El dilema de la cristiandad
La llegada del cardenal Bergoglio, el papa Francisco, al liderazgo de la Iglesia católica generó expectativas de cambio en el entendimiento y el ejercicio de la religiosidad, que al día de hoy parecen escasamente satisfechas. El hombre de Dios parece tener la necesaria ...
La llegada del cardenal Bergoglio, el papa Francisco, al liderazgo de la Iglesia católica generó expectativas de cambio en el entendimiento y el ejercicio de la religiosidad, que al día de hoy parecen escasamente satisfechas. El hombre de Dios parece tener la necesaria disposición de pensamiento y espíritu para impulsar tal cambio, pero no le resulta fácil enfrentar los intereses de la facción conservadora de su Iglesia. Posturas inicialmente alentadoras, como la que manifestó con respecto de la homosexualidad, el matrimonio y la familia, fueron seguidas de una reserva que a nada dice no, pero tampoco promueve nada.
Fuentes allegadas a Francisco revelan que, en estos días de conmemoración de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, se ha intensificado el debate acerca del celibato sacerdotal, tal vez por la relación que se ha hecho entre ese voto, indispensable hasta hoy para ser clérigo, y los frecuentes abusos sexuales de mujeres y niños por parte de sacerdotes católicos, documentados en diversos países cuya población practica el catolicismo (Rodrigo Vera, Proceso, 10/04/17). La práctica del celibato religioso tiene por lo menos 25 siglos y proviene del hinduismo, que más tarde Siddharta Gautama transformaría en budismo. Ambos cultos exigen sacerdotes célibes. Curioso, aún si muchos de los principios y buena parte de los libros sagrados de la cristiandad proceden de la religión judía, esta última jamás propuso ni practicó el celibato entre los rabinos. Lo mismo ocurre con otro de los cultos más difundidos: el islamismo. Si bien la religión católica arranca con Jesucristo y los evangelios, durante el primer medio siglo de nuestra era sus clérigos no eran célibes y se vuelve complicado establecer la época y las razones doctrinarias que hasta hoy han vuelto precepto el que los sacerdotes renuncien a la vida en pareja y familia. Algunos historiadores consideran que la doctrina del celibato sacerdotal data del II Concilio de Letrán, celebrado en el año 1139. Otros le consideran un origen mucho más viejo e identifican referentes doctrinarios desde el siglo IV. Tales antecedentes no prohibían todavía que los hombres casados pudieran profesar los votos.
Entre tantas otras crisis, el catolicismo debe enfrentar la de las vocaciones, que está condicionando un número cada vez menor de clérigos, responsables en último término de la impartición de los sacramentos, fundamento del culto. Los sacerdotes que promueven la abolición del celibato han trabajado en ello durante las últimas cuatro décadas, mediante la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Católicos Casados y, para el caso de los casi cuatro mil mexicanos, de su organización afiliada a la Federación, denominada Ministere. El número de sacerdotes casados que ejercen como tales es cada vez mayor, como lo es también el predicamento de el Vaticano, imposibilitado por razones prácticas para prohibirlo y castigar a los transgresores, que se estiman en más de cien mil en todo el mundo. Asimismo, la Iglesia católica ha debido recurrir al nombramiento de diáconos, es decir, de seglares casados que auxilian a los sacerdotes en su labor religiosa, autorizándolos para escuchar confesiones, impartir absoluciones y catequizar. Lejos todavía de abolir el celibato, el papa Francisco no oculta su simpatía por la causa.
Dos ideas rondan esta información, una doctrinaria, la otra científica. Cristo predicó una doctrina en la que se llega a Dios por vía del amor al otro. Su expresión más acabada, indispensable, el amor de pareja, esencial como es para el desarrollo humano, no debiera ser prohibido por culto alguno. La neurociencia enseña que las operaciones cerebrales más evolucionadas y más demandantes son las que se ponen en juego para el establecimiento de vínculos amorosos de pareja. Felices pascuas a quienes practican la religión del amor.
