Desigualdad

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Pascal Beltrán del Río 02/05/2014 01:28
Desigualdad

Una de las cosas que ha dejado la recesión mundial desatada en 2008 es una dura crítica a la desigualdad que ha generado el modelo económico capitalista.

Eso es particularmente evidente en Estados Unidos, donde dos tercios del crecimiento en materia de ingresos y salarios, entre 1980 y 2013, han sido absorbidos por el uno por ciento de la población.

No se entendería de otro modo el recibimiento que ha tenido, a la manera de un rock star el economista francés Thomas Piketty, autor de un libro que se está convirtiendo en best seller en tiempo récord: El capital en el siglo XXI.

Cuando se presentó, hace unos días, en la City University of New York —junto con los nobel Paul Krugman y Joseph Stiglitz—, la asistencia fue tal que se tuvo que habilitar un par de salas adicionales para que cupieran todos los que deseaban escucharlo.

Semejantes multitudes, poco comunes en el ambiente académico, también acompañaron a Piketty en Boston y San Francisco. “Hay que remontarse a los años 70, con Milton Friedman, para encontrar un economista que haya generado tal debate”, describió Will Hutton, columnista de The Observer.

Aunque la edición francesa del libro, aparecida en septiembre, tiene cerca de mil páginas —la estadunidense, que llegó al número uno en ventas en Amazon, tiene unas 700—, las ideas de Piketty pueden resumirse así: el capitalismo tiende a la desigualdad y el salario no puede competir con el capital en reproducción de riqueza.

Ni siquiera las naciones vistas como paradigmas de la igualdad social, como Suecia, han logrado que más de la mitad de su población se haga de un patrimonio, afirma Piketty, director de estudios de la Alta Escuela de Estudios Sociales de París.

“Que hablemos de la Francia de hoy o de la de hace dos siglos, el diagnóstico es el mismo”, explicó en entrevista con el semanario francés Télérama, en agosto pasado. “La mitad de los ciudadanos no posee siquiera 5% del capital privado nacional. En Estados Unidos es ¡el dos por ciento!”.

Pese a que el título del libro remite a la obra de Carlos Marx, y el pensador alemán está entre quienes han influido en los estudios de Piketty, este economista francés está lejos de ser marxista.

De hecho, Piketty se dice desencantado del discurso de izquierda tradicional.

Nacido en Clichy, en 1971, es hijo de dos activistas estudiantiles de 1968 quienes se conocieron, siendo muy jóvenes, en una manifestación. Los padres de Piketty militaron en la organización trotskista Lutte Ouvrière (lucha obrera), pero fueron marginados de ella por haber cometido el pecado pequeñoburgués de tener hijos.

Buscando un nuevo sentido a su vida, la familia se retiró al campo, en el sur de Francia. Para sobrevivir, el padre de Piketty —parte de una familia acomodada de descendientes italianos de Piamonte— criaba cabras y vendía quesos en el mercado de Perpiñán.

Cuando cumplió la mayoría de edad, Piketty realizó un viaje a Rumanía, donde acababa de ser derrocado el dictador Nicolae Ceausescu.

Regresó convencido de que la economía socialista, que genera “negocios cerrados y colas muy largas para abastecerse”, no era la solución. Esa visita “me vacunó contra la retórica floja anticapitalista”, dijo en una entrevista reciente con The New York Times. “Me quedó claro que necesitamos propiedad privada e instituciones de mercado, no sólo para la eficiencia de mercado sino para la libertad personal”.

Pero para el también fundador de la Escuela de Economía de París, el capitalismo actual no puede cumplir su promesa de generar prosperidad para todos. Bajo ese sistema, la meritocracia —es decir, que cada quien tiene lo que se merece y por lo que ha trabajado— es sencillamente una mentira.

Sobre la democracia, sostiene que se ha vuelto esclava del capital, “cuando tendría que ser al revés”.

Mediante un trabajo basado enteramente en datos y saturado de gráficas, Piketty busca demostrar que el periodo 1950-1980, que dio lugar a la clase media estadunidense y el sueño americano, fue una excepción en la vida del capitalismo.

Sostiene que el capital se redujo entre dos y tres veces a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Después de ese conflicto, dice, “no hubo gran cosa que heredar”. En esas tres décadas, “el nivel de vida del 10% de los asalariados mejor pagados era más elevado que el del 10% de los herederos más favorecidos, es decir, los mejores salarios eran más grandes que los mejores rendimientos del capital”.

Sin embargo, a partir de 1980, la gráfica de concentración del ingreso hace una u, y, de acuerdo con Piketty, los rendimientos del capital se han vuelto inalcanzables para los asalariados, como ocurría en el siglo XIX. “Si se prolonga la tendencia actual —vaticina el economista—, hacia 2040 o 2050 las desigualdades serán insostenibles”.

¿Qué propone Piketty para cerrar la brecha? Una medida tan sencilla como polémica: gravar no solamente los ingresos sino el patrimonio.

La propuesta, que tendría que aplicarse a nivel mundial, va contra las tendencias fiscales en Estados Unidos, donde la carga para la porción más favorecida de la población ha ido a la baja.

Sin embargo, los estadunidenses están escuchando a Piketty, quien ha logrado captar la atención de Wall Street e incluso de la Casa Blanca, con cuyos asesores económicos ya se reunió.

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