Un pony muy bronco

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Pascal Beltrán del Río 10/04/2014 02:13
Un pony muy bronco

Franco y dicharachero, el doctor Roberto González González se escucha seguro del otro lado del teléfono. “Si me van a matar, que me agarren hablando y no callado”.

El alcalde de Mier, Tamaulipas, atrajo la atención nacional e internacional al convocar a una manifestación contra la violencia antier martes, a la que asistieron varios centenares de habitantes de este municipio fronterizo.

Ubicado en la frontera con Estados Unidos, a cien kilómetros de Reynosa y 120 de Nuevo Laredo, Mier es una de las demarcaciones más pequeñas y menos pobladas de Tamaulipas.

Su posición geográfica le ha valido ser escenario de duras batallas entre Los Zetas, que tienen fuerza en Nuevo Laredo, y el cártel del Golfo, uno de cuyos bastiones es Reynosa.

En noviembre de 2010, este pueblo mágico —el único de la frontera— se convirtió en pueblo fantasma cuando centenares de personas abandonaron sus viviendas para irse a vivir a Miguel Alemán, el municipio vecino, u otros lugares, luego de que Los Zetas amenazaran con arrasarlo.

“No queremos otro 2010”, arengó el alcalde durante la manifestación. “No queremos que esto vuelva a ser la Franja de Gaza de la frontera. ¡No queremos más balazos!”

En plática, González cuenta que Mier llevaba año y medio de relativa tranquilidad antes de que la noche del viernes pasado un comando armado irrumpiera en la cabecera municipal y disparara con armas largas contra la fachada de un hotel, donde se hospedaba personal de una transnacional contratada por Pemex para hacer trabajos de exploración en la Cuenca de Burgos.

Después del éxodo de 2010, la calma volvió luego de que el Ejército dejara de forma permanente un batallón en el municipio.

El mitin del martes hizo que se levantaran las antenas en Ciudad Victoria. Ayer acudieron a Ciudad Mier el secretario general de Gobierno del estado, Herminio Garza Palacios, y el comandante de la Octava Zona Militar, general Pedro Felipe Gurrola Ramírez, para dialogar con el alcalde.

Cuando le pregunto a Roberto González —en charla previa a la entrevista que me concedió anoche para Excélsior Televisión— cómo estuvo la reunión, ríe y me responde: “Ay, no me hagas hablar porque luego se enojan”. Aunque inmediatamente agrega: “Dura, dura… Pero cuando uno tiene la razón, cuando uno tiene al pueblo de su lado, no hay que sentirse mal”.

El municipio de Mier vivió la alternancia política por primera vez en su historia en la elección de 2013. Contendieron el exalcalde Abdón Canales, por el PRI, y Roberto González, por el PAN. El segundo ganó con mil 330 votos contra mil 187.

Cirujano dentista y comerciante, González, a quien apodan El Pony, había hecho carrera política en el PRI. Ocupó todos los cargos partidistas en el municipio, así como varias carteras de la administración municipal, antes de abandonar el tricolor en 2012.

Dice que lo echaron del partido cuando, siendo director de Programas Sociales del municipio, advirtió que los errores del PRI lo llevarían a la derrota electoral ese año. “Y así ocurrió. Aquí y en todo Tamaulipas ganó Josefina Vázquez Mota”.

Admite que no es muy ortodoxo que un alcalde convoque a una manifestación y mande bloquear los accesos al municipio. “Yo le pido a los ciudadanos y a las autoridades estatales y federales que nos disculpen, pero lo hicimos para cerrarle el paso a la inseguridad”.

Además, “¿de qué otra manera nos iban a hacer caso?”, pregunta.

El alcalde dice haber llegado a acuerdos concretos con sus interlocutores. “El fin de semana llegarán más elementos del Ejército a reforzar, y el gobierno estatal se comprometió a aplicar un programa de desarrollo social y pedir que Pemex se instale en el municipio”.

A decir de González, aunque los yacimientos explotables de la Cuenca de Burgos están en territorio de Mier, las instalaciones de Pemex se encuentran en Miguel Alemán. “Eso no nos deja nada a nosotros los mierenses”, se queja.

Para el edil, el ataque al hotel donde se hospedaban los empleados de la transnacional Weatherford fue “seguramente un intento de que se asusten y se vayan de aquí”.

-¿Y usted no tiene miedo? —le pregunto—.

-No, ¡qué va! Si me viera... Ahorita estoy hablando con usted desde mi camioneta, con la puerta abierta, estacionado frente a mi negocio. Si me quieren matar, lo harán aunque me cuide un batallón. Y si me van a matar, prefiero que me agarren hablando, no callado.

Se oye sincero este hombre, de 58 años de edad y admirador de las autodefensas de Michoacán, cuando dice que no está asustado. Hace poco le entregó el anillo de compromiso a su novia y adelanta que se casará próximamente.

Sin embargo, al conversar con él, es imposible olvidar los casos de alcaldes asesinados recientemente, como los de Santa Ana Maya y Tanhuato, Michoacán.

A diferencia de ese estado, en Tamaulipas no hay policía municipal. En Mier la vigilancia está en manos del Ejército y la policía estatal.

Así que la seguridad de este hombre está enteramente en manos de la Federación y el estado, aunque él tenga claro que “nadie va a hacer por nosotros lo que no hagamos por nosotros mismos”.

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