El procurador tranquilo
Jesús Murillo Karam no es un político que reclame reflectores. Su actuación como presidente de la Cámara de Diputados, durante el primer periodo de sesiones de la actual Legislatura, lo catapultó a las primeras planas de los periódicos y le dio espacios estelares en ...
Jesús Murillo Karam no es un político que reclame reflectores.
Su actuación como presidente de la Cámara de Diputados, durante el primer periodo de sesiones de la actual Legislatura, lo catapultó a las primeras planas de los periódicos y le dio espacios estelares en los noticiarios de televisión, así como buenos comentarios de propios y extraños.
Sin embargo, tan pronto se encontró en el despacho del procurador general de la República, en Paseo de la Reforma, Murillo evitó el contacto directo con los medios y con frecuencia ha delegado en sus subalternos la labor de informar.
La excepción ha sido la explosión de la torre B2 del complejo administrativo de Petróleos Mexicanos, cuando encabezó las conferencias de prensa, como responsable de la investigación.
No fue fácil convencerlo de sentarse a platicar con Excélsior para evaluar el primer año de su gestión en la PGR. No sé si el procurador es tímido o excesivamente discreto, pero cuando me dice, al final de la entrevista, “creo que hablé demasiado y eso no me gusta”, suena franco.
Justo antes de que el PRI perdiera la Presidencia de la República en 2000, Murillo fue subsecretario de Seguridad Pública de la Secretaría de Gobernación. Su regreso a funciones de combate a la delincuencia, tras dos sexenios de gobiernos panistas, le permite opinar sobre el vuelco que dio la inseguridad durante dicho intervalo.
No quiere hacerlo desde la crítica de lo que se hizo mal o se dejó de hacer en las administraciones anteriores. “No me gustaría hablar de lo que falló, me gustaría hablar de lo que se pudo componer”, afirma durante la entrevista, que usted puede leer en estas páginas.
No obstante, el repaso de la reestructuración de la PGR, un proyecto al que Murillo dedica el mayor de su tiempo y esfuerzo, lleva implícito un diagnóstico. Y no salen bien librados los gobiernos anteriores, particularmente el de Felipe Calderón.
Por ejemplo, cuando compara la estrategia actual en Michoacán con la anterior:
“Entrar de una manera brutal, en una decisión inmediata, sin estrategia, lo único que genera es más violencia. Si queremos establecer la paz, lo que tenemos que hacer es actuar con mucha seguridad, con mucha certeza.”
O cuando habla sobre el uso del arraigo:
“El arraigo se exageró en (su duración de) 80 días y en su uso. Hay tres centros de arraigo en México y hoy ni siquiera uno está a la mitad. Se usa hoy sólo cuando el valor protegido es superior al valor de la presunción de inocencia.”
O cuando explica qué papel debe tener hoy la Procuraduría, desplazada por las policías como eje de la seguridad en los gobiernos panistas:
“Una característica de la nueva administración es que la Procuraduría no se usa para efectos políticos sino para reprimir el crimen y tratar de consignar a los culpables e incluso para determinar quiénes son inocentes.”
O en su descripción de cómo está fortaleciéndose, calladamente, la capacidad de investigación de la PGR:
“El problema de la Procuraduría en el pasado es que no tenía mayores instrumentos para poder consignar (…) La flagrancia no puede ser el único instrumento con el que se resuelva la criminalidad.”
El problema de Murillo, para salir airoso en ese contraste, es el reloj. La pista del sexenio se va acortando y la percepción de la seguridad pública no ha mostrado aún un despegue.
Sin embargo, el procurador asume la tarea con tranquilidad. Está convencido de que se tienen que poner los cimientos para dar resultados.
Dice que ya se perciben los primeros destellos de la nueva estrategia. Si esto es así, se verá pronto. Si no, no habrá manera de ocultarlo.
Apuntes al margen
Apréndase la palabra china Juédìngxìng (decisivo), pues la escuchará mucho. Es la descripción del papel que Pekín quiere darle al capital en la modernización del país, según el resolutivo del tercer pleno del Comité Central del Partido Comunista de China.
Y aunque los mercados no tomaron muy bien la agenda de reformas anunciada por el régimen que preside Xi Jinping, la decisión de “mostrar las ventajas del sistema político socialista de China” se toma en momentos en los que se debilita la imagen del llamado “líder del mundo libre”: el presidente estadunidense Barack Obama ya tiene el mismo nivel de desaprobación que tenía su antecesor.
Y hablando de revoluciones del siglo pasado, la Revolución Mexicana ya no marcha. Mientras los gobiernos panistas dieron muchas vueltas a qué hacer con el tradicional desfile deportivo, la Familia Revolucionaria recién vuelta al poder lo paró de un plumazo. Ni siquiera se consideró, reveló antenoche el secretario de Gobernación.
