Vestidos para matar

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Pascal Beltrán del Río 31/01/2014 01:48
Vestidos para matar

La industria de la moda parece haber desarrollado un verdadero furor por los maniquís.

Luego de dos décadas de estar casi extintos en los aparadores, los maniquíes están de regreso.

Las tiendas llegaron a considerarlos onerosos e inútiles. Incluso algunas que continuaron usándolos adoptaron modelos sin cabeza ni brazos, que resultaban hasta cinco veces más baratos.

Pero nuevos estudios de mercado muestran que los maniquíes influyen fuertemente en la decisión de los compradores, apenas por debajo de los amigos y familiares.

Y así, medio siglo después de que la modelo británica Twiggy inspirara el primer maniquí de fabricación masiva, aparece este nuevo furor.

La consigna es que los maniquís, mientras más realistas, mejor. Y por eso ahora los hay con tatuajes, dimensiones más reales e incluso pelo púbico, como los de la tienda American Apparel en la calle East Houston de Nueva York.

Ayer por la tarde, surfeando en la red para tratar de entender de dónde venía este nuevo amor por la fibra de vidrio con forma humana, me topé con una nota fechada en San Diego, California, que tenía que ver con otro tipo de maniquí.

“Patrulla fronteriza enseña a niños a dispararle a migrantes”, decía la cabeza de la información en el portal Uniradionoticias.com.

En ella, el director de la organización Comité de Servicios de Amigos de las Américas en la Frontera, Pedro Ríos, denunciaba que agentes de la Patrulla Fronteriza estadunidense “entrenan a niños y jóvenes entregándoles armas de paintball (gotcha) para que le disparen a maniquís con aspecto de migrantes, pegados al bordo fronterizo”.

La nota estaba acompañada de fotografías en las que un joven de aspecto latino dispara contra una figura vestida con una playera amarilla y pantalón de mezclilla raídos, a pocos metros de la característica barda de acero que divide a México y a Estados Unidos, muy cerca del río Tijuana.

“Lo usan como blanco para practicar, lo ponen ahí para que menores de edad también le disparen”, declaró Ríos, quien ubicó los hechos “a unos 100 pasos de la avenida Virginia, donde personas han muerto por impactos de bala disparados por la misma Patrulla Fronteriza”.

En días recientes se han incrementado las denuncias por agresiones de ese cuerpo policiaco contra migrantes en la misma zona.

Apenas el 13 de enero pasado, un agente de la Patrulla Fronteriza golpeó a un trabajador indocumentado en Temécula, California —una población al norte de San Diego—, mientras otra persona, vestida de civil, le sostenía las piernas. Antes, el migrante había sido sometido mediante una descarga eléctrica y estaba tendido boca abajo en el suelo.

La agresión fue grabada por un hombre que conducía una camioneta en la que iban el trabajador agredido y su hermano. Tras de ser detenido el vehículo por la Patrulla Fronteriza para realizar una inspección, éstos emprendieron la fuga, pero uno de ellos fue alcanzado por un disparo de pistola paralizante.

Cuando se difundió el video por televisión, agentes de la Patrulla Fronteriza se presentaron en la casa del conductor, en Escondido, y le confiscaron el celular con el que había grabado la agresión. Posteriormente, fue detenido por una supuesta violación de su libertad condicional. Todo, explicó él en una llamada a una televisora local, sin orden de aprehensión ni de cateo.

Ahora, menos de tres semanas después, aparecen estas imágenes, de agentes de la Policía Fronteriza enseñando a niños y jóvenes a disparar contra migrantes. ¿Qué otra cosa puede representar el monigote de la ropa raída? ¿Se puede pedir más realismo?

Rifles de gotcha y maniquís, símbolos de dos grandes pasatiempos de la sociedad estadunidense: disparar armas e ir de shopping.

Imágenes desconcertantes que nos llegan tres semanas antes de que aterrice en México el presidente Barack Obama, quien seguramente recordará, en Toluca, que él ya le pidió a demócratas y republicanos en el Congreso de su país que aprueben una reforma migratoria este año.

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