El poder de lo simbólico

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Pascal Beltrán del Río 26/05/2014 01:03
El poder de lo simbólico

Sucesor de un hombre para quien la doctrina era el aspecto central del catolicismo, el papa Francisco es un pontífice hecho para la acción.

Desde que se dio a conocer su nombre, en marzo del año pasado, como cabeza de la Iglesia, Francisco ha dejado que sus gestos dominen la formación de su estilo.

El pasado fin de semana dio un paso más en ese sentido, durante un viaje por Tierra Santa.

Programado para coincidir con el cincuentenario de la primera visita de un Papa a esa conflictiva región —la de Paulo VI en 1964—, el viaje de Francisco superó por mucho sus propósitos formales: el ecumenismo y el diálogo interreligioso.

Después de pasar todo el sábado en Jordania, donde celebró una misa a cielo abierto en un estadio y visitó el lugar donde se cree fue bautizado Jesús, Francisco voló directamente en helicóptero a los territorios palestinos en Cisjordania… sin pasar antes por Tel Aviv, como habían hechos sus antecesores Paulo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI al visitar la región.

Por supuesto, una parte del viaje tenía que ver con hablar a los cristianos de Palestina, la parte menos visible del conflicto regional. En Belén, a donde acudió Francisco, llegaron a representar hace algunas décadas 75% de la población y hoy son apenas alrededor de una tercera parte.

Sin embargo, la imagen más poderosa de toda la gira fue la del Papa rezando en silencio con la frente y la palma de la mano derecha pegadas a un muro de concreto que separa a Israel de los territorios palestinos, justo en el sitio donde un grafiti proclama en letra roja “Free Palestine”.

El hecho ocurrió momentos después de celebrar misa en la Plaza del Pesebre, en Belén. Fue, sin duda, y así lo concedió el equipo del pontífice, una declaración silenciosa contra un símbolo que representa la división y el conflicto.

El propio Francisco pidió detener el papamóvil frente al muro. Cuando un funcionario palestino quiso hacerla de guía, el Papa juzgó innecesaria la explicación. “Sé todo sobre esto”, le dijo.

Pese a los intentos del Vaticano de describir este viaje como puramente religioso, la estancia del pontífice en Tierra Santa estuvo cargada de significado político. Habló del “Estado Palestino” y, desde Cisjordania, voló en helicóptero al aeropuerto Ben Gurión, de Tel Aviv, la entrada oficial para los dignatarios que visitan Israel, donde fue recibido por el presidente Shimon Peres.

Es decir, el Papa evitó abandonar la región que administra la Autoridad Palestina a través de un punto de revisión fronteriza, como lo hizo su predecesor Benedicto XVI hace cinco años.

Tanto a Peres, el presidente israelí que dejará el cargo este verano, como a Mahmoud Abbas, el presidente palestino, los invitó a Roma para rezar juntos por la paz. Un gesto sin precedentes, como que el Papa se haya hecho acompañar en su viaje por dos amigos argentinos, uno judío y otros musulmán, el rabino Abraham Skorka y el dirigente islámico Omar Abboud.

Antes de abandonar Cisjordania, Francisco pasó por el campamento de refugiados de Deheishe, uno de los más antiguos del mundo, fundado en 1949 como una solución temporal para dar albergue a tres mil 500 palestinos. En 2008 tenía más de 13 mil habitantes, según Naciones Unidas.

Ahí el Papa hizo otro de sus gestos. Cabeza de una Iglesia plagada de acusaciones de pedofilia, Francisco habló a los niños víctimas de la guerra y les dijo que podía contar con ellos.

En suma, el primer Papa jesuita parece convencido de que los gestos sirven para ventilar y sanar. Es un cambio de actos, más que de discurso. El tiempo dirá si es suficiente para mover la institución que encabeza. Por lo pronto, Francisco tiene al mundo cautivado. 

Apuntes al margen

Hemos visto cómo videos en las redes sociales han provocado denuncias acaloradas sobre el abandono de mascotas. ¿Pero qué pasa con el abandono de ancianos? Ayer Excélsior publicó la historia de don José María, un octogenario al que sus familiares dejaron a su suerte en la sala de espera de un hospital del ISSSTE, y que durmió varias noches en una silla de ruedas prestada. “Ya es el tercer viejito que nos dejan este año”, comentó una trabajadora social. Los derechos de las mascotas han alcanzado mayor visibilidad que los de muchos humanos.

Hay quienes lo creen enterrado, pero el antisemitismo goza de buena salud. Una persona irrumpió el sábado en el Museo Judío de Bruselas y abrió fuego con un rifle de asalto contra varios asistentes. Según el diario belga Le Soir, dos israelíes y una francesa murieron. El victimario no ha sido aprehendido. El ataque ocurre en momentos en que la extrema derecha avanza electoralmente en varios países europeos, incluyendo Bélgica, y el discurso de odio contra los judíos va al alza en el continente.

El huevo de la intolerancia se incuba en la escuela. De acuerdo con la especialista Brenda Mendoza González, de la UAEM, detrás del fenómeno del bullying hay niños “racistas, sexistas y clasistas”, es decir, que rechazan lo que es distinto a ellos. Y hay otro ingrediente en este fenómeno de agresión: la sobreprotección e indisciplina de los hijos. Hemos avanzado en derechos —a ratos, obsesivamente—, en detrimento de las obligaciones. Deberíamos insistir en todos los niveles que el ejercicio de los derechos entraña responsabilidades y respeto.

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