De suertes

Para los racionalistas no existe y para los supersticiosos lo es todo.

La suerte no se puede almacenar. Romy Schneider

La suerte es un factor inexplicable. Para los racionalistas la suerte no existe, para los supersticiosos lo es todo y para los más espirituales posiblemente sea sólo cuestión de fe… Ante la suerte se hacen estadísticas, se calculan probabilidades, se asignan los más adecuados amuletos y nada suele resultar exitoso, ni siquiera para aquellos que prometen buen comportamiento. Lo cierto es que creer en la suerte o no, tampoco daña a nadie… cada quien puede explicarnos su experiencia y toda experiencia es válida.

La suerte es sólo el encadenamiento de sucesos que se consideran fortuitos o casuales, circunstancia de ser por mera casualidad favorable o adverso a alguien o a algo que sucede, la suerte es también la casualidad a la que se le fía la resolución de algo. La suerte es, a fin de cuentas, sólo… casualidad. O no… quizá resulte más acertado pensar que es causalidad de algo, ya que la suerte puede ser también sólo el resultado de una predisposición, de una tendencia personal hacia una línea de pensamiento, hacia una tenaz actitud, hacia una causa particular y no cualquier causa… la suerte también puede ser el resultado de la predisposición inconsciente o consciente que se tenga hacia la vida y lo que en ella se quiera vivir.

La suerte, vista así, no sería entonces ni buena ni mala como se cree, como se siente, la suerte sería sólo eso que la describe, un encadenamiento de sucesos a consideración muy particular y subjetiva. Se lo digo porque la buena suerte de algunos puede ser la mala suerte de otros y viceversa… pero nos empeñamos en juzgar a la suerte cuando en realidad se juzgan vidas como si la suerte fuera el factor desencadenante de lo bueno, de lo malo, de todo y de todos, como si el destino operase a discreción sin que mediase voluntad humana de por medio.

Habrá que tener en cuenta que en la vida de todos nosotros ocurren cosas buenas y no tan buenas… y siempre según se vivan, pero nadie tiene derecho a juzgarlas como buena o mala suerte, ni siquiera nosotros mismos… habrá que visualizarlo y valorarlo bien, ya que pensar así es irresponsabilizarse ante la vida, es nulificar el poder de cada una de nuestras decisiones, es abandonarse en la espera, es creer que no se es más que un ser viviente al que la vida le hace un favor. Y los favores se cobran caros cuando no hay criterio ante el valor y el potencial de uno mismo. Por eso siempre será mejor mirar a la suerte como una creación personal producto de nuestra predisposición ante la vida y lo que de ella queremos para nosotros y para “suerte” de los demás.

Por eso siempre será mejor pensar qué hay detrás de cada suceso bueno o no tan bueno y preguntarnos qué hemos hecho bien, qué mal, qué debimos evitar, qué no y qué pudimos mejorar, y muy importante, qué podemos hacer hoy que nos haga mejores y nos permita ganar en el terreno del aprendizaje y la experiencia. No hay distingos… porque el éxito también se debe cuestionar para mantenerlo y hacerlo evolucionar a mayores. Por eso… porque vaya bien o vaya mal, la vida es vida y merece las mismas preguntas y reflexiones, se corra la suerte que se corra, porque finalmente es vida, nuestra vida, y sólo así podremos disfrutarla sabiendo y sintiendo que realmente nos pertenece, y que nuestro poder de persuasión resulta más catalizador que el propio destino y su casualidad. Como siempre, usted elige si lo que pasa en su vida es suyo o sólo es cuestión de suerte…

¡Felices preguntas, felices reflexiones!

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