#MeToo

• Como sociedad debemos seguir avanzando en la línea de eliminar esa cultura machista.

Por Santiago García Álvarez 

Esta semana fue muy sonado el caso de Armando Vega Gil, compositor de Botellita de Jerez. #MeTooMúsicosMexicanos publicó un testimonio anónimo sobre él, donde se le señalaba por acoso sexual.

Poco después, el músico decidió quitarse la vida, haciendo ver que era su única salida, a pesar de ser inocente, ante una situación que se volvería sumamente complicada para su credibilidad y prestigio.

Ignoro si es culpable o no o si dicho testimonio responde a la verdad, pero el tema ha dado mucho de qué hablar. Las acusaciones anónimas pueden destapar temas que han sido escondidos, pero también pueden cargarse injustamente la reputación de una persona.

En cualquier caso, como sociedad, debemos seguir avanzando en la línea de eliminar esa cultura machista que tanto daño nos ha hecho, así como de la tristemente extendida práctica de acoso sexual tan presente en ámbitos laborales, familiares o sociales.

Por otra parte, recordemos los casos de pederastia que, especialmente en la última década, se han dado a conocer.

Esta terrible práctica es más común de lo que se pensaba.

Tristemente, numerosas personas —en distintos ámbitos— han cometido este crimen.

Algunos han sido exhibidos, otros sancionados y muchos más han permanecido en el anonimato.

Culturalmente, ha habido avance, insuficiente, en señalar esta problemática, atenderla y sancionarla.

Al mismo tiempo, habría que analizar un fenómeno paralelo que se ha extendido, donde personas concretas e industrias completas operan con base en el escándalo, la extorsión y la información falsa.

Es sabido que las demandas en materia de acoso sexual o pederastia pueden generan mucho dinero.

Hay quien se puede aprovechar de testimonios falsos, o parcialmente ciertos, para generar un beneficio sumamente rentable a costa de la reputación de otra persona, a veces inocente, y otras quizá menos culpable de lo que el consciente colectivo ha llegado a juzgar.

Ninguna fe de erratas o corrección posterior será proporcional al daño hecho a una persona que no era culpable y que fue presentada como tal.

Hemos avanzado en la lucha contra el acoso sexual. Ahora hay mayor conciencia por el tema.

Afortunadamente, es menos probable que estos hechos queden en lo oscuro y en la impunidad.

Al mismo tiempo, tendríamos que avanzar en una cultura donde las denuncias encuentren sustento en hechos verdaderos, donde haya menos manipulación de gente con intereses o instituciones depredadoras con fines distintos a hacer justicia o enaltecer la verdad.

La lucha en favor de la dignidad de la mujer no sólo tiene que seguir, sino que también debe fortalecerse.

No hay que dejar de pelear la batalla contra el machismo que ha prevalecido en muchos momentos históricos de México.

Es fundamental también seguir avanzando en la protección de los niños.

Al mismo tiempo, tenemos que conquistar una cultura apegada a la verdad y separada de los intereses económicos, evitando agendas torcidas, intereses mediáticos o afectaciones injustas a personas o instituciones.

En el fondo, tendría que prevalecer una cultura basada en la verdad.

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