PRD: aspirinas para un anémico

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Pascal Beltrán del Río 08/05/2014 00:57
PRD: aspirinas para un anémico

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) perdió la oportunidad de convertir su 25 aniversario en un pretexto para la refundación y el relanzamiento.

Permitió que en la conmemoración permeara el diagnóstico de su enfermedad divisionista, la que lo condena a ser un partido cada vez más marginal, sin metas concretas ni sello propio.

Hace unos días, al entrevistar a Cuauhtémoc Cárdenas con motivo de su cumpleaños 80, le pregunté si creía que el PRD sería capaz de ganar la Presidencia de la República en 2018.

Categórico, el fundador del partido me dijo que no. “Este PRD no puede aspirar a la Presidencia, mucho menos ganarla”.

El lunes, en la celebración perredista, el ingeniero advirtió que soplaban vientos de fractura en el PRD. Y, efectivamente, los perredistas parecen más preocupados por quién será el próximo dirigente nacional que por el futuro de la marca.

Elección tras elección, el perredismo ha ido perdiendo lustre entre los votantes.

Si hacemos a un lado las elecciones presidenciales —en las que ha llevado a Cuauhtémoc Cárdenas o a Andrés Manuel López Obrador como abanderados— el PRD ha perdido votos.

De las elecciones federales intermedias de 1997 a las de 2009, su porcentaje de sufragios se redujo a la mitad, de 24.97% a 12.20 por ciento.

Lo mismo ocurrió en muchos estados del país. Entre la elección de diputados locales de Veracruz celebrada en 1998 y la de 2007, la votación perredista se redujo en términos nominales de 381 mil a 304 mil, y su porcentaje, de 19.6% a 10.6 por ciento.

En San Luis Potosí, en las cuatro elecciones que se llevaron a cabo entre 1997 y 2009, la cosecha de sufragios del PRD pasó de 62 mil a apenas 64 mil, y su porcentaje, de 9% a 6.7 por ciento.

En Hidalgo, el PRD captó menos votos en la elección legislativa estatal de julio pasado (94 mil) que en la de febrero de 1999 (102 mil). Su porcentaje en ese lapso pasó de 17% a 13 por ciento.

Y así podríamos continuar.

Por supuesto, está el Distrito Federal, donde el PRD ha logrado convertirse en fuerza hegemónica, pero en esto han tenido mucho que ver los errores de los contrincantes. Y otras entidades, como Guerrero, que ha logrado conquistar con base en la construcción de alianzas, pero que lo han desdibujado.

Sin embargo, lo que prevalece a nivel nacional es un partido fragmentado, donde las corrientes internas luchan por hacerse de control de la dirigencia estatal, por las prebendas que esto representa.

¿Y cómo podría ser de otra manera, si eso es justamente lo que ocurre en la cima del partido, en la Ciudad de México?

Si el PRD no tiene una imagen más maltrecha ante el electorado es porque camufló su enfermedad aliándose con Acción Nacional —que trae sus propios achaques— para enfrentar al PRI en las elecciones estatales de 2010 y 2013. Una aspirina que ambos partidos podrían recetarse de nuevo en 2015.

En lugar de recurrir a bandas gruperas para dar la impresión de que un Zócalo concurrido es sinónimo de un partido unido, el PRD debió aprovechar para ajustar sus propuestas a la realidad del país, que poco tiene que ver con la de hace 25 años.

Mejor fue Miguel Ángel Mancera —ni siquiera miembro del partido es él—, quien se atrevió a lanzar una propuesta política novedosa: la de discutir el nivel del salario mínimo.

Se podrá criticar al jefe de Gobierno capitalino por querer resolver la situación de los mexicanos más pobres mediante decreto, pero al menos está pensando en el tema que ha revitalizado a la izquierda en otras partes del mundo: la denuncia de la creciente desigualdad social.

Mientras, en el PRD están buscando soluciones mágicas a su crisis —que sólo podrá agudizarse con la aparición de Morena en el tablero electoral—, como hacer candidato a Alfonso Cuarón.

Apuntes al margen

Como el martes le adelanté que ocurriría, ayer fue consignado ante un juez el exgobernador Jesús Reyna García, como presunto responsable del delito de delincuencia organizada en la modalidad de delitos contra la salud. El michoacano es el tercer mandatario estatal que pisa la cárcel en los 17 meses que lleva este sexenio. Durante los 12 años de la Presidencia en manos del PAN, fue procesado el mismo número de exgobernadores: tres.

La base aérea militar de Santa Lucía, construida en 1978 en el municipio de Zumpango, Estado de México, podría ser cerrada por la ampliación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. La razón es que las operaciones militares interfieren con el nuevo cono de aproximación de la terminal capitalina. En el Plan de Infraestructura 2014-2018 se tiene contemplado un presupuesto de mil millones de pesos para la reubicación, que podría hacerse en Querétaro.

La educación privada no es sólo el privilegio de los ricos. También es la necesidad de las familias menos favorecidas. Michoacán, el sexto estado con mayor porcentaje de población en pobreza (Coneval, 2013), es también la entidad con mayor proporción de estudiantes en escuelas privadas. El dato no debiera sorprender, pues Michoacán se cuenta entre los estados más afectados por los paros magisteriales. Entonces, ¿quiénes son los privatizadores de la educación?

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