Temporada de caza

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Pascal Beltrán del Río 12/03/2014 03:13
Temporada de caza

Con el retorno del PRI al poder, ha vuelto una de las tradiciones más arraigadas del sistema político mexicano: el linchamiento del expresidente.

Y no es que en un análisis objetivo de su sexenio saldría bien librado Felipe Calderón.

Sin duda, su decisión de emprender un combate a destajo contra la delincuencia organizada —con los resultados que eso produjo— y las evidencias de corrupción que comienzan a aparecer en torno de la gestión de algunos de sus colaboradores son hechos que manchan el balance de su Presidencia.

Pero aquí no se trata de confrontar a Calderón con los errores y limitaciones de su tiempo en Los Pinos sino de aprovechar la antipatía casi generalizada que suelen producir en México los políticos que representan el pasado.

En ese propósito convergen el PRI y el PRD —los enemigos naturales de Calderón— y las víctimas y resentidos que el expresidente dejó en su propio partido.

La elección para renovar la dirigencia nacional del PAN —cuyo periodo de campaña está a punto de arrancar— es lo que amalgama esa alianza.

Uno pensaría que dicha contienda está resuelta de antemano a favor de Gustavo Madero. Así lo he escrito en este espacio —y le tomo la apuesta a quien piense lo contrario—, pero, por lo visto, el chihuahuense no sólo quiere derrotar a Ernesto Cordero, el representante de lo que queda del calderonismo en Acción Nacional, sino que quiere noquearlo en cuanto suene la campana.

También he escrito que Madero es un político al que siempre subestiman sus rivales.

Le ganó la dirigencia del PAN al candidato que le puso enfrente el presidente Calderón. Sobrevivió al tsunami electoral que azotó al partido en julio de 2012. Se sobrepuso a los embates de los calderonistas en el Senado, que buscaron torpedear su apoyo al Pacto por México. Y removió a Cordero de la coordinación de los senadores blanquiazules, igual que hizo Calderón el sexenio anterior con Santiago Creel, un golpe de timón, aquél, que, irónicamente, lo benefició a él, a Madero.

En la construcción de su reelección —algo que la mayoría de los jefes nacionales panistas no ha conseguido—, Madero se fue rodeando de muchos de los heridos que Calderón fue dejando en el camino: Juan Molinar, Patricia Flores y Santiago Creel, entre otros… Y también consiguió sumar a su campaña a la estrella refulgente del panismo, el diputado queretano Ricardo Anaya.

A finales de noviembre, Madero estaba metido en una tormenta política, por la cancelación del Pacto por México —derivado de la molestia del PRD por la Reforma Energética— y los señalamientos contra la diputación federal panista por el supuesto cobro de comisiones a cambio de la asignación de partidas presupuestales.

Además, sus tres rivales en la contienda por la dirigencia, quienes lo pensaron débil, impulsaron una alianza en su contra, bautizada en los medios como Tucom (Todos Unidos contra Madero).

Pero a todas esas cosas sobrevivió —nuevamente— el jerarca panista. La alianza antimaderista quedó en un desteñido acuerdo de dos (Ernesto Cordero y Juan José Oliva), tras de la declaración de “neutralidad” que hizo Josefina Vázquez Mota.

Al ver actuar a Madero, en algo me he acordado de Francis Underwood, el protagonista de la aclamada serie televisiva House of Cards de Netflix.

Durante un capítulo de la segunda temporada de la serie, Underwood —un político provinciano que se expresa coloquialmente y con un acento que lo hace pasar por bondadoso y bien intencionado— se ve asediado por la prensa al salir de una audiencia ante un comité del Congreso estadunidense que investiga un donativo extranjero a un organismo para recaudar fondos.

El personaje se sigue de largo sin hacer declaraciones, pero voltea a ver a la cámara y, en el estilo despiadado que sólo le conocen los televidentes, alecciona: “Cuando los lobos quieren tu sangre, la única manera de quitártelos de encima es matando y lanzándoles carne fresca”.

Eso es precisamente lo que ha hecho Madero con Calderón: ofrecérselo a los lobos.

Aliado con el PRI en el Congreso —y llevando al PRD como grupo musical de acompañamiento—, el jefe nacional panista ha revivido el Pacto por México y ahora lo lanza contra el expresidente.

Con ello, gana Madero, porque, en las próximas semanas, cualquier cosa que recuerde a Calderón tendrá un fuerte olor a azufre. Y eso, desde luego, incluye a Cordero

Además, porque todo señalamiento de corrupción que se haya hecho en su contra —la foto en el avión de Oceanografía— o contra sus cercanos —las comisiones cobradas por diputados— quedarán sepultadas por las acusaciones contra el expresidente y los suyos.

Y, por supuesto, gana el PRI. Habilidosos como de costumbre, los priistas aseguran así que Madero continúe a su lado en los acuerdos legislativos —la deuda ya está contraída— y, de paso, que la factura final de esta temporada de caza la acabe pagando el PAN.

Es decir, es lo único que se interpone entre el PRI y la mayoría en la Cámara de Diputados, el objetivo que el partido tricolor se ha fijado para 2015.

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