Matamoros y el átomo

La ciencia se preguntó durante largo tiempo si el átomo, la unidad básica de la materia, era divisible. Pasaron 130 años entre la sugerencia de Dalton de que todo lo que nos rodeaba tenía como base el átomo –cuya raíz griega significa, justamente, indivisible– y ...

La ciencia se preguntó durante largo tiempo si el átomo, la unidad básica de la materia, era divisible.

Pasaron 130 años entre la sugerencia de Dalton de que todo lo que nos rodeaba tenía como base el átomo –cuya raíz griega significa, justamente, indivisible– y la fisión nuclear de Fermi.

Con semejante tenacidad experimental, sucesivos gobiernos mexicanos buscan descubrir hasta dónde se puede partir un cártel.

La conclusión, hasta ahora, es que puede dividirse en fragmentos muy pequeños. Lo que no se sabe, sin embargo, es qué sucede con las partículas. ¿Se disuelven en el ambiente o son sometidas por las fuerzas de seguridad? ¿O tienden al caos y provocan una violencia igual o mayor a la de sus organizaciones progenitoras?

Dudo que alguien pueda contestar esa pregunta con total certeza. Hay varios ejemplos de fragmentación de los cárteles, provocada no sólo por la estrategia gubernamental de descabezamiento de las mafias sino también por sus luchas internas.

Sin embargo, ninguno como el que ha vuelto a manifestarse esta semana en el noreste del país.

La lucha por el control de Matamoros se remonta a 1996. En enero de ese año fue detenido Juan García Ábrego, quien había heredado de su tío Juan Nepomuceno Guerra el control del grupo delictivo que años después sería conocido como cártel del Golfo (CDG).

Conocido en Matamoros como Don Juan, Guerra había entrado en el mundo de la delincuencia como traficante de whisky durante los años de la Prohibición. En su bar Piedras Negras atendía tanto a sus socios como a personas que llegaban en busca de algún favor.

Tras caer García Ábrego y ser deportado a Estados Unidos, se abrió abruptamente una lucha por la sucesión en la cúpula del cártel. Tres hombres creyeron tener los méritos para liderarlo: Osiel Cárdenas Guillén, Salvador Gómez Herrera y Hugo Baldomero Medina. Los dos primeros se aliaron contra el tercero, quien, después de un atentado fallido, optó por replegarse y seguir en el negocio solo.

Posteriormente, al surgir diferencias entre El Chava Gómez y Osiel, éste ordenó la ejecución de aquél y sus colaboradores, y se quedó al frente de la organización. Era junio de 1998.

Clave en la operación de Osiel contra sus rivales internos fue Arturo Guzmán Decenas, fundador de Los Zetas. Formado por militares desertores, este grupo vendía protección en la frontera tamaulipeca, hasta que se asociaron con el cártel del Golfo.

Juntos, Los Zetas y el CDG crearon una fuerza temible en toda la costa del Golfo, mediante una alianza que sobrevivió a la muerte de Guzmán Decenas y su reemplazo por parte de Heriberto Lazcano, pero comenzó a resquebrajarse tras de la detención de Osiel en 2003 y su extradición a EU en 2005.

Igual que sucedió con la caída de García Ábrego, la sucesión en el CDG fue disputada por tres personajes: Ezequiel Cárdenas Guillén, Tony Tormenta; Samuel Flores Borrego, El Metro 3, y Jorge Eduardo Costilla, El Coss.

En enero de 2010, los dos últimos mandaron asesinar a uno de los subalternos de Los Zetas, conocido como El Concord 3, lo cual desató una guerra abierta entre ambas organizaciones.

Luego, en noviembre, Tony Tormenta fue abatido por marinos en Matamoros. Y en septiembre de 2011 fue asesinado El Metro 3, en Reynosa. Ambos hechos fueron atribuidos a El Coss, quien a su vez sería detenido un año después.

Buena parte de esta historia de fragmentación se conoce por las declaraciones, en una Corte de Texas, de Rafael Cárdenas Vela, sobrino de Osiel. El Junior, como se le conoce, fue detenido en la isla del Padre por una infracción de tránsito, en octubre de 2011, y acabó testificando contra los dos hombres de confianza de El Coss en la plaza de Matamoros.

Cárdenas Vela relató a los fiscales estadunidenses cómo él y Armando Ramírez Treviño, El Pelón, investigaron el asesinato de El Metro 3, y dieron con la pista de El Coss.

Tras la detención de éste, en septiembre de 2012, El Pelón trató de controlar los fragmentos del CDG. Ganó Reynosa en una sangrienta batalla contra Miguel El Gringo Villarreal, y arrebató Monterrey y Tampico a lo que quedaba de Los Zetas, pero al final no pudo colocar su yugo sobre la región. Hombre sanguinario, ex escolta de Osiel y ex colaborador de Los Zetas, cayó él mismo preso en agosto pasado, durante un operativo militar en Río Bravo.

Lo que vemos hoy en Matamoros es un capítulo más de la desintegración de lo que alguna vez fue una poderosa organización delincuencial.

Ante la actual disputa por controlar el lugar de nacimiento del cártel del Golfo, no queda claro si con provocar que los cárteles se fragmenten o con dejar que eso ocurra, regrese un día la paz a las calles de México.

Igual que ocurrió con el átomo, la división de los cárteles puede tener unas consecuencias insospechadas.

Una de dos: o la estrategia de descabezamiento de los grupos delictivos no ha terminado aún o ésta no es la vía para el abatimiento de la violencia.

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