Punto ciego

Son esos espacios que no incluimos en nuestra historia, esas imágenes que deseamos diluir.

Los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego.

                Proverbio Árabe

Los puntos ciegos son esas partes de nuestra vida que no vemos o no queremos ver. Son esos espacios que no incluimos en nuestra historia, son esas imágenes que deseamos diluir o diluimos y son también, todas esas cosas que nos negamos a aceptar, pero que ahí están… y ahí seguirán hasta que no tengamos el valor de identificarlas e integrarlas a nuestra vida y, por supuesto, a nuestra identidad.

Nuestra identidad y quiénes somos, son esos rasgos que nos definen frente a los demás y nos diferencian. Son la suma de todo lo que hemos vivido, lo que vivimos y lo que estamos por vivir. La identidad es, también, la conciencia que tenemos de nosotros mismos, de lo que somos y de lo que aspiramos a ser. La identidad es el basamento sobre el que se construye nuestra libertad de ser y estar en el mundo de forma auténtica.

Pero se olvida… Se olvida cada vez que uno mismo se esmera en querer eliminar retazos de su vida, cada vez que se procura frente a sí y frente a los demás como un producto precariamente seleccionado de lo que ha vivido, de lo que vive y de lo que desea vivir; se olvida, cada vez que se niegan los episodios negativos, los eventos difíciles… cada vez que no se valoran y se disfrutan los buenos momentos, cada vez que se insiste en elegir de nuestra vida sólo lo que queremos mostrar a los demás, viviendo hacia la galería y mostrando sólo partes recortadas y en una línea discontinua de lo que se es.

Y así viven, descontinuados, repletos de puntos ciegos, pretendiendo hilar sus episodios de realidad con su mundo de ficción. Usted los ha visto y yo también, seres que no tienen claro el porqué y el cómo están como están, como si la vida les hubiese llevado al momento actual así… a ciegas. Lo cierto es que han sido ellos mismos quienes se han negado y se niegan a integrar a su vida aquellas cosas que les permiten entender quiénes son, porque son como son y porque están dónde están.

Es sorprendente ver como cada día más personas practican el punto ciego y la discontinuidad, porque no gusta, no se quiere y no se admite ni lo que se ha tenido que vivir, ni las elecciones que se han tomado. Increíble porque cada situación que se nos presenta buena o mala, es únicamente una oportunidad más para mejorar, para definirnos, integrarnos, sentirnos, pensarnos y seguir eligiendo para ser más libres, más felices y más auténticos.

Pero se teme a la autenticidad, a la continuidad y a las historias de fracaso. Se teme a no alcanzar el éxito que los demás dictan, a ser diferente, a tener y vivir experiencias distintas, y a elegir libremente. Se teme a venir de donde se viene, e ir hacia un lugar más allá de las mayorías. Se teme y se olvida a fin de ser lo más cercano al común denominador o bien a creer que se es más que la media. Todo esto a través de una absurda hipótesis creada con historias entrecortadas y repletas de falsedades. Y podrá ser que se les crea y podrá ser también que triunfen en su exhibición, pero al final no son más que seres fallidos, amedrentados y ciegos ante sí mismos. Ciegos ante lo que pudieron llegar a ser y hacer de su vida. Créame… Todo lo que hemos vivido nos pertenece y debemos integrarlo, no hacia nadie más sino hacia uno mismo, porque en esa integración se encuentra el valor de lo que somos y nuestra evolución. Como siempre usted elige.

¡Felices integraciones, felices evoluciones!

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