Tiempos de cambio

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Pascal Beltrán del Río 12/06/2014 01:20
Tiempos de cambio

El avión presidencial aterrizó en México ayer poco antes de las 7:00 de la mañana, trayendo de regreso a Enrique Peña Nieto y su comitiva, luego de una gira de trabajo de siete días por Europa.

En el equipaje del mandatario venía una serie de acuerdos con Portugal y España: promesas de inversión de empresas portuguesas en los sectores turístico y energético, y colaboración española en seguridad pública, educación y cultura, entre otros rubros.

Sin embargo, habrá pocos recuerdos de este viaje tan importantes como la oportunidad de encontrarse inmerso en un mundo cambiante, con el que México busca estar en sintonía.

No cuesta trabajo adivinar que la gira por la Península Ibérica fue originalmente ideada para promover que México será sede de la XXIV Cumbre Iberoamericana —se llevará a cabo en Veracruz, en diciembre próximo—, una iniciativa de integración estrenada en Guadalajara en 1991 cuando el mundo emergía de la lógica de los bloques de orientación ideológica.

La historia quiso que la visita del Presidente mexicano coincidiera con el fin de una etapa en España, el cambio más importante que experimenta ese país desde el retorno de la democracia en 1976.

La abdicación del rey Juan Carlos, que ha dado lugar a la próxima proclamación de su hijo Felipe, ocurre en momentos en los que España requiere de aires nuevos. Los efectos persistentes de la recesión desatada en 2008 y el deterioro de la imagen de la monarquía hicieron necesario el relevo.

Menos fortuita, pero igualmente importante, fue la visita en estos momentos al Vaticano.

Sacudida por escándalos financieros y casos solapados de pederastia en sus filas, la Iglesia optó por el cambio el año pasado —también por la vía de la abdicación, por cierto— y el nuevo Papa ha abrazado la transformación de la institución, tanto en lo ceremonial como en lo sustancial.

Durante sus presentaciones públicas, el Presidente dio muestras de no desconocer el significado de los acontecimientos en uno y otro lugar.

Supo interpretar que las ruedas de la historia giran en España y en la Santa Sede, y se subió al barco. No lo hizo como polizón sino con boleto pagado: mostrando las transformaciones que el Ejecutivo y el Legislativo han negociado y puesto en marcha.

Ante el Congreso de los Diputados, en Madrid, aludió amplia y puntualmente a esos cambios.

Citando a los escritores Octavio Paz y Sergio Pitol, hizo una explicación de las reformas legales que se han emprendido en México, y dio el crédito debido a las fuerzas de oposición en el Congreso.

“De todos ellos, de partidos políticos y legisladores, valoro su madurez política, porque en un ambiente de libertad y pluralidad democrática, decidieron privilegiar las coincidencias para lograr acuerdos fundamentales”, dijo el Presidente.

En el México proclive a la flagelación, sus palabras pudieran sonar huecas, pero los medios españoles, que no tendrían por qué prestarse al elogio fácil de un mandatario extranjero, aquilataron la exposición, tanto en la tribuna del recinto de la madrileña Carrera de San Jerónimo como en otras presentaciones públicas en las que el Presidente habló de los cambios que quiere impulsar.

“Peña Nieto recibe el apoyo de España a su agenda de reformas”, cabeceó, por ejemplo, el diario El País.

En cuanto a las reuniones privadas durante la gira, también valen la pena algunos subrayados.

El más importante, para mí, por el encuentro con el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin. Nuncio en Venezuela durante la última etapa del gobierno de Hugo Chávez, Parolin sorteó la difícil relación con Caracas.

Diplomático desde hace casi tres décadas —con experiencia en México y Nigeria, entre otros países—, el cardenal Parolin tomó posesión de su actual cargo el 15 de octubre pasado, en sustitución del polémico Tarcisio Bertone.

Tratar en persona con el brazo derecho del Pontífice implica la construcción de una relación personal con éste.

El Presidente vuelve con la aceptación de Francisco de visitar México el año entrante. Así, de paso, exorcizó la percepción de que el Papa quería guardar distancia de nuestro país por ser el lugar de origen de Marcial Maciel, cuya historia está en el centro del capítulo vergonzoso de pedofilia que la Iglesia ha comenzado a atender. 

Este Papa no es solamente cabeza del credo con mayor número de fieles en el país sino alguien que en poco más de un año en el Trono de San Pedro ha logrado revolucionar a una institución a la que le cuesta mucho trabajo moverse y proyectar algo fresco sobre una imagen seriamente deteriorada.

Asociarse con agentes del cambio parece ser uno de los pilares del mensaje de transformación que quiere transmitir Peña Nieto.

En un mundo globalizado, el éxito es de las naciones que desarrollan una marca y definen qué desean vender al resto de los países.

El Presidente quiere rodearse de quienes están abandonando viejas prácticas y venciendo las resistencias al cambio.

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