Vientos de genocidio

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Pascal Beltrán del Río 21/01/2014 01:16
Vientos de genocidio

Este año se cumplirán dos décadas de la guerra de exterminio en Ruanda, que costó la vida a entre 500 mil y un millón de personas.

En la vecina República Democrática del Congo se estima que han sido asesinadas 5.4 millones de personas durante los conflictos armados que ha vivido ese país desde 1998.

En ambos casos, la comunidad internacional reaccionó poco y tardíamente para frenar actos de genocidio pese a haber sido documentados de forma oportuna por medios informativos y organizaciones no gubernamentales.

Desde diciembre pasado, un diferendo político en Sudán del Sur ha derivado en un enfrentamiento bélico que ya ha causado la muerte de centenares de personas y cerca de 400 mil refugiados.

Sudán del Sur es el país de más reciente creación en el mundo. Declaró su independencia en julio de 2011 luego de separarse de Sudán como resultado de un referéndum.

El antiguo Sudán vivió dos guerras civiles, en las que murieron más de dos millones de personas. Las diferencias étnicas y culturales entre el norte y el sur se resolvieron mediante un acuerdo de paz en 2005, que terminó con la celebración del referéndum.

En marzo de 2012 visité Sudán del Sur y encontré un país que intentaba poner los cimientos de su vida independiente. La abundancia de recursos naturales —petróleo, entre ellos—, tierras fértiles y agua generaba una esperanza de viabilidad para esta nación de entre ocho y diez millones de habitantes, pese a ser una de las más pobres del mundo.

Sin embargo, en el fondo subsistían conflictos étnicos y una indefinición de los límites con Sudán, que ameritaron la presencia de una fuerza de paz de la ONU.

El más grave de estos problemas, en el momento de la independencia era la tensión entre los grupos Nuer y Murle, en el oriente del país, que estalló en matanzas de uno y otro lado a fines de 2011 y principios de 2012 y ante las cuales las fuerzas de la ONU y las autoridades no actuaron.

El verano pasado, la organización internacional Genocide Watch puso a Sudán del Sur en el nivel siete, de ocho, en su escala de genocidios.

La organización urgió al Consejo de Seguridad de la ONU a fortalecer la misión de paz en Sudán del Sur. A las autoridades de ese país las llamó a desarmar a las milicias y propiciar un diálogo entre los grupos étnicos en conflicto.

En julio pasado, un conflicto político en la coalición de gobierno de Sudán del Sur agravó la de por sí delicada situación humanitaria del país.

El presidente del país, Salva Kiir Mayardit, despidió a su vicepresidente, Riek Machar, quien había anunciado que contendería por la Presidencia en las elecciones de 2015.

Ambos políticos pelearon en la guerra civil contra el gobierno sudanés bajo el liderazgo de John Garang, quien falleció en un accidente de helicóptero poco después de que la guerrilla y el gobierno firmaron los acuerdos de paz en 2005. Kiir y Machar emergieron como los sucesores del liderazgo de Garang. El primero es miembro de la etnia Dinka —igual que Garang—, mientras que el segundo es del grupo Nuer.

El 16 de diciembre pasado, Kiir acusó al destituido vicepresidente Machar de estar detrás de un intento de golpe de Estado. La tensión condujo a combates en la capital, Yuba, y otras partes del país.

Por lo menos diez funcionarios del gobierno fueron detenidos, incluyendo seis ministros.

El aeropuerto de Yuba está cerrado desde hace una semana. La telefonía celular también ha dejado de funcionar. La embajada de Estados Unidos lanzó un llamado a sus ciudadanos a abandonar el país.

El conflicto armado ha puesto, frente a frente, a los grupos étnicos Dinka y Nuer, con el consecuente riesgo de genocidio, dados los antecedentes de rivalidad existentes entre ambos grupos.

El viernes 17, secretario general adjunto de la ONU para los Derechos Humanos, el croata Ivan Šimonovi, alertó sobre el rumbo que está tomando el conflicto.

“Lo que comenzó como una crisis política ahora tiene dimensiones interétnicas, con atrocidades masivas cometidas por las partes”, aseveró.

El pasado fin de semana los dos grupos pelearon por el control de Bor, una batalla en la que soldados ugandeses habrían apoyado a las fuerzas gubernamentales contra los rebeldes. Ayer, la BBC transmitió imágenes escalofriantes de esa ciudad, donde fue destruido el mercado y varios pacientes de un hospital fueron ejecutados en sus camas.

Cada guerra civil es distinta, pero la de Sudán del Sur tiene ingredientes similares a la de Ruanda, como dos grupos étnicos que luchan por el control del gobierno del país mediante la exclusión del otro, así como la intervención de otras naciones.

Esperemos que la comunidad internacional y las organizaciones multilaterales estén conscientes del riesgo de dejar a su suerte a los civiles que quedan atrapados en luchas interétnicas generadas por grupos políticos que azuzan el odio racial.

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