas de Irak sin sustituirlas por nada sólido.

¿Qué hará ahora Washington? ¿Volver sobre sus pasos en Irak? Los últimos soldados estadunidenses abandonaron ese país en diciembre de 2011, en cumplimiento de una promesa de campaña hecha por el presidente Barack Obama.

Los hechos en Mosul y Tikrit, que han hecho huir a medio millón de personas, son muy graves.

El ISIS no es un grupo cualquiera. Nunca, una organización fundamentalista había logrado controlar un territorio tan vasto ni avanzar de manera tan rápida, apoyada por artillería pesada, vehículos de transporte de personal e incluso helicópteros, una parte de ellos capturada al ejército iraquí.

Habrá que observar cuidadosamente el desarrollo de los hechos en Siria e Irak. Se trata de un conflicto que ya involucró a varias naciones, como Turquía –miembro de la OTAN— e Irán.

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