El Chapo y El Hummer

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Pascal Beltrán del Río 28/02/2014 01:30
El Chapo y El Hummer

Una tarde calurosa de abril de 2008, abrí la bandeja del correo electrónico dirigido a la Dirección Editorial de Excélsior y encontré un mail que me hizo alzar las cejas.

El mensaje estaba firmado por quien decía ser El Hummer, uno de los integrantes originales del grupo de Los Zetas. Debo decir que hasta el día de hoy no tengo prueba alguna de que el correo electrónico lo haya enviado esa persona.

El mail decía, en resumen, que la información del periódico trataba peor al cártel del Golfo que al del Pacífico y nos conminaba, con palabras altisonantes, a cambiar esa situación o atenernos a las consecuencias. El texto estaba salpicado de insultos para El Chapo Guzmán.

Informamos de inmediato a la Policía Federal de la llegada del mensaje. Un técnico del área de investigación cibernética revisó mi computadora y me dijo que se haría una pesquisa. Algunos días después nos dijeron que el correo había sido enviado de un café internet en Durango.

Nacido en Xolmón, un poblado indígena de la Huasteca potosina, Jaime González Durán, alias El Hummer, era entonces uno de los miembros más reconocidos de Los Zetas y, además, de los más violentos. Versiones periodísticas ligaban a este exmilitar con el asesinato en Reynosa del cantante Valentín Elizalde, el 25 de noviembre de 2006.

Ese año, El Hummer se había convertido en el mandamás de esa plaza fronteriza por parte del cártel del Golfo —con el que Los Zetas no habían roto aún—, luego de desplazar a Gregorio Sauceda Gamboa, Caramuela, un expolicía judicial que se había encumbrado en la organización delictiva luego de salvarle la vida al capo Osiel Cárdenas.

Revisé las notas que habíamos publicado sobre hechos relacionados con el crimen organizado y no percibí el sesgo del que habla el mensaje. Para nosotros nunca ha habido narcos “buenos”.

Me llamaba la atención que un grupo delictivo —si es que realmente El Hummer envió o encargó el envío del mensaje—se preocupara por lo que se decía de él en los medios.

Pero, después, el interrogatorio de un sicario detenido en Ciudad Juárez probaría que los delincuentes sí se preocupan por lo que se publica, pues confesó que cada vez que llevaban a cabo una ejecución, hacían una pinta en una barda blanca y llamaban a un canal de la televisión local para que acudiera a grabarla.

No volvimos a tener amenazas similares y el asunto, sobre el que escribo por primera vez, se olvidó. Siete meses después, El Hummer fue detenido en Reynosa por la Policía Federal.

Fuentes oficiales informaron que estaba relacionado con la desaparición de cuatro agentes, en 2007, así como con la liberación violenta de presos en los penales de Matamoros, en diciembre de 2002, y Apatzingán, en enero de 2004.

El día de su detención, el 7 de noviembre de 2008, en el fraccionamiento Las Quintas, sicarios de Los Zetas bloquearon avenidas en un intento de impedir que la Policía Federal se lo llevara a la Ciudad de México, cosa que finalmente ocurrió.

Para marzo de 2012, El Hummer ya acumulaba tres sentencias, por un total de 72 años de prisión, tras de ser encontrado culpable de delincuencia organizada, secuestro, acopio de armas y lavado de dinero. Hace más de seis años que está recluido en el penal federal de El Altiplano.

El sábado pasado, su archienemigo El Chapo Guzmán se unió a la constelación de delincuentes que son huéspedes de ese centro carcelario.

Aunque el contacto entre internos de El Altiplano está muy restringido, no será raro que El Chapo y El Hummer —ambos ya sentenciados— se crucen durante algún traslado de reos.

Sus respectivas organizaciones delictivas libraron y seguramente seguirán librando batallas de extrema violencia por el control de territorios y rutas de trasiego de drogas.

En 2008 no había motivos, ni los hay hoy, para pensar que alguno de esos dos grupos criminales hubiera hecho menos daño al país como para merecer mejor tratamiento por parte de los medios de comunicación o de las autoridades.

Una y otra han sido responsables de miles de muertes. Discutir si los métodos coercitivos del cártel del Pacífico son menos brutales que los de Los Zetas, o si el giro de los negocios ilegales de uno de esos grupos es menos pernicioso que el del otro, es algo verdaderamente absurdo.

Desde el sábado pasado hay quienes han expresado preocupaciones en el sentido de que El Chapo Guzmán pudiera repetir en El Altiplano el escape que realizó en Puente Grande en 2001.

No olvidemos que El Hummer, especialista en sacar de prisión a otros criminales y a quien sus sicarios casi rescatan de su detención en Reynosa, lleva todo un sexenio confinado en esa prisión.

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