Todo un océano de corrupción

COMPARTIR 
Pascal Beltrán del Río 03/03/2014 01:46
Todo un océano de corrupción

El embargo de Oceanografía, una empresa que generó ingresos millonarios con base en contratos que obtuvo por parte de Petróleos Mexicanos, muestra un catálogo de probables abusos y fraudes: trabajos inexistentes o mal realizados, facturas falsificadas, uso de información privilegiada en licitaciones, irregularidades en el otorgamiento de fianzas previstas en la normatividad en materia de contrataciones públicas…

Sin embargo, la verdadera historia es una que apunta a la corrupción empresarial y política.

¿Cómo logra Amado Yánez Osuna, dueño de Oceanografía, pasar del arrendamiento de una decena de barcos, en 2000, a cerca de 80 en un periodo de unos cuantos años?

La respuesta a esa pregunta no puede eludir la investigación de las relaciones que estableció con un grupo de funcionarios públicos durante los años en que el PAN tuvo la Presidencia de la República.

Durante sus primeros 61 años en la oposición, Acción Nacional hizo de la denuncia de la corrupción una de sus principales banderas.

Ahora que ha vuelto a la oposición, comienza a conocerse cómo muchos panistas hincaron el diente en el presupuesto público y utilizaron el poder para enriquecerse de manera desmedida.

¿Quién en el PAN puede hoy hacer la denuncia de lo que ocurrió durante los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón en materia de corrupción, y el deslinde del partido, si las redes de la deshonestidad tocan a los más encumbrados panistas?

Es demoledora la foto del jefe nacional panista Gustavo Madero a bordo de un avión de Oceanografía —en noviembre pasado, durante una gira por Ciudad del Carmen, la sede de esa empresa— que publicó el portal de Diario Maya y reprodujo Excélsior en su edición de ayer domingo.

Pero también son catastróficas para la imagen de Acción Nacional las acusaciones contra Mario Ávila Lizárraga, excandidato panista a la gubernatura de Campeche y aliado del senador Ernesto Cordero, quien, después de haber sido señalado como partícipe en el uso indebido del presupuesto de comunicación de la Lotería Nacional —que hizo caer al director de esa dependencia—, fue premiado con un puesto en Pemex desde donde presuntamente benefició a Oceanografía con el otorgamiento de contratos.

Tampoco ayuda al PAN que César Nava, su jefe nacional entre 2009 y 2010, haya sembrado a allegados suyos en el área jurídica de Pemex, que él mismo encabezó durante el foxismo, quienes se dedicaron a justificar todos los incumplimientos de contrato en los que incurrió Oceanografía.

Sin duda, se puede señalar a Yáñez Osuna como un junior ávido de enriquecerse rápidamente.

Así ha actuado, desde los años 90, cuando creó su primera firma, apoyado por el contratista Félix Cantú. Desde entonces, Amado Yáñez fue acusado de falsificar facturas y cobrar por trabajos no realizados.

Aprovechando la decisión de Adrián Lajous, director general de Pemex de 1994 a 1999, de descentralizar la toma de decisiones marítimas de la paraestatal y crear para ello un área específica en Ciudad del Carmen, Yáñez se fue a vivir a ese puerto campechano y comenzó a buscar contratos de arrendamiento de barcos de servicio.

Primero se hizo intermediario entre Pemex y la compañía naviera noruega Hvide. Pero cuando ésta fue comprada por la estadunidense Seabulk, en 2001, se tensó la relación. Extrañado por la falta de pago, un ejecutivo de Seabulk buscó al entonces director de Pemex Exploración y Producción (PEP), Luis Ramírez Corzo, para preguntar por qué le debe dinero la paraestatal a Oceanografía. Le respuesta fue categórica: “Nosotros ya le pagamos”.

Tras de romper con Seabulk, Yáñez se asocia con Otto Candies, una exitosa empresa naviera de Louisiana que trabaja con Exxon.

Basta revisar su página web para ver que tiene 20 barcos, por sólo hablar de los de bandera mexicana, registrados en Ciudad del Carmen. Algunos de esos navíos tienen nombres que comienzan con la palabra caballo, como el remolcador Caballo Pinto, pero otros fueron bautizados con el nombre de la esposa y las hijas del dueño de Oceanografía.

Yáñez construyó un imperio sin tener que invertir. Era un simple intermediario entre Pemex y las navieras. Es decir, rentaba los barcos en equis cantidad y los ponía al servicio a Pemex, contrato de por medio, en equis más ye.

Eso ya le permitía sostener una vida de lujos que incluía la compra de relojes y coches caros.

Después, pasaría a ordenar sus propios barcos, en astilleros de lugares tan lejanos como Holanda e Indonesia, para lo cual empezó a requerir créditos.

¿Pero quién daba los contratos a Oceanografía? ¿Y quién se los seguía dando a pesar de las denuncias de incumplimientos e irregularidades que enfrentaba el “líder en servicios petroleros en el Golfo”?

¿Cómo conseguía sus créditos?

¿Quién le dio, sin experiencia previa, un contrato para construir una carretera de 64 kilómetros de largo, en Puebla y Tlaxcala?

Sí, esta historia tiene que ver con un empresario descuidado, voraz e inescrupuloso, pero, igual que sucede en el caso del narcotraficante Joaquín El Chapo Guzmán, también tiene que ver con autoridades que le permitieron enriquecerse.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red