El hoyo negro de Donceles

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Pascal Beltrán del Río 27/02/2014 01:57
El hoyo negro de Donceles

Los viajes ilustran. Para quien dude de la vigencia de este lugar común, nada mejor que la incontestable explicación que al respecto da una autoridad en la materia: Manuel Granados, presidente de la Comisión de Gobierno de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

“Los viajes se justifican, sin duda, porque se han hecho a nivel internacional, como lo publica hoy su medio, y tiene que ver con esquemas muy claros de intercambio de experiencias, intercambio de mejores prácticas. Así hemos logrado la construcción de leyes. No son viajes personales sino de trabajo”, (Excélsior, 26 de febrero).

De esta forma, Granados respondió a la información de mi compañera reportera Jessica Castillejos acerca de los 23 viajes que ha realizado una veintena de asambleístas de la VI Legislatura a Estados Unidos, Brasil, Colombia, Perú, Rusia, Inglaterra, Francia, Uruguay y Chile, así como a otras ciudades mexicanas, con un cargo al contribuyente cercano a los dos millones de pesos.

Para decirlo en sus palabras: lo que los diputados locales gastaron en su primer año de actividades en “intercambio de experiencias” equivale a diez veces lo que erogó en ese mismo rubro la IV Legislatura, que sólo registró en tres años cuatro viajes, dos a Estados Unidos y dos a Suiza.  Y la V Legislatura al parecer no necesitó recurrir a estos “esquemas muy claros” para mejorar sus prácticas, pues no registraron ningún periplo, y si lo hubo, no lo pagó el erario.

Así que, tomando en cuenta este antecedente, es completamente válido que los capitalinos sí tengamos razonables dudas acerca de la justificación de estos viajes. Sobre todo, porque en varios de ellos no está claro el motivo.

Por ejemplo, diez asambleístas se trasladaron a Colombia para asistir a un foro de intercambio de experiencias en materia de seguridad y justicia, y se entiende perfectamente la presencia de siete integrantes de la Comisión de Seguridad Pública de la ALDF. Pero los tres restantes no pertenecen a esta instancia. ¿A cuento de qué se les invitó y se les pagó su estancia allá? ¿Y cuáles son las iniciativas que están procesando como fruto de tan enriquecedor intercambio?

El propio Granados está obligado a explicar en qué propuestas legislativas para la ciudad se traducirá el viaje que realizó, con otros cuatro diputados locales, a Alemania para celebrar el 20 aniversario del hermanamiento entre la Ciudad de México y Berlín, lo que significó a los capitalinos un gasto de 381 mil 520 pesos.

Según declaró, la visita sirvió de experiencia en temas de sustentabilidad y pronto presentará iniciativas relacionadas con tratamiento de residuos sólidos y agua. A reserva de conocer estas propuestas legislativas y juzgarlas en su momento, ¿no sería pertinente que ofreciera una explicación técnica que abundara en el porqué Alemania es referente para la Ciudad de México en esa materia, y de esa forma evitar que se piense que sólo se trató de turismo parlamentario?

El enfático “así hemos logrado la construcción de leyes” de Granados tampoco está soportado en  datos duros sobre productividad. Tal como publicó Excélsior el 5 de febrero, la ALDF sólo aprobó en su primer año de trabajo el 18% de las iniciativas presentadas. Y cómo iba a ser, si una parte de sus integrantes se la pasó literalmente en el avión y otra en la defensa del petróleo, como bien se esmeró en hacer notar la asambleísta Ariadna Montiel en los anuncios espectaculares con los que tapizó la ciudad.

Los viajes ilustran, pero aún no sabemos para qué. Y no lo sabemos porque no hay forma de comprobar su beneficio en concreto. No forman parte de los informes que los asambleístas tan pomposamente presumen en su propaganda callejera, la cual, dicho sea de paso, difícilmente se paga con los 100 mil pesos que tiene cada uno de ellos para dar cuenta de sus labores.

Quizá no haya peor ejemplo de utilización de los recursos públicos que el que en este momento representa el Palacio de Donceles, un auténtico hoyo negro donde, valga la paradoja, lo único que brilla es la opacidad, en el que se dilapidan los recursos de los capitalinos mientras los diputados locales pierden el tiempo en iniciativas como la de la mariguana que poco tienen que ver con los problemas más apremiantes de la metrópoli. 

Ése sí es un mal viaje.

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