'¡Cállate, Satanás!'
Ya no hay dioses, hay enfermedades”. La sentencia se atribuye a Carl Gustav Jung, y con ella pretendía señalar el momento histórico en que dejábamos de creer en los designios divinos, paradójicamente incluida la perversidad del demonio, para empezar a saber que la ...
Ya no hay dioses, hay enfermedades”. La sentencia se atribuye a Carl Gustav Jung, y con ella pretendía señalar el momento histórico en que dejábamos de creer en los designios divinos, paradójicamente incluida la perversidad del demonio, para empezar a saber que la tragedia radicaba en nuestra naturaleza. Jung, por supuesto, creía en la maldad lo bastante como para reñir con Freud cuando le imprimió cierto toque metafísico a su creencia, y aun así estaba seguro –médico, siquiatra y sicoanalista al fin– de que el mal y el bien no eran más que elección y responsabilidad humanas.
La nota de The New York Times (23/04/18, Jason Horowitz) reseña la Conferencia Anual de Exorcismo en Roma, llamada este año Exorcismos y Oraciones de Liberación. La nota de Horowitz nos dice que el evento era para 300 católicos, la mayoría de ellos sacerdotes, quienes por un costo de 372 dólares más 309 de la traducción simultánea, podrían actualizar su conocimiento de la demonología y las destrezas para expulsar a Satanás de los poseídos. ¿El instructor? El cardenal Ernesto Simoni, albano de 89 años, quien propone ser estricto –¡no es para menos!– al decir cosas como “cállate, Satanás”. Imparte el curso la Universidad Pontificia Regina Apostolorum, administrada por los Legionarios de Cristo. Nos dicen los participantes que la maldad repunta y que la Iglesia ha ido mal bajo el mandato del papa Francisco, por lo que el fin de los tiempos se acerca. ¿El secreto para exorcizar? “Rece sin parar”. Al fin, alguien pregunta si puede saberse la diferencia entre posesión y trastorno bipolar. El cardenal está de acuerdo en la importancia del punto, y sin decirnos cómo, recomienda “reconocer a Satanás”.
Con la bendición de Simoni, vámonos a la nota de La Jornada (6/05/18, Sanjuana Martínez). La pelota está en la cancha del Papa, afirman tres de las víctimas de pederastia por parte del sacerdote chileno Fernando Karadima, conocido como El Marcial Maciel de Chile. Los tres fueron invitados por el papa Francisco a hospedarse en el Vaticano con el fin de pedirles perdón. No lo concederán, afirman, mientras no se den las transformaciones necesarias en la iglesia para evitar el abuso sexual que han cometido y cometen los sacerdotes. En principio, Francisco protegió a Karadima, jerarca católico chileno. Más adelante ha rectificado tras el resultado de la investigación que ordenó. De regreso al Vaticano y a la Conferencia, uno de los asistentes, joven presbítero colombiano, advierte, dando cuenta de lo aprendido: “Los demonios entran al cuerpo a través de la parte posterior del cerebro, los traumas tempranos, como el abuso sexual, pueden hacer a una persona vulnerable a la homosexualidad y a los demonios”.
La Conferencia Anual de Exorcismo es administrada por la legión del pederasta Marcial Maciel, y en ella se enseña que el abuso sexual nos hace vulnerables a la homosexualidad y a los demonios. Así, las tres víctimas del pederasta Karadima podrían hallarse poseídos como consecuencia de haber sufrido abuso. De tal forma que, poseídos como podrían estar, su perdón se vuelve irrelevante, y se hace necesario practicarles un exorcismo para sacarles al chamuco consecutivo al atropello sexual. Maciel y Karadima abusaban de los niños. Con ello los hicieron vulnerables a los demonios, ¿ahora debe ser la propia Iglesia, la de los abusadores, la que los exorcice? ¿Misterio divino? Tal vez, como habrá de serlo también de dónde llegó la homosexualidad a la Conferencia. Ser homosexual, eso parece claro para el Vaticano –misterioso, pero claro–, parece consecutivo al abuso y potencialmente indicativo de posesión diabólica. Francisco. por un lado, pidiendo perdón; su Iglesia por el otro, comandada por ilustres pederastas inductores de homosexualidad y posesión, administrando la formación de exorcistas de a (casi) 700 dólares para remediar el daño. Satanás –considero yo– se queda corto.
