Norteados en occidente

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Pascal Beltrán del Río 11/02/2014 00:55
Norteados en occidente

Si el año pasado el gobierno federal decidió jugar buena parte de su capital político a la aprobación de las reformas estructurales —dejando de lado, deliberadamente, el tema de la seguridad pública, que tanto obsesionó al gobierno anterior—, este año el reto es resolver el embrollo de Michoacán.

No cabe duda que el presidente Enrique Peña Nieto ganó su apuesta en 2013. Sin importar que las reformas aún carezcan de leyes secundarias y probablemente no haya entrado un dólar de inversión gracias a ellas, la comunidad financiera internacional ya puso una estrella en la frente de México, con la elevación de su calificación crediticia.

Quien haya dudado de que Peña Nieto y su equipo pudieran sacar adelante las reformas tendría que morder un grano de sal antes de vaticinar que la estrategia en Michoacán fallará.

Pero sí es posible advertir algunos problemas en la puesta en marcha del plan para recuperar la seguridad en ese estado.

De entrada, yo veo dos:

El primero: desconocimiento del terreno. En la negociación de las reformas, el gobierno sabía con quién trataba. No diré que el toma y daca fue sencillo, pero los incentivos de las fuerzas opositoras en el Pacto por México estuvieron desde un principio sobre la mesa.

El gobierno tenía que lograr lo más posible, pero sin desconocer la ambición de las dirigencias del PRD y el PAN de sacar algo que las hiciera ver bien ante su electorado, pero, sobre todo, ante sus bases, donde campea(ba) la rebelión.

En el caso de Michoacán, tal parece que el gobierno ha caído en un terreno desconocido. El PRI fue expulsado por diez años del Palacio de Gobierno de Morelia —y dos sexenios de Los Pinos—, tiempo suficiente para que se diera un recambio en la correlación de fuerzas en Michoacán.

De por sí, la política michoacana nunca se ha jugado igual que la del resto del país —ni siquiera en los tiempos del autoritarismo—, y la alternancia cambió los factores de poder y la criminalidad desatada en el estado alteró los incentivos.

Así, el gobierno federal ha trabajado una alianza con un grupo heterogéneo —las autodefensas— cuya composición parece una mezcla de ciudadanos resentidos con la delincuencia y sus prácticas, y criminales de distinto cuño a los que tenían subyugada la entidad.

Puede ser fortuita la reunión de Alfredo Castillo, el comisionado para Michoacán, con un personaje apresado por delincuencia organizada en 2009 —Juan José Farías, El Abuelo—, pero el incidente del miércoles 5 en Tepalcatepec dejó claro que el funcionario no acudió bien preparado al encuentro con habitantes de ese lugar.

¿Por qué lo digo? Porque este Farías es hermano de Uriel, el factor real de poder en el municipio. El exalcalde Uriel Farías fue apresado en el michoacanazo de mayo de 2009, pero retuvo el control de la demarcación mientras estuvo detenido, pues el Congreso del estado designó a su esposa, Ana Villalobos, como interina.

Los hermanos Farías Álvarez son responsables de que el alcalde legítimo de Tepalcatepec, Guillermo Valencia, no pueda despachar en el municipio. Lo repudian por su supuesta afiliación con Los Caballeros Templarios, pero Valencia no está detenido y ha pedido que la PGR lo investigue. Su expulsión del municipio —y la de sus familiares— parece obedecer, más bien, a que le ganó las elecciones de 2011 al candidato de los Farías.

Una ficha informativa hubiera impedido que Castillo y El Abuelo se encontraran en público, y que esto desatara una cobertura periodística que ha ido más allá de los límites de la realidad.

Una buena coordinación apoyada con información de inteligencia, llevaría a la Comisión a elegir correctamente a sus interlocutores en este movimiento peligrosamente gelatinoso.

El segundo problema: desacuerdos en la cumbre. Durante la negociación de las reformas, el gobierno federal actuó de manera compacta. Cada funcionario sabía lo que tenía que hacer en las negociaciones y ninguno perdió el rumbo.

Incluso cuando surgieron las acusaciones de favoritismo electoral en Veracruz el año pasado, el gobierno federal cerró filas en torno de la secretaria Rosario Robles y logró la continuidad del Pacto con la firma del Adéndum.

En cambio, este fin de semana, aparecieron desavenencias en torno de Michoacán.

Interrogado sobre el encuentro del comisionado Castillo y El Abuelo, el procurador Jesús Murillo Karam afirmó: “Alguna razón debe haber habido y no necesariamente una mala razón; puede ser incluso una buena razón”.

Mientras, Castillo explicaba —en diferentes entrevistas— que la reunión había sido fortuita; que él se encontraba reunido con ganaderos y agricultores y se movió a otro sitio “para ver un tema de seguridad”.

Ese otro sitio fue una bodega, donde había autodefensas y periodistas. Ahí fue, dijo Castillo, donde se le acercó Juan José Farías.

Si eso no refleja desacuerdo, sí habla de una grave falta de comunicación en el gabinete.

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