Google contra el imperio
El domingo 8 de septiembre, la cadena brasileña TV Globo dio a conocer que entre los documentos internos de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos filtrados por Edward Snowden estaba una presentación que explicaba cómo se había suplantado a Google para ...
El domingo 8 de septiembre, la cadena brasileña TV Globo dio a conocer que entre los documentos internos de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos filtrados por Edward Snowden estaba una presentación que explicaba cómo se había suplantado a Google para desviar el tráfico de ciertos usuarios e interceptar la información desencriptada con la ayuda de un certificado de seguridad falso.
La complicada maniobra técnica había obedecido al creciente uso, por parte de las empresas tecnológicas, del protocolo de seguridad SSL, adoptado –en el caso de Google– a raíz de que China intentó hackear cuentas de Gmail en 2009.
El lunes pasado, en una entrevista para The Wall Street Journal, el presidente de Google, Eric Schmidt, llamó “escandaloso” el hecho de que la NSA se hubiera metido en los centros de datos de la empresa por la puerta trasera.
-¿Cuánta información pudo recolectar de esa manera la NSA? –le pregunto a Rachel Whetstone, vicepresidenta ejecutiva de Google para Políticas Públicas y Comunicaciones, de visita en México–.
-No lo sabemos, porque la filtración no lo precisa. Sin embargo, es importante decir que esto ocurrió sin nuestro conocimiento y aprovechando que no habíamos terminado el proceso de encripción de todos nuestros bancos de datos.
-¿Pero la información de sus usuarios, en estos momentos, está segura?
-Completamente. Déjeme explicarle: la única forma en que pudieron penetrar nuestros sistemas fue por las ventanas, permítame decirlo así, que no habíamos alcanzado a reforzar. Su logro fue saber exactamente por cuáles meterse.
Platico con Whetstone en una cafetería de Palmas, durante una pausa de la cumbre de medios latinoamericanos y ejecutivos de empresas de la industria de tecnología, convocada por Google para discutir las oportunidades que ofrece internet en mercados emergentes.
-¿Cuál ha sido su relación con el gobierno de Estados Unidos en materia de seguridad?
-Le hemos dado información sólo cuando un juez la solicita. Hace cinco años lo llevamos ante una corte cuando pretendió que le entregáramos una gran cantidad de datos. Y ganamos el caso.
Calzada con tenis Converse blancos de botín, Whetstone es la personificación de la imagen relajada que busca proyectar Google, especialmente en estos momentos en que la crisis del espionaje ha colocado a las tecnológicas bajo un reflector mundial.
-¿Qué daño hace esto a la industria?
-Un daño muy grande, porque somos empresas que cultivamos la confianza del usuario. Pero ha provocado un daño mayor a Estados Unidos, en su imagen ante el mundo, y no estoy segura de que su gobierno lo perciba.
Antes de unirse a Google en 2005, Whetstone trabajó como consultora política en su natal Gran Bretaña. La prensa local la considera una de las personas más cercanas al primer ministro David Cameron.
-Además de denunciar públicamente y en términos muy duros la intromisión de la NSA, ¿qué más están haciendo?
-Creemos que hace falta legislar. Estamos hablando con la industria para hacer un frente común y llevar esto al Capitolio. El congresista James Sensenbrenner (republicano, autor de la Ley Patriota) ha mostrado mucho interés.
-¿Qué implicaciones tiene este escándalo para la gobernanza del internet?
-Hay dos tendencias en este caso, y creo que ambas son negativas: la idea de crear espacios paralelos inconexos en la red; y que Naciones Unidas se haga cargo de ella.
-¿Por qué serían negativas?
-Porque se perdería esa libertad de internet que ha sido tan buena para la difusión de las ideas y el periodismo. Y porque dejar la red en manos de la ONU es ceder en exclusiva a los gobiernos lo que hoy en día es un manejo tripartita: gobiernos, empresas y sociedad civil.
-¿Qué se necesita entonces?
-Que más países se involucren en la gobernanza de internet, que hoy en día está demasiado en manos de Estados Unidos. Y delimitar claramente lo que un gobierno puede pedir a empresas que manejan datos.
Apuntes al margen
No hay acuerdo sobre la reforma energética me dijo anoche un asistente asiduo a la mesa del Pacto por México. La nota de The Wall Street Journal confundió pláticas incidentales con la columna vertebral de la negociación. “En el Pacto, la norma es que nada está acordado hasta que se acuerda. Y éste no es el caso”.
La intensidad negociadora del Pacto se concentra en la reforma político-electoral, no en la energética. Son muchos temas y el tiempo se vino encima. Lo que no se logre antes del 20 de noviembre, no prosperará o tendrá que dejarse para después.
La consecuencia del fallo de la Suprema Corte sobre el caso Caro Quintero es doble: el tribunal colegiado tendrá que elaborar un nuevo proyecto de sentencia, donde acepte que el juez federal que juzgó al narcotraficante sí era competente para saber del caso… y pronunciarse sobre su inocencia o culpabilidad. Ya nada de irse por las ramas y a deshoras.
