INE: al diablo con la experiencia

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Pascal Beltrán del Río 04/03/2014 01:22
INE: al diablo con la experiencia

Si no ocurre una decisión en sentido opuesto de último minuto, hoy los cuatro consejeros restantes del IFE  podrían dar a conocer que no formarán parte del nuevo Instituto Nacional Electoral.

La decisión se iba a hacer pública el viernes 21 de febrero —tras de anunciarse la integración del Comité Técnico de Evaluación que elegirá a los candidatos a ocupar los once puestos de consejeros del INE—, pero, en una serie de llamadas telefónicas, los actuales consejeros fueron conminados a esperar unos días y no anunciar algo que no tuviera vuelta atrás.

El primero en comunicarse fue el consejero nacional panista Juan Molinar y luego el propio presidente del PAN, Gustavo Madero. Posteriormente, los consejeros recibieron exhortos del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y del jefe de la Oficina de la Presidencia de la República, Aurelio Nuño.

La permanencia de los actuales consejeros —Marco Baños, Lorenzo Córdova, María Marván y Benito Nacif— ha sido una posición enarbolada por el el PAN y bloqueada por el PRD (el PRI ha tenido una actitud ambivalente).

Desde diciembre pasado, cuando se aprobó en el Congreso de la Unión la reforma político-electoral y comenzó a rotarse entre los cuatro consejeros restantes la presidencia del IFE, los tres principales partidos políticos han discutido la pertinencia de que Baños, Córdova, Nacif y Marván sean parte del Consejo General del INE, que deberá nacer a más tardar el mes entrante.

La posibilidad de que esto ocurra ha sido obstaculizada por el PRD, que le ha hecho saber al PAN —el partido que más la ha defendido— que está de acuerdo siempre y cuando los cuatro consejeros actuales sean la cuota que le toque al panismo en el reparto de las once consejerías.

Es verdad que dos de los actuales consejeros —Marván y Nacif— fueron propuestos por el PAN —Baños lo fue por el PRI y Córdova por el PRD—, pero la postura del perredismo representa la inamovilidad del sistema de cuotas en la designación de la autoridad electoral, algo que ha dado al traste con la credibilidad del Instituto.

Hace rato que los actuales consejeros han decidido no prestarse a este circo. Desde diciembre dijeron que no concursarían por cargos que ya obtuvieron.

Sin duda sería deshonroso que personas ya designadas por la Cámara de Diputados —en un proceso aprobado por el Congreso de la Unión y las Legislaturas estatales—, tuvieran que comparecer ante un comité, que quién sabe qué méritos tiene, para ver si les dan la oportunidad de ser considerados para ser ratificados.

Eso no lo dirán hoy, por supuesto, los cuatro consejeros. Afirmarán que quieren ser facilitadores y no obstaculizadores del nacimiento del INE.

Sin embargo, es una vergüenza que haya partidos que, en aras de mantener un pernicioso sistema de cuotas, desechen su experiencia.

Baños y Nacif llevan más de seis años como miembros del Consejo General, y Córdova y Marván, más de dos años. Los cuatro se han comportado con mucha dignidad, incluso mayor a la que tuvieron en su tiempo algunos integrantes del legendario Consejo General encabezado por José Woldenberg.

Pero también hay razones prácticas para que se mantuvieran en sus cargos, que nadie les regaló.

Los tiempos de la próxima elección federal están encima. Para estas alturas —y sin considerar que la fecha de la elección se adelantó un mes en la reforma político electoral— ya tendrían que estar terminados y aprobados varios procesos que resultan indispensables para tener unos comicios inobjetables.

Mencionaré solamente tres:

El reseccionamiento. Antes de cada elección, el IFE tiene que rediseñar la geografía electoral, pues, por cambios demográficos, siempre hay secciones que se quedan fuera del rango que establece la ley. Hoy hay necesidad de crear unas 600 secciones nuevas y notificar de ello a los electores, pues necesitarán cambiar sus credenciales de elector.

La estrategia de capacitación. Su elaboración está vinculada al trabajo anterior, pues tiene que determinarse cuántas mesas directivas de casilla habrá. Y es necesario producir los materiales respectivos.

El reglamento de fiscalización. Lo debe expedir el Consejo General a propuesta de los partidos. De acuerdo con la reforma, tendrá que homogeneizarse la contabilidad, lo cual implica crear un sistema informático.

En estos tres temas el actual Consejo General ha avanzado, pero la ausencia de más de la mitad de sus integrantes ha impedido que se terminen.

Sin duda esos avances serán dejados como herencia al nuevo INE, pero, como siempre ocurre en México, los recién llegados no querrán saber nada de lo hecho en el antiguo régimen y seguramente comenzarán de nuevo.

Será un reto: el arranque del proceso electoral tendrá que adelantarse un mes, pues la reforma determinó que la fecha de los comicios sea en junio. Y, como habrá once consejeros en lugar de nueve, las discusiones en el Consejo serán más largas.

¿Se podrá hacer todo en cinco meses, sin sembrar la semilla de la desconfianza? Ya lo veremos.

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