Espionaje: ¿Qué hacer ante las nuevas revelaciones?
El conocimiento público sobre el espionaje estadunidense de los últimos años en México y el resto del mundo no deja de crecer. A finales de junio pasado se supo, mediante una nota del diario británico The Guardian, que la embajada mexicana en Washington había sido ...
El conocimiento público sobre el espionaje estadunidense de los últimos años en México y el resto del mundo no deja de crecer.
A finales de junio pasado se supo, mediante una nota del diario británico The Guardian, que la embajada mexicana en Washington había sido blanco de escuchas el sexenio pasado.
Una fuente diplomática que consulté por aquellos días me confirmó que el entonces embajador Arturo Sarukhán solía invitar a sus interlocutores a salir de su despacho cuando se trataba de hablar de asuntos delicados, pues ya sospechaba que le habían sembrado micrófonos.
Días después, en julio, Excélsior dio a conocer que el gobierno del presidente Felipe Calderón había accedido a una petición del Departamento de Estado para instalar equipo de espionaje en territorio nacional, proporcionado por la empresa Verint, para interceptar, analizar y almacenar comunicaciones telefónicas y de internet.
Las acciones de espionaje fueron pactadas por los gobiernos de México y Estados Unidos en febrero de 2007, en el marco de la cooperación antidrogas entre los dos países, que meses después sería formalizada como Iniciativa Mérida. El programa para interceptar comunicaciones incluso fue ampliado en 2012 sin que a la fecha se conozcan públicamente sus objetivos.
Posteriormente, a principios de septiembre pasado, la cadena brasileña TV Globo reveló, con base en documentos filtrados por el analista Edward Snowden, que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos había espiado a Enrique Peña Nieto y a nueve de sus más cercanos colaboradores, durante la campaña presidencial de 2012.
Las revelaciones en Brasil también incluyeron acciones de espionaje contra funcionarios de ese país, lo cual provocó una encendida protesta en la tribuna de la Asamblea General de la ONU por parte de la presidenta Dilma Rousseff, quien además canceló por ese motivo una visita de Estado a Estados Unidos.
El día de ayer, el semanario alemán Der Spiegel fue más allá. Con base en los mismos documentos dados a conocer por Snowden, el medio hizo público que la NSA había penetrado con éxito en la red de internet de la Presidencia de la República el sexenio pasado, y que había infiltrado la cuenta de correo del propio presidente Felipe Calderón.
Asimismo, confirmó las acciones de espionaje contra Peña Nieto y sus colaboradores, al tiempo que precisó la magnitud de las intercepciones: conoció el contenido de más de 85 mil mensajes de texto.
De ser auténticos los documentos que dio a conocer Der Spiegel el día de ayer —y no hay razones para dudar de ello—, indigna la petulancia de la NSA, que se jacta de haber logrado acceder a un privilegiado punto de observación del “sistema político de México y su estabilidad interna”, mediante el espionaje sistemático a “comunicaciones diplomáticas, económicas y del liderazgo del país”.
La reacción del gobierno mexicano ante el tema del espionaje estadunidense es ya claramente insuficiente. Bastante grave es la revelación de que se interceptaron las llamadas de un candidato presidencial —que a la postre resultó ganador de los comicios de julio de 2012— como para agregar a ello la infiltración de la red de internet de la Presidencia.
Mediante el canciller José Antonio Meade, el gobierno mexicano ha dicho que exigió a Washington una investigación de las acusaciones. Lo dijo Meade en su comparecencia de la semana pasada en el Senado y lo repitió en la entrevista que le hice el mismo día en Excélsior Televisión.
Lo que ya no puede hacer el gobierno de México es esperar a que Estados Unidos concluya dicha pesquisa al ritmo que le convenga. Debe exigir resultados ya, y probablemente retirar a su embajador ante la Casa Blanca hasta que éstos se hagan públicos, o alguna otra medida drástica que haga patente la seriedad del enojo ante la intromisión.
Sería un error pecar de ingenuos. La embajada de Estados Unidos es un frente de los intereses comerciales —y económicos, en general, de ese país—; las acciones de espionaje no sólo son una afrenta política y diplomática, sino, como bien apuntó ayer la cadena RT (previamente conocida como Russia Today), seguramente dieron a Washington una ventaja competitiva en materia de inversiones.
En el conjunto de comunicaciones espiadas por la NSA, ¿qué pudo saberse en Estados Unidos? ¿Sólo la vida privada del Presidente y el candidato o datos claves de seguridad nacional que nos hagan vulnerables a todos?
