Live Aid región 4

COMPARTIR 
Pascal Beltrán del Río 04/06/2014 01:22
Live Aid región 4

Hace casi 29 años, el 13 de julio de 1985, un grupo de bandas y solistas de varios países, convocados por los músicos Bob Geldof y Midge Ure, participaron en conciertos simultáneos en Londres y Filadelfia, denominados Live Aid, para recaudar fondos en beneficio de Etiopía y Somalia, naciones africanas azotadas por el hambre.

Además de representar un acontecimiento musical histórico —con la participación de U2, The Who, The Cars, Simple Minds, Duran Duran, Ultravox, Tears For Fears y muchos otros—, Live Aid recaudó 150 millones de libras esterlinas, cantidad que fue enviada a las víctimas de la devastadora sequía en el Cuerno de África.

No sé si en un intento de imitar aquel ejercicio de solidaridad, la secretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles, dispuso que, como parte del Mes de la Cruzada Nacional contra el Hambre, del año pasado, se celebrara un concierto de rock en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México.

Titulado Compartamos la música, erradiquemos el hambre, el concierto tuvo lugar el 30 de abril de 2013, con un cartel integrado por La Gusana Ciega, Ruido Rosa, Ely Guerra y DLD.

De acuerdo con información oficial, la Secretaría de Desarrollo Social intercambió nueve mil 584 boletos por 25 toneladas de alimentos, aportados por los asistentes al espectáculo. Entre los comestibles donados —se pedía un mínimo de un kilo por boleto— hubo arroz, frijol, lentejas, maíz, azúcar, pastas para sopa y aceite.

Considerando que un litro de aceite o un kilo de frijol andaban, por aquellos días, en 13 pesos, si se monetiza el monto de lo recaudado, el total ascendería a unos 325 mil pesos. Si la mayoría de lo donado hubiese sido lenteja o azúcar, podría haber subido al medio millón de pesos.

Sin embargo, a diferencia de Live Aid, donde los músicos donaron su tiempo para ser parte de ese esfuerzo humanitario, en el caso de Compartamos... no se dejó de pagar a las bandas.

Eso lo sabemos porque Ernesto Méndez, reportero de Excélsior y Grupo Imagen Multimedia, hizo una solicitud pública de información, con base en la Ley de Transparencia, para conocer el costo de las actividades del primer Mes de la Cruzada contra el Hambre, que, por cierto, contó con la asistencia del expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.

Luego de muchas resistencias por parte de la Sedesol para cumplir con su obligación de informar, se pudo saber que sólo el concierto en el Auditorio Nacional tuvo un costo para el erario de casi diez millones y medio de pesos.

Es decir, cada uno de los 25 mil kilos de ayuda costó 420 pesos, 21 veces más de lo que costaba un kilo de lenteja o de azúcar y 32 veces más que un litro de aceite o un kilo de frijol.

La información revelada me recuerda una de las historias de la tira Mafalda, en la que Susanita dice que cuando sea grande se asociará a una “fundación al desvalido” y organizará “banquetes en los que habrá pollo y pavo y lechón y esas cosas, para poder comprar a los pobres harina y sémola y fideos y esas porquerías que comen ellos”.

No entiendo el propósito de hacer un concierto con bandas que cobran —y es muy su derecho cobrar, no se me malinterprete—, en un recinto que cobra y con proveedores de servicios de luz y sonido que cobran, si no es para hacerse publicidad a costa del erario. ¿O qué? ¿Creían que el concierto iba a generar donativos en cascada para la Cruzada?

Ahora, ¿5.5 millones de pesos para el elenco? ¿Eso cobran? ¿De verdad les pagaron tal cantidad?

Sin embargo, lo más preocupante de la información que —ojo— la propia Sedesol entregó al reportero, es el pago de casi un millón y medio de pesos de “gastos asociados a la producción”, distinto del pago a las bandas, la renta del Auditorio Nacional y del equipo de luz y sonido. Así viene estipulado, sin ofrecer mayor detalle.

El combate al hambre es un proyecto prioritario del gobierno federal, anunciado en el mismo discurso de toma de posesión de Enrique Peña Nieto. En año y medio de la administración, la secretaria Rosario Robles y su equipo han causado, con éste, tres episodios polémicos —los anteriores son su presunto apoyo a las campañas del PRI, el año pasado, y sus recientes declaraciones sobre el número de hijos que pueden tener los pobres— que en nada ayudan al Presidente de la República, ni  mucho menos facilitan su propio trabajo.

En la Cruzada Nacional contra el Hambre, cuya motivación no admite discrepancia, los responsables directos parecen más preocupados en la imagen que en la nutrición. De ahí que también hayan gastado —de nuevo, de acuerdo con la información provista por la propia Sedesol—, 114 millones de pesos en la “Adquisición de Uniformes con la Imagen Institucional” de la Cruzada.

Todo parece indicar que en materia de decoro, andamos en ayunas.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red