Avanza la extrema derecha en Europa

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Pascal Beltrán del Río 25/03/2014 02:34
Avanza la extrema derecha en Europa

El próximo 22 de julio se cumplirán tres años del ataque terrorista en Noruega que dejó 77 muertos y que fue perpetrado por Anders Behring Breivik, un extremista de derecha.

En lugar de que ese hecho hubiera servido de acicate para los partidos democráticos tradicionales de Europa, para crear conciencia sobre los riesgos del pensamiento ultraderechista, ha sido éste el que mayor provecho parece haber obtenido.

Coincidencia o no, la extrema derecha europea salió de su letargo a raíz de la discusión pública que generaron los postulados de Breivik.

Montándose en la crítica de los efectos de la recesión de 2008 sobre la economía del continente, la ultraderecha europea ha logrado una mayor coordinación y se ha anotado triunfos electorales históricos, como el que consiguió el domingo pasado el Frente Nacional, de Marine Le Pen, en las elecciones municipales francesas.

Los partidos de la extrema derecha han hecho campaña contra la Unión Europea, ostentándose como opositores a las medidas de austeridad impuestas por Bruselas en varios países, que se han traducido en pérdida de empleos, reducción de salarios y desaparición de beneficios sociales.

Así, han arrebatado banderas a los partidos tradicionales, que han tenido que cargar con el costo político de imponer las medidas.

Y sus ideas han conseguido penetrar en el centro político, algo que se ve reflejado en las declaraciones de la canciller alemana Angela Merkel y el primer ministro británico David Cameron en el sentido de que el multiculturalismo ha fallado en Europa, o en el desmantelamiento de campamentos gitanos en Francia, ordenado por el gobierno socialista de François Hollande.

De acuerdo con el think tank británico Demos, el crecimiento de los movimientos populistas en Europa en los últimos años se debe a un cambio de enfoque, de la cuestión racial a la xenofobia, y la adopción de tácticas de proselitismo callejero.

“Atrás se quedó el antisemitismo que caracterizaba a la extrema derecha. En su lugar, ha hecho énfasis en la cultura y los valores, de cara al incremento de la inmigración y la amenaza percibida del islam”, dice un estudio de Demos.

“Junto con el éxito electoral de los partidos políticos populistas, ha habido un crecimiento de grupos callejeros con elementos extremistas. Estos grupos, como la Liga de Defensa de Inglaterra, se forman como organizaciones seudoparamilitares y usan el internet y las redes sociales para convocar a manifestaciones y reclutar nuevos miembros”.

Poco después de que se conociera ese estudio, en Grecia el partido Chrysí Avgí (Amanecer Dorado), de tendencia fascista, hizo campaña en las elecciones nacionales de mayo de 2012 contra el desempleo, la austeridad y la inmigración, y obtuvo 7% de los votos, suficiente para meterse en el Parlamento, con 18 de los 300 escaños en juego.

De manera más reciente, Suiza votó en un referéndum, el mes pasado, por poner un tope al número de inmigrantes, una medida apoyada por la extrema derecha del país. El resultado de la votación fue deplorado por la Comisión Europea, por el freno que implicará a la movilidad de la población entre los países de la Unión y Suiza.

En Holanda hubo elecciones para concejales el miércoles pasado. El Partido de la Libertad, liderado por el populista Geert Wilders, tuvo avances regionales. Sin embargo, el mayor éxito de la extrema derecha local fue convertir su postura contra la inmigración en eje de la campaña.

“¿Quieren que en esta ciudad haya más o menos marroquíes?”, preguntó Wilders durante un mitin en La Haya. Sus seguidores rugieron: “¡Menos!”

Al día siguiente de los comicios, un niño de origen marroquí, de once años de edad, tuvo que aguantar que sus compañeros de clase, en Tilburg, le cantaran a coro: “¡Menos, menos, menos!”

Pero el mayor avance hasta ahora logrado por un partido de extrema derecha en Europa es el del Frente Nacional (FN) francés, que el domingo pasado obtuvo 4.5% de la votación nacional en elecciones municipales, cuando que sólo participó con candidatos en 597 pueblos y ciudades.

El FN consiguió por primera vez vencer en primera vuelta (es decir, con más de la mitad de los votos) en dos alcaldías. Y aspira a más en la segunda vuelta, el próximo domingo, pues las dos grandes fuerzas políticas tradicionales, el gobernante Partido Socialista y la gaullista Unión por un Movimiento Popular no han logrado ponerse de acuerdo para impedir el triunfo del FN en las alcaldías donde quedó en primer o segundo lugar.

Estos resultados han hecho temer que la ultraderecha —un movimiento que no cree en la Unión Europea— pudiera tener resultados sin precedentes en las elecciones para renovar el Parlamento Europeo, en mayo próximo.

Reacciones populistas como ésta —o como la latinoamericana, de signo izquierdista, que muestra claramente sus limitaciones tres lustros después de su irrupción— ocurren cuando las instituciones democráticas se anquilosan y los partidos tradicionales olvidan que existen para hacer más llevadera la vida de los ciudadanos y ofrecerles una visión de futuro donde quepan todos.

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