Dominar el futuro (2)
PARÍS. Asesor principal del entonces presidente de Francia François Mitterrand por una década, Jacques Attali sostiene que el mundo actual se está gastando crecientemente la herencia de generaciones futuras. En 1992, el día que la Tierra sobrepasaba su producción y ...
PARÍS.— Asesor principal del entonces presidente de Francia François Mitterrand por una década, Jacques Attali sostiene que el mundo actual se está gastando crecientemente la herencia de generaciones futuras.
En 1992, el día que la Tierra sobrepasaba su producción y comenzaba a vivir de prestado fue el 21 de octubre, de acuerdo con la organización Global Footprint Network. En 2013, fue el 22 de agosto.
En el libro que publica junto con el presidente israelí Shimon Peres —y que se comenzó a reseñar ayer en este mismo espacio—, Attali dice que hace falta una economía “nueva y positiva” para permitir al hombre salir de este ciclo depredatorio.
En los nueve capítulos que aporta de su pluma a Con nosotros, después de nosotros. Dominar el futuro, Attali revisa las grandes temáticas que influencian el curso de la humanidad, entre ellas la conquista del espacio, el cambio climático, los conflictos armados y los alzamientos populares.
Como ejemplo de la ruleta rusa que juega la humanidad con su entorno, afirma que una quinta parte de la acumulación de gases invernadero tiene que ver con la deforestación.
“Cada año, de 1999 a 2008, las tierras de cultivo aumentaron 48 mil kilómetros cuadrados en 128 países tropicales”, alerta. “Entre 2000 y 2010 se perdieron 5.2 millones de kilómetros cuadrados de bosques, sobre todo en África y Sudamérica”.
Los anteriores sólo son dos ejemplos de lo que Attali llama “la dictadura del cortoplacismo”.
El economista propone repensar la forma en que se mide el desempeño económico. Una nueva ética, dice, abriría el camino a una nueva definición del valor y una aproximación distinta a la propiedad.
Junto con la alteración suicida del medio ambiente, Attali advierte sobre una nueva escalada armamentista, esta vez entre China y Estados Unidos.
El primer país, afirma, ha incrementado sus gastos militares en 12% al año desde 2002. “A ese ritmo, será el país con el presupuesto militar más grande del mundo, por arriba de Estados Unidos”.
Pero no sólo es el dinero sino el tipo de armamento el que preocupa a Attali. “Las guerras del futuro tendrán un aspecto robótico (…) Robots que serán configurados con órdenes condicionales como ‘matar a todo individuo que tenga un arma’ o ‘neutralizar un inmueble’. Las cuestiones éticas de esto son tan enormes que felizmente militares y civiles ya están debatiendo su uso”.
Igual que Shimon Peres, coautor con él de Dominar el futuro —libro de aparición reciente en Francia—, Attali cree que los efectos negativos de la globalización deben ser domados con un reforzamiento del derecho internacional.
“La humanidad necesita instaurar un Estado de derecho mundial para evitar su destrucción por las guerras y otras formas de conflicto”, escribe.
Al analizar los acontecimientos de la Primavera Árabe, el ex presidente y fundador del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo retoma la experiencia de la Europa oriental post Muro de Berlín para pasar de la dictadura a la democracia:
“Instaurar un Estado de derecho fundado sobre una constitución; promover partidos políticos y una prensa libre; sostener al Estado reorganizándolo de manera eficaz y quitándole misiones heredadas del pasado dictatorial; atraer inversiones extranjeras, y esbozar una visión de país para los siguientes 20 años.”
Y si bien no deja de señalar todos los hechos y tendencias que le parecen preocupantes de cara al futuro, Attali cree que la democracia tiene una oportunidad de salir adelante como forma de organización social y política.
“Las democracias imperfectas son más prometedoras que las autocracias porque pueden mejorarse con el tiempo”, sostiene, en referencia con los hechos derivados de la Primavera Árabe.
Entre otras cosas, agrega, porque “las democracias árabes engendrarán una forma más moderada de islam al integrar a los musulmanes militantes a un proceso participativo, mientras que las autocracias y la represión alentaban una versión más radicalizada”.
Como ocurre con las aportaciones de Peres, los capítulos escritos por Attali terminan con un manifiesto a favor del optimismo:
“Los pesimistas crónicos rara vez remontan la adversidad. De Cristóbal Colón a Charles Lindbergh, toda la historia de la ciencia, de los descubrimientos y de la técnica atestiguan el poder del optimismo ciego. Los individuos acostumbrados a la idea de que son inteligentes aprenden mejor de sus errores que aquellos que se dicen impotentes.”
