Sólo para artistas viejos
La vida es un avanzar conectando neuronas para compensar su muerte.
El País (18-10-15) reseña la celebración, como cada año, de la Frieze Arts Fair, en el Regent’s Park en Londres. Considerada la feria de arte con mayor audacia y glamour en el mundo, este año nos ofrece un dato que encierra las más diversas reflexiones: expone la pintora cubana Carmen Herrera, que recién consiguió vender su primera obra, ¡a los 89 años de edad! La artista dice que los 60 años previos los dedicó a ser feliz pintando para ella misma, sin ganar un centavo, encontrando vulgar a la fama y entendiendo que ella le parecía insignificante a la fama. Su arte ha sido catalogado como “extremadamente sencillo”, y ella por su parte aspira a pintar un cuadro que se reduzca a un punto; así de “minimalista”.
¿Qué tan viejo se puede seguir haciendo arte?, o propuesto de modo diferente, ¿la juventud es una especie de requisito para la aptitud artística? Dato estimativo: al cumplir 80 años, las personas hemos perdido aproximadamente 65% de nuestra dotación neuronal original y debemos adaptarnos y funcionar con apenas las células cerebrales restantes. ¿Qué hace el cerebro? Algo sencillo, pero impresionante si se entiende a fondo: interconexiones. Menos células con un número casi infinito de conexiones entre ellas.
La vida, pues, es un avanzar conectando neuronas para compensar su muerte (y retrasar la nuestra). Con ello se pierden habilidades “práxicas”, es decir, destrezas específicas ejecutadas con rapidez y precisión; nos ponemos torpes. A cambio, se adquieren destrezas asociativas, y en ello mientras más viejo sea uno, mejor. Yo no recomiendo a mis coetáneos visitar museos con personas menores de 40, ni compartirles libros o propuestas filosóficas, pues entienden rápido, pero nunca saben qué entienden. ¿Viejos y artistas?
Comienzo con Nicanor Parra, excelso poeta chileno que sigue escribiendo con belleza, claridad y profundidad a sus 101 años. Ha dispuesto su epitafio, en el que se describe como “un embutido de ángel y bestia”. Habré dicho aquí mismo tanto del nicaragüense Ernesto Cardenal, que apenas les recuerdo sus 90 y su “…pero a ti, nadie va a amarte como te amaba yo”. Las canciones de Leonard Cohen siguen fluyendo como si no tuviera 81, y tras recibir el Princesa de Asturias, celebró sus 80 con la producción de un álbum impresionante: Popular Problems, con un poema hermoso: Almost like de blues; ¿cómo saber si canta o recita con ese vozarrón?: “it was acid, it was tragic, it was almost like the blues” (¡gugueléese!). José Saramago murió a los 88: su primera novela exitosa apareció cuando el escritor portugués tenía 58, y la vida le alcanzó para el Nobel.
Toda proporción guardada, ahí siguen Ignacio López Tarso (90) y Clint Eastwood (85). Salvador Dalí murió a los 85, pintando todavía, y Joan Miró a los 90, sin deberle absolutamente nada a la plástica. ¿Qué los hizo distintos de tantos ancianos a los 50? Habrá de ser esa especie de energía imprecisa, ¿gratuita?, combinada con una dosis gigantesca de sensibilidad estética capaz de generar siempre versiones distintas de cada experiencia. “Amor al arte” tiene que ser el “lugar común” más popular en nuestro idioma y, sin embargo, no existe otro par de palabras que lo expresen mejor.
Tengo que apuntar también a la capacidad de reflexión; imposible vivir sólo con, de y para otras personas, sin esos viajes (con o sin chubi) a la recóndita profundidad de cada quien, por mal librado que pudiera uno salir. ¿Y la esperanza de vida en este siglo?, ¿los años de que disponemos? Los japoneses, con todo y explosiones atómicas son los líderes con 85 años, seguidos de Andorra, Australia, Suiza, Italia y Singapur con 83, más atrás van Islandia, Canadá, Noruega y Suecia con 82. En México podemos aspirar a vivir 76 apenas (¡79 las mujeres, 73 los hombres!). Más allá de que contemos con menos tiempo, espanta, claro, que haya tantos connacionales que ni con esos 76 sepan qué hacer. De una cosa estoy seguro: la cultura es territorio de los viejos como no habrá de serlo ninguna otra actividad humana, quien lo pase por alto y no trabaje en esa dirección se condena a sentarse en un sillón a verse los pies, echándole la culpa a la que tiene que ser su mejor recurso: la edad. ¡Ah!, y todas mis fuentes sostienen que amar a una mujer resulta absolutamente indispensable. No puede haber arte sin eso.
Twitter: @obenassinif
